Ciudadanía y Religión

Dos de las polémicas en el inicio del nuevo curso escolar giran en torno al tratamiento de las asignaturas de Educación para la Ciudadanía, que se incorpora en cuarto de ESO, y Religión y su alternativa, que, junto a la introducción de Ciencias para el Mundo Contemporáneo, llevan a 31 horas semanales en primero de Bachillerato.

El concepto de ciudadanía como persona que vive en sociedad política con derechos y deberes procede de la polis griega y del municipio romano. Durante la Edad Media sufre un retroceso, en la medida en que se desarrollan relaciones de dependencia personal entre señores feudales, caballeros vasallos, campesinos colonos y siervos de la gleba, con la confusión entre el ámbito público y el ámbito privado.

El concepto de ciudadanía se retoma con la Ilustración racionalista y liberal, en oposición a monarquía absoluta (autoritaria, con concentración de poderes legislativo, ejecutivo y judicial) de soberanía divina del Antiguo Régimen, planteándose, por vía de revolución o de reformas, la soberanía popular, la división de poderes y los derechos y libertades que llevan a las democracias actuales.

El rechazo a la asignatura de Educación para la Ciudadanía se basa en dos argumentos: el primero, que quien educa es la familia y no el Estado, y el segundo, que no debe utilizarse la escuela por parte del poder para adoctrinar al alumnado en una determinada ideología. Ambas premisas son falsas. En cualquier caso, no es asumible la objeción de conciencia a asignaturas obligatorias.

La responsabilidad de educar ciudadanos en una sociedad democrática no es en exclusiva de la familia -aunque sí básicamente-, sino que atañe también a la escuela y a la sociedad en su conjunto. Imaginemos casos extremos de familias xenófobas o de narcotraficantes… La escuela no está sólo para transmitir conocimientos -que pueden buscarse en www.google.com-. Debería, además, ayudar a formar personas solidarias y educar ciudadanos responsables.

En cuanto al contenido de la materia de Ciudadanía, en un mundo cada vez más global y plural, al abordar cuestiones como los derechos humanos, los valores sociales positivos, el Estado de Derecho democrático, la Constitución vigente,? que ésta sea científica y objetiva es la garantía de su consolidación y éxito, y en ese sentido es constructiva. Precisamente hay que evitar el sectarismo. En la medida en la que editoriales o profesores radicales la utilicen para tratar de implantar puntos de vista partidistas o intereses coyunturales está condenada al fracaso.

Respecto a la religión y su alternativa, hay que diferenciar entre Estado confesional (como era el franquista), laico (como deberían ser los democráticos) y antirreligioso (como eran los marxistas). Se puede debatir qué es un Estado laico y en qué normativas tiene que concretarse. Pero, mientras tanto, hay que respetar la legalidad vigente y tratar a todas las asignaturas y profesores por igual. Si hay séptima hora en un nivel, en el horario correspondiente tienen que distribuirse, según criterios comunes, todas las asignaturas optativas, en igualdad de condiciones, sin privilegios ni discriminaciones.

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