Carta al Presidente de La República

Comunicado del Gran Oriente de Francia. París, 4 de abril 2005 Los Francmasones del Gran Oriente de Francia comprenden la inmensa pena que sienten los católicos por la pérdida del Papa Juan Pablo II.

Muchos entre ellos comparten esta emoción y esta pesadumbre y aseguran  su sentimiento de Fraternidad al conjunto de la comunidad católica.

No obstante esta prueba que atraviesa una parte de la comunidad francesa desean recordar los componentes esenciales de nuestros valores republicanos que conciernen la estricta neutralidad del estado a través nuestro principio de laicidad.

Este principio de laicidad no debería ser olvidado ni tampoco obviado en base a la compasión. Es inalterable.

Este principio de laicidad sería por contra peligrosamente fragilizado y amenazado por los acomodamientos que se harían al hilo de cada circunstancia.

Los Francmasones del Gran Oriente de Francia se preocupan porque la neutralidad del estado podría no ser respetada con motivo de la defunción del Papa Juan Pablo II.

No comprenden que las autoridades de la República soliciten que todas las banderas sean puestas a medio mástil en los edificios públicos, como no comprendería la presencia de las más Altas Autoridad de nuestro país en las misas u oficios religiosos en calidad de su función.

No puede aceptar que se genere una confusión en nuestro país entre el guía espiritual de una comunidad religiosa y un jefe de estado.

Recuerdan que el estado de la Ciudad del Vaticano, nacido de los acuerdos del Latran firmados por Mussolini, existe sólo por su dimensión religiosa:  la ciudadanía vaticana es otorgada a las personas cuyo trabajo vincula al Vaticano, a los cardenales residentes en Roma y a las personas designadas por el Papa.  En este año de celebración de la Ley de 1905 nos parece que las declaraciones de principio oídas a los responsables del estado referente al necesario respeto de la separación de las Iglesias y del estado serían puestas en entredicho y sometidas a una singular contradicción si no se respetara cualquiera que sean las circunstancias de la historia el indispensable deber de neutralidad que impone nuestras instituciones republicanas.

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