Clericalismo, anticlericalismo y laicismo en la política argentina

La votación en el Senado mostró la influencia reaccionaria del clero sobre los políticos capitalistas. Pero también la colonización de los estratos dirigentes de los movimientos sociales y la oposición patronal por el Vaticano, muestran el avance del confesionalismo en la política local.

El frente político transversal del oscurantismo religioso en el Senado reactualiza la lucha entre laicismo y confesionalismo en la política criolla. La convergencia callejera de católicos y cristianos evangélicos, la notoria influencia de la Iglesia católica en los discursos de los senadores del bando pro aborto clandestino, el lobby ejercido sobre los gobiernos provinciales de carácter cuasi feudal, hablan a las claras de que la religión católica es un factor de poder capaz de condicionar las decisiones políticas de las instituciones de la democracia burguesa argentina y condenar a las mujeres a la muerte del aborto clandestino. También hay que estar alerta al intento de constitución política de un fundamentalismo cristiano evangélico claramente de derecha y reaccionario.

Las dos almas del reinado peronista en el Vaticano

Pero el peso del confesionalismo en la política local, no solo se puede ver en los sectores conservadores del peronismo y la UCR, sino que también se advierte en la colonización política de los estratos dirigentes de los movimientos sociales y en el sector progresista del peronismo identificado con el kirchnerismo mediante la reivindicación de Francisco I y la política vaticana. No es casualidad que haya sido Cristina Fernández de Kirchner quien en el debate del Senado absolviera a la Iglesia católica de su responsabilidad pidiéndole a las mujeres y jóvenes movilizados que «no se enojaran» con la Iglesia.

En este sentido el confesionalismo político que presenciamos en los debates actuales tienen una doble arista. Es muy ilustrativa la siguiente cita del marxista italiano Antonio Gramsci al respecto: «El catolicismo vuelve a aparecer a la luz de la historia, pero !como ha sido modificado, como se ha «reformado»! El espíritu se ha hecho carne, y carne corruptible como las formas humanas, sometida a las mismas leyes históricas de desarrollo y de superación que resultan inmanentes a las instituciones humanas. El catolicismo que se encarnaba en una cerrada y rígidamente estrecha jerarquía que irradiaba desde las alturas, dominadora absoluta e incontrolada de las muchedumbres fieles, llega a ser la muchedumbre misma, se convierte en emanación de la muchedumbre, encarna su suerte en los buenos y en los malos logros de la acción política y económica de hombres que prometen bienes terrenos, que quieren conducir a la felicidad terrena y no solo y exclusivamente a la ciudad de Dios. El catolicismo entra de esta forma en competencia, no ya con el liberalismo, no ya con el estado laico; comienza a competir con el socialismo, se dirige a las masas, como el socialismo, y será vencido por el socialismo, será definitivamente expulsado de la historia por el socialismo (…)».

Parten ciertamente del denominador común reaccionario que es el rechazó a que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo. Sin embargo, estamos obligados a comprender que las diferencias políticas de la Iglesia son fundamentales para entender la división de tareas entre un ala de la Iglesia que legitima ideológicamente la dominación política y social más conservadora predicando la resignación y la obediencia al orden natural «creado» por Dios y otra ala progresista que disputa el control de los movimientos sociales y sus reivindicaciones con el afán de contener una rebelión generalizada de los explotados y oprimidos. El reinado de Francisco sobre el Vaticano concilia una ideología religiosa antimodernista y reaccionaria, con una política «popular» de contención social.

La oligarquía entre la cruz y el laicicismo

En el siglo XIX la Iglesia Católica dominó social y culturalmente en tiempos del Restaurador de las Leyes, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas y su régimen de la Mazorca, llegando al punto de hacer que los mazorqueros obligaran a los habitantes de Buenos Aires a concurrir a misa los domingos y que se permitiera el fusilamiento del sacerdote Ladislao Gutiérrez y su amante Camila O’Gorman. A la caída de Rosas, el catolicismo subsistió al servicio de la oligarquía y la burguesía comercial logrando imponer en la Constitución Nacional de 1853 su carácter de culto oficial del Estado argentino (hasta la reforma de 1994 era obligación ser católico para ocupar la presidencia). El Preámbulo de nuestra Constitución, renuncia en su fundamento a toda soberanía laica sobre las leyes cuando reza sin escrúpulos: «invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia» .

Luego de acompañar la Campaña del Desierto que despojo de sus tierras a los pueblos originarios como fuerza «civilizadora», la Iglesia entró en conflicto con el laicismo de un sector de la oligarquía representados por Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca. Ambos personajes reconocidos por su sed de sangre india, gaucha y guaraní, se vieron a su vez, enfrentados al catolicismo para llevar adelante sus programas.

Sarmiento declaraba en 1883 en relación a la Iglesia: «Los frailes y monjas se apoderaron de la educación para embrutecer a nuestros niños… Ignorantes por principios, fanáticos que matan la civilización; (…) hierba dañina que es preciso extirpar». Mientras que Roca impondrá en 1884 la ley 1420 de Educación Pública y el Matrimonio Civil contra la voluntad de las autoridades religiosas. Roca terminara expulsando al Nuncio Apostólico, Luis Mattera por su interferencia en la vida interna del Estado argentino. Para la oligarquía de entonces se trataba de terminar de ordenar jurídicamente al país y de implantar una educación pública que nacionalizara a la masa de inmigrantes que había llegado a la Argentina para ser utilizada como mano de obra por los capitalistas.

Para los políticos de entonces de la oligarquía criolla no se trataba de liquidar al clero al cual seguían protegiendo, sino de subordinarlo a su nuevo ordenamiento político que ubicaba a la Argentina como satélite del «liberal» Imperio Británico.

Anticlericalismo plebeyo

En el siglo XX, el anticlericalismo tendrá un sesgo plebeyo que lo va a caracterizar debido a la emergencia del movimiento obrero y las tendencias socialistas y anarquistas que mostraran el crecimiento de una crítica atea y radical a la Iglesia católica. La misma va a ser acompañada por el levantamiento de la juventud pequeñoburguesa quien reclamara en el movimiento de la Reforma de 1918 el fin del dominio del clero católico sobre la Universidad, siendo su epicentro la provincia de Córdoba donde la Universidad era dominada por una élite vinculada a los jesuitas. El movimiento va a ser también expresión del cambio político producido por la asunción de la UCR al poder mediante el sufragio universal en 1916. Los estudiantes reformistas ocuparán la Universidad y llevarán a cabo una huelga general estudiantil y enfrentamientos violentos con los grupos católicos que va a dar el brazo a torcer del gobierno de Yrigoyen imponiéndole la autonomía universitaria y expulsando al clero de la misma.

En su Manifiesto Liminar, redactado por Deodoro Roca, los estudiantes de Córdoba proclamaban contra el clero: «Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan».

En 1955 la Iglesia jugó un papel fundamental en el derrocamiento de Juan Domingo Perón (a quien habían apoyado incondicionalmente durante su primer mandato y parte del segundo) y fue blanco de la ira popular luego de los bombardeos criminales de la Aviación Naval en Plaza de Mayo en junio de ese mismo año. En 1958 el primer gobierno civil encabezado por Arturo Frondizi, del régimen impuesto por la dictadura de la revolución fusiladora en 1955 le entregó al clero el derecho a otorgar títulos habilitantes a las universidades privadas y religiosas, desatando un movimiento estudiantil de masas que rechazaba la medida, en defensa de la educación laica. Frondizi, quien se presentó como un representante del progresismo y contó con el apoyo de Perón desde el exilio, va a terminar de ser repudiado por las masas juveniles que lo enfrentaron en las calles.

Los dolores que quedan son las libertades que faltan

Las fuerzas políticas tradicionales hace muchísimo tiempo que han abandonado el laicismo en consonancia con los intereses y privilegios otorgados al clero por los distintos gobiernos de la clase capitalista. Hoy día, oscurantistas y «progresistas» comparten su seguidismo al mandato de alguna de las alas del clero.

La única fuerza política enfrentada al clero y el confesionalismo es la izquierda revolucionaria. Nuestra posición no se basa solamente en una concepción atea y científica del mundo, en oposición al pensamiento mágico y oscurantista de la religión, sino fundamentalmente en la lucha contra los privilegios de casta y la ideología que predica el sometimiento de los explotados o la conciliación entre las clases. Denunciamos el papel reaccionario y encubridor de todas las dictaduras y genocidios que vivió nuestro país por las jerarquías eclesiásticas. Respetamos las creencias religiosas de los trabajadores y el pueblo pobre y defendemos la libertad de culto, pero no por ello vamos a silenciar nuestra crítica de un pensamiento oscurantista que intenta imponerle a la sociedad sus privilegios como sagrados y sus concepciones en detrimento de la vida de las mujeres y las personas LGTBI. Consideramos que es indispensable darle continuidad a la gigantesca movilización social de mujeres y jóvenes por el aborto, exigiendo la separación efectiva de la Iglesia del Estado.

El movimiento de mujeres y jóvenes que se manifestó por el derecho al aborto es hoy una fuerza que hace suya la defensa plebeya del laicismo y los postulados anticlericales, condición indispensable de cualquier política democrática.

Facundo Aguirre

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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