¿Cómo defender la democracia?

Estamos metidos en estos días tórridos del verano 2013, en el que la ciudadanía (la que puede) tiende a relajarse. Está siendo un período muy largo desde octubre del año pasado y continúa. La situación se ha ido deteriorando a nivel político, social y económico. Ha aumentado la pérdida de derechos y de puestos de trabajo. Ha aumentado la 'huida' al extranjero de miles de jóvenes preparados y con talento y, también, de emigrantes que colaboraban, hasta ahora, al crecimiento y al mantenimiento de los servicios públicos y de las pensiones. Han sido unos meses en donde ha crecido la desesperación de una ciudadanía cansada, indignada, harta de tanto embuste y de tanta retórica política y sigue con broncas en el Parlamento y con unas primarias del PSOE andaluz muy previsibles (ya nos tienen acostumbrados, desde 1997). Aquí, "el que no corre… vuela"

Una época muy dura. Se han acrecentado las diferencias entre ricos y pobres. En estos últimos 10 meses, hay menos, pero son mucho más ricos. Y hay más, pero son mucho más pobres. Los sectores sociales más vulnerables han ido cayendo a un pozo de desesperanza e, incluso, de indignidad provocada por la codicia de los que tienen.

Se están privatizando o eliminando instrumentos básicos de compensación social: sanidad, prevención, investigación, enseñanza, servicios sociales, pensiones… Es decir, los pilares más importantes de todo sistema democrático y de derecho. Con ello se está destruyendo la Democracia. Algunas ONG (la mayoría de la iglesia católica) actúan como si fueran el mismo Estado: reparten alimentos, gestionan viviendas sociales, organizan actividad de ocio y apoyo educativo para para los niños de los sectores sociales en crisis e, incluso, entran en la vida privada de las gentes. Y así, las clases pudientes y lo que va quedando de la clase media se siente aliviada.

La beneficencia no son derechos: es caridad. Y lo saben muy bien desde la Conferencia Episcopal Española, así como los Hermanos Musulmanes, los neo-evangélicos norteamericanos, los popes ortodoxos, etc. Caridad y moral religiosa, frente a derechos y equidad, destruye el Estado y potencian las corporaciones religiosas.

¿Cómo defender la democracia, si se destruye? ¿Las plataformas y mareas ciudadanas son una tabla de salvación o un espejismo? El tiempo lo dirá. Aunque si analizamos la historia, sólo de los últimos trescientos años, obtenemos algunas respuestas (no es nada nuevo). Lo cierto es que la democracia representativa está cavando su fosa y la democracia participativa no tiene consistencia todavía.

De aquellos lodos, vienen estos olores. Cuando al inicio de la Transición algunos políticos del centro-derecha y del centro-izquierda nos decían que para ensanchar las libertades había que reforzar la autoridad, muchos se lo creyeron. Y fue sin darse cuenta (o si) de que estos dos objetivos eran incompatibles. Enseguida algunos percibimos que el segundo era realmente el prioritario para esos politicastros. Hoy estamos pagando, también, esos calculados errores.

Piezas importantes del sistema franquista se instalaron en la democracia a partir de 1977. Y ahí siguen con su hedor contaminante y destructor. ¿Cómo defender la democracia, si se destruye? ¡Menudo panorama tenemos por delante! Dimita o no el actual presidente. Y a todo esto cada uno de nosotros, sin comerlo ni beberlo, tenemos una deuda pública de 20.00

0 euros, según nos dicen. ¡Pero pijo! ¡Y eso que lo están arreglando!

Francisco Delgado

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