Camino del laicismo

Domingo por la mañana. Tras comprar la prensa me dirijo a un café. Mientras camino, leo la columna de Manuel Vicent sobre el Corpus, tan sugerente y tan atinada como suele ser cada domingo. Es temprano, y por ello me sorprende encontrar a un policía municipal que vigila un cruce de calles. Avanzo unos metros y lo entiendo, pues me llegan los ecos de unos rezos. Se trata de un acto público de los miembros de una confesión religiosa, unas cincuenta personas acompañan a una imagen. Su derecho a la práctica de su religión está amparado y protegido, aunque para ello se utilice una parte de los efectivos que salen de los impuestos de todos los ciudadanos.

Cuando vuelvo a mi casa, en el buzón encuentro un folleto de otra confesión religiosa en el que me invitan a saber cómo puedo acercarme a Dios. Para ello puedo asistir a unas jornadas de tres días, o solo a una de ellas. Eso sí, comunican que "la entrada es gratuita" y que "no se hacen colectas". Está claro que en esta España de comienzos del siglo XXI, tan laica según algunos, la presencia de las confesiones religiosas está a la orden del día. Busco en la información de televisión qué partidos retransmiten del Mundial y luego observo la programación matinal del segundo canal de la televisión pública, y encuentro, uno detrás de otro, los siguientes programas: Shalom, Islam hoy, Ultimas preguntas, Testimonio: los frutos de un Congreso eucarístico, El día del Señor. Parroquia de Santa María, Pueblo de Dios: Donde el mundo se acaba . En ese mismo diario había leído la información acerca de la futura ley de Libertad Religiosa, donde al parecer se piensa desarrollar el principio de laicidad del Estado.

Habrá que esperar hasta ver en qué queda el borrador que ahora se maneja, pero el debate que estos temas generan en nuestro país ya hace mucho tiempo que debería haber sido zanjado. Nuestra sociedad y nuestra cultura están llenas de elementos religiosos, hasta hace poco de una sola confesión, pero cada vez más de otras, y no se trata de concederle a todas una serie de privilegios (si bien nunca alcanzarán los de la religión católica), sino de definir cuáles deben ser las líneas que marquen una separación clara entre los poderes públicos y las distintas religiones. Al parecer, la ley establecerá la desaparición de todos los símbolos religiosos de escuelas, hospitales y centros públicos, "salvo aquellos con valor histórico-artístico, arquitectónico y cultural protegidos por las leyes". Algo tan elemental como eso generará polémica y algún enfrentamiento, al margen de que siempre habrá quien dirá que ese es un asunto menor e intrascendente en el cual no merece la pena detenerse cuando hay problemas tan graves.

Mientras tanto, cuando el presidente del Gobierno visita al Papa, éste se permite expresarle su desacuerdo con la futura ley. Zapatero podría haber respondido señalando algunos de los muchos déficits democráticos de la Iglesia católica o indicando el anacronismo de mantener una monarquía absoluta en 2010, pero otra respuesta a esa ingerencia podría ser denunciar los Acuerdos de 1979 con el Vaticano, y establecer la desaparición de la enseñanza de la religión en los centros públicos, con lo cual el Estado ahorraría una cantidad considerable, lo cual no está mal en estos tiempos de crisis. No sé cuántos profesores de religión hay en España, pero si cada confesión se encargara de la formación de sus fieles en sus respectivas sedes, podríamos dedicar ese dinero a otros asuntos. En definitiva, una revisión de los citados Acuerdos sí nos pondría de verdad en el camino de ser un Estado laico.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...