Complejidad y contradicciones de las relaciones entre los grupos islamistas: el caso de Siria

Resumen
Con una realidad cambiante en Oriente Medio, el régimen sirio se encuentra en una difícil coyuntura. De caer el régimen y viendo la tendencia en otros países, el islam político podría jugar un papel clave en la formación del nuevo gobierno, lo que podría reconfigurar las otrora complejas relaciones entre los grupos islamistas de la zona. Este artículo profundiza en las contradicciones de estas relaciones partiendo de las negociaciones entre el régimen sirio y los Hermanos Musulmanes con vistas a garantizar la vuelta de estos a Siria y las mediaciones que han llevado a cabo sus homólogos en otros países.

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Islam, islamismo y régimen sirio: relaciones de conveniencia
Los acontecimientos que vive el mundo árabe en la actualidad están dando lugar a la creación de nuevas formaciones políticas o la renovación de otras existentes entre las que se encuentran los movimientos islamistas.

Siria, donde la alianza del régimen con determinados grupos o fuerzas islamistas en detrimento de otros en el marco de un sistema laico parece paradójica, constituye un caso interesante para constatar que el contexto, y no las divergencias o convergencias ideológicas o programáticas, son lo que determina las relaciones entre las fuerzas islamistas en la zona y de estas con los regímenes. Un ejemplo de ello es la colaboración simbiótica entre Hamás y el régimen sirio hasta la salida del primero del país en febrero de 2012, que se oponía diametralmente al veto que Damasco mantenía y mantiene contra el retorno de los Hermanos Musulmanes, una contradicción mayor aún dado que “Hamás son los Hermanos Musulmanes, pero tenemos que lidiar con la realidad de su presencia” [7] .

Sin embargo, lo paradójico de la relación del régimen con el islam político no termina ahí, sino que a ello han de sumarse su relación con otros movimientos de resistencia como Hezbolá en Líbano, la aún poco clara relación con movimientos como Fath al-Islam[8] y el hecho de que ha mantenido una cierta porosidad en sus fronteras desviando la mirada mientras movimientos yihadistas cruzaban su territorio para comunicar Líbano e Irak. Tal permisividad se volvería contra el régimen cuando muchos yihadistas sirios que habían partido a Irak (alentados en parte por las figuras del islam oficial) regresaron con un cierto sentimiento de fracaso y se pusieron como meta combatir al régimen despótico de Damasco, víctima de varios atentados todavía sin esclarecer (aunque se ha apuntado a Fath al-Islam) en la última década, y que hoy día son actores que han influido negativamente en el espíritu plural original de la revolución, infiltrándose como combatientes o diseminando algunas ideas radicales cada vez más extendidas.
Por otro lado, ante el progresivo retorno a un ambiente de religiosidad en las grandes urbes, la religión ha pasado a ser un nuevo instrumento al servicio del régimen para garantizar su supervivencia y contrarrestar el laicismo agresivo de décadas pasadas. Para ello el régimen se ha servido de un discurso religioso oficial representado por figuras cooptadas [9] o promocionando a grupos sufíes en una suerte de “islam otorgado” [10] (mientras mantiene a los Hermanos Musulmanes alejados del país). Además, en las últimas tres décadas, se ha promocionado la construcción de mezquitas y escuelas religiosas y se han subido los sueldos de centenares de hombres de religión. No obstante, ante el escenario represivo que predomina actualmente en Siria, donde una revolución popular estalló en marzo de 2011 para protestar contra años de falta de derechos y trato inicuo, muchos ulemas conocidos se han ido poniendo de parte del pueblo[11] . A estas críticas se sumaron los Hermanos Musulmanes, a los que el régimen ha acusado junto a grupos salafistas [12] de ser los instigadores de las protestas en connivencia con “manos extranjeras” para desestabilizar Siria y provocar un conflicto sectario que si bien parece perfilarse como una posibilidad de futuro, no ha sido en ningún momento la esencia de la revolución.

Así las cosas, permitir el retorno de los Hermanos, con la dificultad que conlleva calcular su grado de apoyo social, ha sido siempre un riesgo que el régimen ha preferido no correr. Sin embargo, las  negociaciones se han sucedido durante años y resulta de especial interés analizar la labor mediadora de algunos movimientos islamistas como ejemplo del equilibrio que han de mantener estos movimientos para conjugar “texto” y “contexto” [13] en lo que podría llamarse el rompecabezas del islamismo en Siria, donde las fuerzas islamistas locales están vetadas mientras el régimen se ha aliado con actores del islam político regional o internacionalista en el marco de la laicidad oficial del Estado (aunque el presidente ha de ser musulmán). Tales alianzas, ha de explicarse, guardan una estrecha relación con el discurso de la resistencia y el panarabismo, dos causas que el régimen sirio ha pretendido convertir en su bandera legitimadora durante las pasadas cuatro décadas, especialmente la cuestión palestina, prácticamente un asunto interno, inseparable de la recuperación del Golán ocupado[14] .

Así, expulsado Hamás en 1999 de Jordania (fundamentalmente por presiones de EEUU e Israel, que exigían al Reino Hachemí colaborar en la firma de un acuerdo entre la Autoridad Palestina e Israel), Siria, en una época en la que el aislamiento regional era patente, recibió en su seno a la resistencia islámica palestina como carta de presión política a Israel y EEUU para reactivar la cuestión del Golán y recuperar su papel de líder de la causa. Que en 2009 los Hermanos Musulmanes sirios suspendieran la actividad opositora a raíz de los ataques israelíes a Gaza para aunar filas con el régimen y concentrar los esfuerzos en la cuestión palestina, supone un salto cualitativo en la estrategia de los Hermanos en su afán de regresar a Siria. Como veremos, Hamás desempeñó un papel fundamental en la toma de tal decisión.
Profundizar en la cuestión de la mediación de los movimientos islamistas entre Damasco y los Hermanos Musulmanes puede servir para aclarar, por tanto, las dinámicas que relacionan a estos movimientos y a las distintas ramas de los Hermanos Musulmanes, que han tendido en general a mantener unas políticas dominadas por sus coyunturas particulares. Esta actitud, en el contexto de renovación que impera en la zona, podría cambiar para dar lugar a una especie de alianza supranacional entre los movimientos islamistas o de tendencia islamizante, que muy probablemente formarán parte de los nuevos gobiernos, que podrían adoptar unas líneas similares en la política exterior regional.

En este sentido, el caso de Hamás es especialmente interesante no solo por haber surgido de una rama de la hermandad, sino porque su participación en las mediaciones entre el régimen y los Hermanos en Siria supone una injerencia en los asuntos internos del país huésped a pesar de su pretendida neutralidad [15] . Lo complejo de su situación, que supuso la necesidad de hacer verdaderos malabares diplomáticos, explica que sus declaraciones con motivo de la “Marcha del retorno” (15 de mayo de 2011), cuando cientos de palestinos y sirios cruzaron la frontera del Golán [16] , tuvieran un amplio margen de ambigüedad: “Estamos con Siria en esta empresa para lograr la liberación y la recuperación de Palestina y el Golán, estamos con Siria, tanto con su liderazgo como con su pueblo, frente a todos los desafíos y conspiraciones exteriores”. Esta postura, que los Hermanos Musulmanes deberían haber criticado como han hecho con, por ejemplo, el largo silencio árabe o el apoyo incondicional de Hasan Nasrallah [17] , no se sostiene con la excusa de la excepcionalidad de la situación de Hamás, sino que ha de entenderse en el marco de su papel mediador entre el régimen y los Hermanos Musulmanes.

Con esto, la importancia de la labor mediadora de Hamás no se reduce a un asunto interno sirio, sino que se convierte en un instrumento para comprender las pautas de comportamiento y la imbricación o desconexión de diversas fuerzas islamistas que, confluyendo en Siria, hacen de este país un ejemplo de la contraposición entre el contexto y la ideología.

Artículo completo (15 páginas) en el archivo adjunto.

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