Cinco anotaciones a la demostración de fuerza del Papa en Madrid

Negar que la JMJ Madrid 2011 ha sido un éxito de convocatoria a nivel mundial con las calles de Madrid totalmente tomadas sería algo tan estúpido como negar que en la noche del pasado sábado descargó una monumental tormenta de verano en la base aérea de Cuatro Vientos.

La Iglesia católica tiene todo el derecho, en cualquier caso, a manifestarse como le venga en gana y a predicar su mensaje. En el bien entendido que Iglesia no sólo son el Papa, los cardenales, los obispos o los sacerdotes. No, Iglesia son todos aquellos que se identifican con el mensaje del carpintero de Nazaret.

Negar que es muy difícil repetir o competir desde una convocatoria civil a nivel global y laica con el toque de campanas de la Iglesia católica es algo tan absurdo como determinados comentarios meapilas de talibanes al uso (en medios públicos y privados) que sonrojaría a un Papa teólogo y tan extraordinariamente bien armado desde el punto de vista intelectual como Benedicto XVI si los escuchara.

Jubilación de Rouco
Negar que el magro del resultado irá a parar al cepillo particular del cardenal Rouco Varela -¡qué ocasión tras los 75 años para abrir las ventanas y dar paso a un nuevo aire fresco!- y su particular prepotencia (controla la Iglesia española con puño de hierro sin dar respiro alguno a la disidencia, ni siquiera al contraste de pareceres) es algo tan absurdo como negar que la invocación al Cristo de Nazaret tiene una fuerza como ninguna otra organización dispone en todo el mundo.

Código evangélico
Negar que en esta convocatoria la Iglesia católica ha sido capaz de utilizar con ventaja (quizá por vez primera en sus 2011 años de historia) las nuevas tecnologías y movilizar de forma muy inteligente y eficaz a través de las modernas técnicas del marketing es un ejercicio tan irreal y fatuo como olvidar que en el reciente recorrido de la Iglesia de Roma hay casos intolerables de abusos de todo tipo muy especialmente los conocidos casos de pederastia ante los que Roma no ha dado, todavía, una respuesta exigida desde el propio código evangélico.

Apoyo institucional público
Negar que en el éxito de público joven de la JMJ 2011 –evidente y televisado al mundo entero- ha coadyuvado el Gobierno ateo del presidente Rodríguez Zapatero y el resto del poder público de Madrid, así como la cargante presencia de la monarquía, es algo tan pueril y sectario como intentar negar que el nivel de catolicidad efectiva y práctica en España ha ido decayendo de forma espectacular y preocupante para los dirigentes católicos más realistas.

Los golpes del cardenal
Para que quede claro de una vez por todas: he escrito y vuelvo a escribir que el cardenal Rouco Varela no es una persona que coadyuve a mejorar la imagen de la Iglesia al frente de la antigua “reserva espiritual de Occidente”. Es una cara agria, sectaria, doliente, superconservadora, casi partidista políticamente. Nada que ver con la cara alegre y amable de los millones de jóvenes que se cintaron en Madrid y en Cuatro Vientos.

Lo digo esto sin especial acritud y le hago el favor que le negaron sus ganapanes de COPE que, por precio y por viandas, vienen obligados a hincarse de hinojos ante el purpurado y príncipe de la Iglesia que debería retirarse ya y volver a sus predios galaicos.

Cometerá un error –porque va a seguir en el poder omnímodo- si cree que el éxito de la JMJ, sustanciado en el poder cósmico de la Iglesia de Cristo, obviará el proceso de abandono de las iglesias en España, la marginación de cualquier disidencia por nimia que sea, copar todo el poder eclesiástico en toda España y el ascenso al poder de sus fieles con su sobrino (Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo) y su amigo y protegido Martinez Camino al orden del episcopado. Este jesuita ascendido a obispo contra la firme oposición de la Compañía.

O la Iglesia es VERDAD o sencillamente no será nada.

El sucesor de un pescador
Toda esta enorme parafernalia plasmada durante una semana se evaporará como el agua en el desierto si la Iglesia fundada por Jesús de Nazaret no es vista y percibida por el pueblo –en especial el pueblo llano, por lo pobres, los desamparados, los intelectuales deprimidos, la juventud marginada, los fieles del mundo rural con la fe del carbonero- como algo propio, real, legal y alejada de todo fariseísmo y de todo montaje.

De lo contrario, sinceramente y desde mi posición de cristiano de base, los siete días que pretendían cambiar el mundo quedarán reducidos en el tiempo a una gran fiesta del marketing y del negocio a mayor loa de unos eclesiásticos que dejan claro su influencia en la tierra.

Quiero terminar con una frase del gran teólogo Ratzinger (en su día, respetado por los filósofos e incluso teólogos ateos como su oponente televisivo Jürgen Habermas), o los teólogos progresistas como Yves Congar o Hans Küng, cuando era un simple profesor de la Universidad de Ratisbona y obispo de base nombrado por Pablo VI en Munich.

“El Papa –escribió- no es el heredero del Emperador Constantino, sino el sucesor de un pescador…”.

Graciano Palomo es periodista y escritor, director de FUNDALIA y editor de IBERCAMPUS

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