Brasil que se debate entre la Biblia y la Constitución

El hecho de que la Carta Magna, que sanciona el carácter laico del Estado, incomoda de forma creciente al grupo de poder más conservador del país se vuelve cada día más evidente

La ola de conservadurismo agitando Brasil ya cubre casi todos los campos – la cultura, la religión y las costumbres – están aprovechando al mismo tiempo el sueño planteado hace una década por las iglesias evangélicas para poner fin al Estado laico para dar paso a «una república teocrática», en la expresión del escritor Luiz Manfredi. Se trataría de sustituir, en el Gobierno, la Constitución del 1988 por la Biblia, que a menudo es blandida por diputados evangélicos en el plenario del Congreso en lugar de la Carta Magna. El pre-candidato a las elecciones presidenciales de 2018, Jair Bolsonaro, proclamó no hace mucho en el Congreso: «Brasil no es un estado laico. Es cristiano. Quien no quiera que cambie de país, porque la minoría debe curvar ante la mayoría «. Y lo peor de su declaración es que no provocó escándalo en la Cámara de los Comunes .

El hecho de que la Constitución brasileña, que sanciona el carácter laico del Estado, incomoda de forma creciente al grupo de poder más conservador del país se vuelve cada día más evidente. No parecen gustar la defensa que la Constitución hace de los derechos y de todas las libertades – de la religiosa y la cultural, de la económica y la política – así como de las minorías perseguidas. Ellos lo ven como un obstáculo para la estrategia evangélica descrito por el poderoso líder de la Iglesia Universal, Macedo en su libro Plan de energía : «Dios tiene un gran proyecto nacional diseñado por él mismo, y nuestra responsabilidad es para ponerlo en práctica» . Y Pastor Marco Feliciano ha repetido en el Congreso que uno del plan de Dios es que «un evangélico llegar a la Presidencia de la República .»

Hay quien cree que, entre los todavía posibles candidatos a la Presidencia el próximo año, puede aparecer la sorpresa de un líder importante de una de las mayores Iglesias evangélicas que estar haciendo encuestas internas para conocer el apoyo popular que podría tener. Sería un candidato elegido por las principales confesiones religiosas y que debería ser apoyado por todas ellas. Todos los días se multiplican las señales de que no es un proyecto en curso para cambiar en el primer artículo de la Constitución de la palabra «pueblo» por la palabra «Dios» , es decir emanar el poder de Dios y no de las personas, como se afirma en la Constitución . Se insiste en el hecho de que, en el prólogo a la Constitución de 1988, los redactores la promulgar «bajo la protección de Dios», aunque los expertos ya han dicho y repetido que ese prólogo no tiene valor jurídico.

Mientras tanto, el diputado Cabo Daciolo, del PSC, acaba de presentar un proyecto, en trámite en la Cámara, para que el estudio de la Biblia sea materia obligatoria en todas las escuelas de la enseñanza fundamental en el país. Dado el clima de euforia que reina entre los casi 200 diputados de la bancada evangélica y el hecho de que hoy los fieles de esas iglesias superan los 40 millones en el país, nada tiene de extraño que la idea pueda prosperar. El hecho es que la Biblia, como sustituto de la Constitución, hace años ya figura con destaque en sedes y edificios públicos y en muchas escuelas se hacen oraciones a Dios. Cada día más, la Biblia, como símbolo de la enseñanza que Dios querría para los brasileños, aparece con mayor relevancia. En el proyecto presentado por Dacciolo al Congreso para hacer obligatoria la lectura y el estudio de la Biblia en las escuelas públicas y privadas,

Me pregunto entusiastas de convertir la Biblia en una especie de constitución moral del país si saben realmente lo que significa, que tiene religiosa y profana, la ficción y la historia, ya que es una producción realizada durante de mil años y que lo que representa, en realidad, es el gran drama de la Humanidad hacia su destino, con sus tonterías y virtudes, sus bajezas y sublimidades. En la Biblia se narran lo mejor y lo peor del ser humano, sus victorias y sus derrotas. Si hay un libro que es más que un libro, y por lo tanto difícil de analizar, es la Biblia. Tan complejo que sobre él existen hoy más de un millón de obras especializadas.

Si no fuese trágico, sería cómico creer que la lectura de la Biblia, por sí, ayudará a los niños de las escuelas a «resolver sus dilemas morales y éticos» en el día de hoy. Los evangélicos que parecen tan alérgicos a los temas sexuales, por ejemplo, tendrían dificultad en explicar a los niños escenas como aquella en que las hijas de Lot emborracharon a su padre para acostarse con él y así poder tener descendencia. O aquella en que el santo rey David, después de enamorarse de la joven esposa de un soldado, manda ponerlo en la primera fila de la batalla para que él muera pronto y así el rey pueda quedarse con la muchacha, como acabó sucediendo.

Un movimiento sísmico parece sacudir a Brasil en busca de soluciones bíblicas para sus males, mientras minimiza la Constitución laica y las libertades que proclama. El escritor chino Gao Xingjian, Nobel de Literatura en 2000, dijo en una r ecientes una entrevista con este diario que el mundo necesita un «nuevo Renacimiento»como lo que surgió después de las tinieblas de la Edad Media y que abrió camino a la modernidad. Brasil, con sus nostalgias teocráticas ya superadas hace siglos en Occidente, parece preso en las sombras de la metáfora de la cueva de Platón. Por eso la renovación de los representantes del pueblo, el año que viene, se presenta tan crucial, o más, que la del presidente de la República. Al final, es el Congreso que dicta las leyes que deben gobernar el país. El Congreso que ahora termina ya demostró que caminos quiere recorrer. Urge una nueva representación de Brasil mejor, aquel que se siente a la voluntad con el carácter laico del Estado y la total libertad de credo, que prefiere ser gobernado antes por la Constitución que por Dios.

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