Cinco países africanos se unen contra Boko Haram

Por primera vez, los países africanos están respondiendo de forma conjunta y sobre el terreno a esa amenaza llamada Boko Haram. Si desde hace meses soldados cameruneses se han visto forzados a emplearse a fondo para frenar el avance de los islamistas en el interior de su país, ahora cuentan con el decidido apoyo del Ejército de Chad, que ha movilizado a unos 2.000 efectivos. El último país en sumarse a esta fuerza militar conjunta ha sido Níger, cuyo Parlamento aprobó el lunes la movilización de 750 soldados. Se espera que Benín se incorpore en las próximas semanas. “Hace años que Boko Haram está ahí, pero ahora se ha convertido en un monstruo”, aseguró el presidente de Níger, Mahamadou Issoufou.

Hasta ahora, los esfuerzos por poner en marcha una operación común habían caído en saco roto debido a las rivalidades entre los propios países africanos, sobre todo entre Nigeria y Camerún. La amplitud y virulencia de los últimos ataques de este grupo terrorista, cuyo radio de acción ha sobrepasado los límites del norte de Nigeria y se extiende por las zonas fronterizas de Camerún, Níger y Chad, han forzado la cooperación. La cumbre de la Unión Africana (UA) celebrada a finales de enero aprobó el despliegue de 7.500 soldados, luego ampliado a 8.700, en el marco de una coalición regional integrada por la propia Nigeria, hasta ahora reticente a incursiones extranjeras en su territorio; Camerún, Chad, Níger y Benín. Para ello, la UA solicitó la financiación de Naciones Unidas mediante una resolución del Consejo de Seguridad.

A principios de febrero, soldados chadianos recuperaban la localidad nigeriana de Gamboru, tomada por los yihadistas, después de someterla a un intenso bombardeo. Horas después, Boko Haram lanzaba un contraataque en Fotokol (Camerún), sólo separada de Gamboru por un puente, pero se encontraba con la respuesta conjunta de chadianos y cameruneses. Se estima que unos 200 yihadistas murieron en estas acciones. Por su parte, aviones franceses con base en Yamena, la capital chadiana situada tan solo a unos 50 kilómetros, están llevando a cabo operaciones de reconocimiento en apoyo a esta intervención militar, según han confirmado fuentes oficiales galas citadas por AFP.

Pero la ribera del Lago Chad no es el único escenario de esta guerra. En los últimos días, Boko Haram ha lanzado cuatro ataques en la ciudad de Diffa (Níger), muy cerca de la frontera con Nigeria, el último de ellos el pasado lunes cuando una bomba explotó en el mercado, provocando un muerto y una quincena de heridos. Días antes, los yihadistas habían atacado la prisión para intentar, sin éxito, liberar a una treintena de yihadistas detenidos, mientras que una terrorista suicida provocó seis muertos más.

El emir Abubakar Shekau, escurridizo líder de Boko Haram, respondía el lunes a su habitual manera a la nueva situación. “Su alianza no llevará a nada, junten todas sus armas y luchen contra nosotros, son bienvenidos”, aseguraba en un vídeo difundido a través de Internet. “¿Qué envían 7.000 soldados? ¿Por qué no 70 millones? Por Alá que el número es pequeño”, añade Shekau con su habitual tono provocador.

Las autoridades nigerianas, que han tenido que aplazar seis semanas las elecciones generales previstas para el 14 de febrero por la situación de inseguridad creada en el norte, han aceptado por primera vez la presencia de soldados extranjeros en su territorio (en este caso chadianos) asegurando que “no compromete su soberanía”. Nigeria cuenta con un ejército de 80.000 efectivos lastrado por la corrupción y las divisiones internas que hasta ahora ha sido incapaz de frenar a la Secta. Sin embargo, el consejero de Seguridad del presidente nigeriano, Sambo Dasuki, asegura que “no habrá nuevos aplazamientos de las elecciones” porque en ese plazo de seis semanas “todas las bases de Boko Haram serán barridas del mapa. Durante años hemos combatido solos, ahora tenemos ayuda”.

 

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