Bragas para el obispo

Ya era hora de que nuestros pechos sirvieran para algo más que para ilustrar anuncios y vender productos de todo tipo. Los actos de Femen son irreverentes y subversivos, cambian el orden de lo que está establecido porque utilizan los pechos, ese elemento tratado siempre como objeto en las esferas públicas, para reivindicar derechos exclusivamente femeninos. ¿Qué más femenino que unas tetas? Pero no por ello deja de ser sorprendente que a estas alturas de la historia una mujer en toples provoque tantas reacciones. ¿No están llenas las playas de mujeres sin la parte de arriba del biquini? ¿No vemos pechos por todas partes, en el cine, en la televisión, en la publicidad? ¿No es esta la era de la pornografía? No hace falta buscar los pechos, zapeando a según qué horas de la madrugada no cuesta nada encontrar chicas que los enseñan.

Si estamos tan acostumbrados a la exhibición masiva de esta parte de la anatomía femenina, ¿cómo es que cuando salen las mujeres de Femen hay tanta gente que se incomoda? Sí, ya sé que no solo se desnudan sino que llevan mensajes pintados en la piel y gritan las consignas del movimiento, pero no me negarán que si hicieran todo eso con el torso cubierto el efecto sería totalmente diferente. En mi opinión, las reacciones que provocan son desproporcionadas, sobre todo cuando se dan en esferas religiosas, y demuestran que el machismo no es ni mucho menos una actitud desfasada. Lo deben encontrar obsceno e impúdico, y encima les debe doler que estas muchachas no les tengan el respeto que se merecen. La última acción fue lanzar bragas a Rouco Varela, una acción simple y en cambio genialmente obscena, impúdica e irreverente. Pero por mucho que hagan las de Femen, ningún acto suyo será tanto obsceno, impúdico, irreverente e indignante como el de querer volver a la utilización de la religión para controlar la sexualidad femenina.

Femen a Rouco

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