Camille Huysmans y los socialistas católicos a fines de los años veinte

Camille Huysmans (1871-1968) fue un destacado socialista belga, secretario de la Segunda Internacional, alcalde de Amberes en el período de entreguerras, y primer ministro entre agosto de 1946 y marzo de 1947. En 1929 publicó un artículo, que en España sacó El Socialista (nº 6242), que nos interesa para entender la situación de los socialistas católicos, especialmente, en Alemania, y la opinión de un destacado socialista europeo del período de entreguerras. El artículo en cuestión lleva el título de “Los socialistas católicos”, y se escribió en un momento en el que desde Alemania había surgido una corriente importante que intenta reunir ambos mundos, el católico y el socialista, el “cielo y la tierra”, en una expresión del momento.

Efectivamente, Huysmans hacía referencia al surgimiento en Colonia, en pleno centro del catolicismo alemán, de la revista Hoja Roja de los Socialistas Católicos, siendo Heinrich Mertens su redactor. Mertens (1906-1968) nació en el seno de la clase trabajadora católica en Renania, aunque su madre era judía. En Viena trabajó en un grupo católico que se dedicaba al trabajo social. Aunque, al principio estuvo cerca de Anton Orel, consideraba que su anticapitalismo social-romántico era obsoleto, y aunque ya era muy crítico con el capitalismo estaba en contra del materialismo del socialismo. Posteriormente, se afilió al SPD, pero con ciertas reservas. En 1928 creó la Asociación de Socialistas Católicos de Alemania, sacando la publicación citada. Mertens desarrollaría una intensa vida política e intelectual siempre a caballo entre el catolicismo y el socialismo, siendo, quizás, uno de los personajes más importantes en la historia contemporánea alemana en el intento de armonizar ambos.

Huysmans aludía en su artículo a los objetivos de la revista. En primer lugar, pretendía tratar los problemas intelectuales y económicos que se relacionaban con el catolicismo y el socialismo. En segundo lugar, pretendía colaborar en la creación de un movimiento de ideas y de hechos en la política y la economía.

Los socialistas católicos querían dejar claro que eran fieles a su fe, pero también a la concepción económica del socialismo, sin renunciar a ninguna de las dos doctrinas. Huysmans señalaba en su artículo que una pertenecía al cielo y la otra a la tierra, como hemos apuntado más arriba. Para el socialista belga, los socialistas católicos alemanes eran muy críticos con el Zentrum, la gran formación política católica nacida para defenderse de la política religiosa de Bismarck, para luego convertirse en una de los grandes partidos de la República de Weimar. La crítica se basaba en que el Zentrum había intentado aunar en su seno a los explotadores y explotados. Para contentar a los primeros había aceptado la tesis de que la apropiación privada de los grandes medios de producción se justificaba igual que la pequeña propiedad donde se juntaba en el mismo jefe el que poseía y el que trabajaba. Para dar satisfacción a los explotados se había empleado una terminología “feudal” sobre los estados. El proletariado sería el cuarto que, gracias a la legislación, habría obtenido gracias a la legislación una posición jurídica reforzada. Pero para el articulista la realidad había desmontando esta ideología, calificada de simple y optimista, basada en la buena voluntad y del altruismo de los “amos del pan”. Tenemos que tener en cuenta que esta formación, además de su defensa religiosa, tendió a posiciones más progresistas que otros partidos de inspiración religiosa posteriores en Europa, y tuvo siempre un marcado carácter interclasista.

Huysmans consideraba muy positiva la evolución de los jóvenes católicos. Sus tesis se acercaban a las ideas de Vandervelde, y estaban en consonancia con las que se defendían en los centros del socialismo flamenco. Dicha evolución no se habría hecho de forma brusca. Según nuestro protagonista, muchos escritores y sociólogos católicos alemanes y austriacos, especialmente después de la Gran Guerra, habían desarrollado la idea de que el cristianismo no tenía nada que ver con el capitalismo, con el sistema de la “explotación del hombre por el hombre”. Algunos pensaban que solamente el socialismo podía acabar con ese materialismo. Esta corriente habría abierto los ojos a muchos obreros católicos alemanes, y que habían hecho “la distinción entre el cielo y la tierra”, incorporándose a las organizaciones socialistas. Huysmans esperaba lo mismo para las próximas elecciones belgas.

Eduardo Montagut. Historiador

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