Coca-Cola versus Catolicismo y la entrada triunfal del Papa en Jerusalén; perdón en Madrid

La Coca-Cola fue creada en una farmacia de la ciudad de Atlanta. Básicamente, era una mezcla de hojas de coca y semillas de cola que aliviaba el dolor de cabeza y aplacaba las náuseas. Durante un tiempo se comercializó como un analgésico y, casi desde un principio, también como un remedio para calmar la sed. Transcurridos unos años la bebida consiguió tener cierto éxito por sus innegables cualidades estimulantes y su explotación fue pasando a manos de personas, cada vez más codiciosas, que consiguieron introducirla en todos los lugares del mundo.

A medida que el refresco se fue extendiendo, éste se fue acomodando a las muy diversas necesidades y gustos de los que la tomaban. Si la cafeína estimulaba en exceso a un determinado sector de consumidores, pues se suprimía este ingrediente y punto; el consumo de la Coca-Cola “sin cafeína” prometía hacer dormir a pierna suelta. Y si el exceso de calorías era el que hacía dudar de su consumo; se eliminaban los componentes calóricos de su fórmula magistral y -¡Alehop!- aparecían las distintas versiones de Coca-Cola Light, Diet, Zero o, simplemente “sin calorías” que te mantenía esbelta como una sílfide. Que para gustos están los colores.

A mí, que quieren que les diga, la evolución histórica de la Coca-Cola me recuerda bastante la del Catolicismo. Yo me explico y ustedes tienen la última palabra. El Catolicismo nació también con un marcado efecto benéfico sobre las personas. Un Dios que se hizo hombre para salvar a la Humanidad del pecado original y transmitir un mensaje de esperanza a los más desfavorecidos. Una religión que se difundió, en un principio, como la panacea para los desheredados de la Tierra y oprimidos por el poder pero que, una vez alcanzada cierta notoriedad, fueron los propios poderosos los que decidieron expandir sus creencias por el orbe entero. Y es que éstos descubrieron las inagotables capacidades que tenía esta religión para conquistar el juicio de la población mediante la intimidación, el miedo y, sobre todo, a través de la “Confesión” que libera a los fieles del sentimiento de culpa a cambio de informar a las personas adecuadas de sus más íntimas miserias. Sencillamente ocurrió que, evidenciándose el enorme control sobre los individuos que ello supone, los que ejercían el poder decidieron expandir el Catolicismo para someter la voluntad de las gentes a sus propios intereses.

En cuanto a la acomodación del sentimiento religioso católico a los fieles-consumidores, ocurre tres cuartos de lo mismo que con la Coca-Cola. Se puede entender y sentir el Catolicismo como un conjunto dogmático de creencias inspirado en unos textos sagrados revelados por Dios, practicar a pie juntillas todo el ceremonial litúrgico y seguir las reglas morales al que obliga la Organización que interpreta estos textos, o bien, alguien puede considerarse, asimismo, católico si se limita a sentir en el fondo de su corazón a la Virgen del Rocío, hacer el camino de Santiago a pie, en bicicleta o como a uno le de la gana, acudir con rendida devoción a las procesiones de Semana Santa de Valladolid, de Sevilla o de cualquier otra ciudad donde esta tradición goce de arraigo o, simplemente, casarse con la que ha de ser su pareja de por vida -hasta que surja el primer encontronazo- por el rito de la Santa Madre Iglesia. Son las versiones de la Coca-Cola: la de toda la vida, la “sin cafeína”, la “sin calorías” y hasta la “sin lo uno ni lo otro”. Todos beben Coca-Cola de igual forma que todos se consideran católicos.

Y para terminar, hablando de similitudes, ¿qué les parece a los lectores -católicos o no- la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en comparación con la que le están organizando a Benedicto XVI para cuando acuda a Madrid el próximo mes de agosto a celebrar la Jornada Mundial de la Juventud 2011? ¿Cómo valoran que todo un Dios entre en la ciudad sagrada a lomos de un asno que previamente había sido choriceado -evangelio de Lucas 19:28-44- y que su humilde representante en la Tierra organice un evento que tendrá un presupuesto de 50 millones de euros y que contará con siete ministerios a su servicio (Exteriores, Trabajo, Cultura, Interior, Defensa, Fomento y Presidencia)?

Pero no lo comenten ahora, háganlo después de la … que aprovecharé para cobrar a la multinacional de Atlanta la que le he hecho en este artículo.

Gerardo Rivas Rico es Licenciado en Ciencias Económicas

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