Chiclana ‒Cádiz‒ y su alcaldesa perpetua… de camino al siglo XVI

No entendemos la apertura de instrucción para la concesión del título de Alcaldesa honoraria perpetua a un objeto inanimado como la imagen de virgen de los Remedios. Es usual que lobbyes religiosos -cofradías- quieran imponer su religión a toda la sociedad pero no que las Instituciones Públicas violen tan flagrantemente la aconfesionalidad del Estado, recogida en el Art. 16 de la Constitución Española… más cuando hace escasas semanas el Pleno de este Ayuntamiento aprobó, sin ningún voto en contra, que no existiera ningún símbolo religioso en dependencias municipales… ¿será alcaldesa perpetua y no podrá estar en «su» Ayuntamiento? Absurdo.

Se viola el sentido del denominado «Juez de instrucción», nombrando al Sr. Nicolás Aragón, concejal del Partido Popular, conocido cofrade y devoto de la citada imagen. ¿Cómo puede ser nombrado «Juez» alguien completamente parcial? Parece que, pese a las diferencias entre el PP y el PSOE, ignorando la obligada neutralidad religiosa encuentran intereses comunes. Estamos deseosos de conocer los méritos que puede haber acometido una estatua.

«Perpetuidad» es mucho tiempo. La eternidad es un parámetro clásico en el lenguaje evangelizador de religiones con dioses infinitos, pero chocante en una sociedad en la que la ciencia y la razón marcan el lenguaje de la ciudadanía.

Pronosticamos que será un evento noticiable a nivel nacional. Estas condecoraciones suelen darse en pocos ayuntamientos, pequeños o muy clericales, no con una mayoría supuestamente progresista. Nos pondrá en el punto de mira de los medios de comunicación estatales… rogamos eviten a gran cantidad de chiclaneros sufrir este bochorno.

Nos congratulamos del posicionamiento de IU, a través de su concejal Roberto Palmero, y estamos convencidos de que un poco de reflexión hará tomar el mismo razonamiento al resto de partidos del arco plenario, especialmente del PSOE que, a nivel estatal, proclama el laicismo como fundamental en el camino hacia una democracia moderna. La asunción institucional «perpetua» de un icono religioso sería una contradicción mayúscula.

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