Comunicado de EUROPA LAICA sobre le hiyab en la escuela

Comunicado sobre la aceptación o no de que las alumnas de familias islámicas lleven el hiyab en los centros educativos españoles sostenidos con fondos públicos.

Con respecto al caso de Fátima, que ha estado en la primera plana de todos los medios de comunicación durante largos días, se ha pedido repetidamente, desde dentro y desde fuera de nuestra asociación, que «Europa Laica» emita un comunicado manifestando su posición. Pues bien, desde la noción de laicidad que defendemos y que se refleja en nuestra carta programática, el caso de Fátima, como todos los que van a sucederse en avalancha a partir de ahora, carece por completo de solución satisfactoria…

Quienes afirman tajantemente que «debe quitarse el hiyab» para que se le permita la entrada en un centro público, porque eso es un signo de sumisión de la mujer que atenta contra su dignidad, es anticonstitucional y se trata, además, de una manifestación religiosa inaceptable en una escuela laica, tienen, desde luego, razón. Sólo que esa razón se olvida de más de la mitad de la realidad:

Lo que el sistema educativo sostenido con fondos públicos ofrece es, por una parte, una serie de centros privados concertados, en su inmensa mayoría católicos, con un ideario católico, que selecciona al profesorado en función de su sumisión a la Iglesia y donde, por lo tanto, los niños son adoctrinados en esa religión incluso en clase de matemáticas. Allí, sin embargo, el «aconfesional» Estado español envía en primera instancia a una niña musulmana.

Por otra parte, en los centros públicos, donde la niña es enviada en segunda instancia, encontramos un panorama no mucho más alentador. Gracias a nuestro Concordato, a veces un seglar -o una seglar- nombrado por el obispo (en los institutos, donde el sueldo es más alto, frecuentemente un cura con sotana o con alzacuellos o una monja con «hiyab») es miembro de pleno derecho del Claustro, con todas las consecuencias de adoctrinamiento y de proselitismo activo que ello implica hacia la totalidad del alumnado. Por lo demás, muchos centros públicos tienen capilla y aulas presididas por iconos católicos. Allí se criminaliza en vídeos infames y manipuladores a las mujeres que abortan dentro de los supuestos reconocidos en nuestra legislación, se vilipendia a las madres solteras, a los matrimonios civiles, a los divorciados, a los homosexuales, a las parejas de hecho, a quienes usan preservativo… A cualquiera, en suma, que no comparta la moral de la Iglesia Católica. Y ello, al parecer, no atenta contra la dignidad de la mujer, ni contra la dignidad humana, ni contra la Constitución. De manera que, coherentemente con esa escuela «laica», se exige al padre de Fátima que quite el hiyab a su hija.

Como la exigencia que en una auténtica escuela laica sería del todo razonable se revela insostenible (salvo que se quiera crear el agravio comparativo que conduce al enfrentamiento de culturas y religiones) en nuestro sistema educativo actual, surgen voces desde la izquierda progresista pidiendo tajantemente que se respeten las creencias y la cultura de los inmigrantes, sin entrar en matices.

Se trate de inmigrantes o de oriundos, ¿no sería necesario desligar lo que son creencias personales y cultura de las relaciones de poder y de sumisión que se adhieren a ellas y/o las conforman? Ocurre que desde la izquierda progresista, pese a que ya empiezan a oírse ciertas declaraciones valientes que nuestra asociación no ha dejado de felicitar, el laicismo, el desenvolvimiento pleno de la libertad de conciencia, se aborda todavía de manera muy tímida, limitado a revisiones y a retoques. Con afirmaciones absolutas de este tipo, que dejan al individuo a merced de su «tribu» (etnia, confesión religiosa, etc.), sin poner como frontera clara los derechos humanos, ¿por qué no permitir también el Chador, que sólo descubre el rostro y las manos de la mujer, y, puestos en ello, por qué no el burka, que es una jaula ambulante de tela recia con una ranura para los ojos? Si no establecemos delimitaciones claras y válidas para todos, ¿con qué criterio se frenarán mañana las mutilaciones sexuales o la lapidación de una inmigrante adúltera de origen nigeriano? Al fin y al cabo, omitiendo un análisis serio que distinga lo cultural y lo político, éstas son también manifestaciones de la «diversidad».

La asociación «Europa Laica» sólo ruega a quienes sostienen de manera tajante que «Fátima debe quitarse el velo» o que «Fátima debe ir al instituto con velo» una mirada franca y directa a nuestra realidad. Sólo un espacio público común a todos (y, como lugar privilegiado, la escuela laica depositaria de la cultura universal) puede plantearnos la exigencia a cada uno de nosotros de encontrarnos con nuestros semejantes como ciudadanos libres e iguales, capaces de reservar sus creencias personales y sus particularidades de identidad cultural para espacios privados.

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