Católicos de base recibirán al Papa con un rezo para que pierda poder

Església Plural prepara un acto en un templo de Barcelona durante la visita papal La entidad busca apoyos para poner en cuestión el modelo de gobierno de la Iglesia

En el magma de manifestaciones de adhesión y de protesta que aflorarán durante el fin de semana del 6 y 7 de noviembre, con ocasión de la visita de Benedicto XVI a Barcelona, sobresale la iniciativa de uno de los grupos más activos entre los católicos catalanes de base, Església Plural, que prepara un acto de reflexión y plegaria que reivindicará un cambio del modelo de gobierno de la Iglesia católica que reste poder a la curia y al propio pontífice. La entidad ha invitado al resto de los movimientos católicos progresistas a unirse a su propuesta.

La cita se pretende que sea en una iglesia a la misma hora en que una multitud aclamará al papa alemán en la avenida de la Catedral, tras su aterrizaje en el aeropuerto de El Prat procedente de Santiago de Compostela, sobre las nueve de la noche del sábado 6. Església Plural confía en que al menos una decena de asociaciones de cristianos progresistas secunden la propuesta, que consistirá, inicialmente, en la redacción de un documento que recoja las reclamaciones que se darán a conocer

coincidiendo con la visita del jefe de la Iglesia a la ciudad.

OCASIÓN PROPICIA / La entidad considera que el viaje de Joseph Ratzinger es una ocasión propicia para cuestionar la idoneidad del modelo organizativo de la Iglesia y la autoridad de su máximo responsable, que goza de «una potestad plena, suprema y universal, que siempre puede ejercer libremente».

Església Plural propugna una reflexión sobre «los mecanismos de elección del Papa, el rol de la curia y la función de nuncios y cardenales», entre otras cuestiones, porque, a su juicio, la realidad eclesial viene determinada por «la personalidad del Papa» e incluso por la curia, «que a veces condiciona de forma alarmante las decisiones papales».

La entidad quiere debatir sobre la visita de un pontífice que «ha superado de largo la edad de jubilación del resto de los obispos (que se retiran a los 75 años), que ostenta un poder absoluto y absolutista, se manifiesta contrario al reconocimiento de los derechos de las mujeres en plena igualdad con los de los hombres y persigue implacablemente la disidencia y las expresiones de pluralidad interna». También quiere denunciar «la imposibilidad de cuestionar las actuaciones del Papa» sin «ser demonizados, perseguidos y conminados a dejar la Iglesia». El papado, concluye, «no es un hecho inamovible e incuestionable».

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