Bolivia: La Escuela de Héroes aplica valores de la Biblia con rigor militar

Este centro es parte de una iglesia que trabaja con personas de todas las edades. Busca despertar cristianos para tomar y transformar Bolivia. Insiste en el liderazgo, la disciplina para el éxito y la visión emprendedora. Funciona hace dos años y asisten unos 40 niños

Antesala de la Escuela de Héroes, en la calle Cochabamba y Manuel Ignacio Salvatierra, donde se prepara a los cristianos, desde niños, “para tomar sus naciones”.
Niños de nueve, diez o trece años pasan de tanto en tanto, recién peinados y con paso seguro. Algunos entran moviéndose al ritmo apagado que se cuela por la puerta, donde hay un letrero que prohíbe el ingreso. Al abrirla, sale una contagiosa explosión de sonido. Es el conjunto de la escuela, que ensaya una canción pegajosa que habla de Cristo; la melodía, onda Maná o Enanitos Verdes. “Pase”, dice el pastor Juan Pablo.

Sin excusas
La banda suena correcta. Arranca el tecladista, siguen las dos vocalistas muy concentradas, pero el baterista pierde momentáneamente el ritmo. Ensaya una explicación, pero el profesor lo interrumpe con voz firme, y se cuela el recuerdo del temible profesor Terence Fletcher, en la película Whiplash: “No pongás excusas. Concentrate”, le espeta.

Vuelve la música y el pastor Juan Pablo explica que en esa sala hay cultos de Sancap, siglas de la agrupación religiosa Santuario Cristiano Apostólico y Profético. Hay banderas de varios países en la sala, y un púlpito con adornos dorados. Ante los jóvenes y adultos que asisten al culto, Dorita (nombre supuesto), hija de una periodista, sorprendió a su madre al pronunciar su primer discurso. La oratoria es una de las asignaturas que se imparten en la Escuela de Héroes. Dorita estaba disminuida por el bullying que le hicieron en la escuela y hablaba poco. Cuando empezó a asistir a la Escuela de Héroes, su personalidad empezó a cambiar. Se hizo más asertiva, segura y expresaba sus pensamientos. “Ha cambiado”, celebra su madre.

Luis es otro de los papás. En uno de los cultos, se sorprendió al ver que su hijo, que nunca había mirado ningún instrumento, ya tocaba la batería.

¡Mediaaa… vuelt!
Comienzan la jornada fomentando el patriotismo. Cantan el Himno Nacional. Realizan una formación y ejecutan un protocolo militar. ¡Vista aaal fren! ¡A la deeeere! ¡A la izzzquier!
“Con el protocolo militar ya no se sienten niños. Se sienten grandes, importantes. Les gusta”, explica el pastor.

Un pequeño de unos seis años se acerca al pastor Juan Pablo. “¡Hola soldado!”, le dice, paternalmente. Está en el aula de reforzamiento escolar, pintando. Nadie le dice ‘pastor’. Todos lo llaman capitán Juan Pablo. Cada uno tiene un grado militar.

En la sala de inglés hay solo tres alumnos. Solo aceptan un máximo de cinco por aula, para que el método que utilizan rinda. Se usa el método EASL, o inglés como segundo idioma. En una salita contigua solo hay un alumno. Ningún profesor lo acompaña. Está concentrado en la segunda parte del programa de inglés, que se llama Rosetta Stone. Es un programa interactivo y personalizado. El estudiante, al que llamaremos Ricardo, continúa concentrado en la pantalla hasta que el capitán Juan Pablo le pide saludar. “¿Puedo decir mi discurso?”, pregunta el estudiante y empieza a recitar una entusiasta letanía. “Buenas tardes, mi nombre es Ricardo, de la Escuela de Héroes. Voy a hablar de la lealtad. “Lealtad es lo contrario a la traición. ¿Y qué es la traición? Es dar la espalda a alguien que hizo algo por ti. Debemos ser fieles a Dios… ahora le voy a contar qué dijo Cristo acerca de los desleales en Lucas capítulo 9 versículo 62… Debemos ser leales a Dios así haya persecución, hambre, pobreza o desnudez. Por eso me estoy entregando, para ser un soldado leal y digno para Dios”.

Ricardo tiene el grado de cabo. “Siga con su clase de inglés”, le pide el capitán, y Ricardo vuelve a su pantalla. “La lealtad es uno de los valores que se enseñan. Lo que ha escuchado es lo que él ha aprendido”, comenta el pastor-capitán.

Respeto a la ley. Honestidad. Patriotismo. Esos son algunos de los valores que se enseñan a unos 40 niños. Tienen entre cuatro y 14 años. Antes de que se admita a un nuevo soldado, los padres brindan un informe acerca de las condiciones en las que llega a la escuela. Ese informe escrito describe algunos problemas: “No hace las tareas”; “le cuesta levantarse”; “No quiere comer”.

Con esa información, la escuela sabe cómo encaminar a los nuevos. Todos los valores se imparten en talleres, con aspectos teóricos y prácticos.
En ese ambiente, la exdiputada Roxana Sandóval enseña oratoria. El mismo pastor fue su estudiante, y le está agradecido por haberlo ayudado a terminar la carrera de Ingeniería Petrolera. Si de él dependiera, no aceptaría la renuncia que Sandóval quiere presentar ante el Consejo de Profesores, a raíz del video en el que aparece con varios niños, que repiten “No a Evo” el 21 de febrero, día de la marcha de defensa del voto por el No a la repostulación de Evo Morales, respuesta ganadora del referéndum del año pasado.

Los padres estuvieron de acuerdo en que sus hijos vayan a la plaza. Ellos y también Sandóval dicen que se trató de un acto cívico, no político. Todos recuerdan que también el vicepresidente, Álvaro García Linera, pidió el año pasado a un grupo de estudiantes que “se pongan sus cartuchos de dinamita y boten a patadas a los vendepatrias que se llevaban la plata de los colegios”.

El código lo dice
La Secretaría de Desarrollo Social del municipio, de la que depende la Defensoría de la Niñez, sentó su posición: “Aunque los padres den la autorización, ninguna situación que permita que un niño sea objeto para situaciones politicas, está legalmente aceptada. Por encima de los derechos o decisiones de los padres hay derechos de los niños, y las autoridades van a hacer prevalecer esos derechos”, dice Rossy Valencia, secretaria de Desarrollo Social.

La defensora de la Niñez, Roxana Ortiz, cita el inciso e del artículo 153 del Código Niño, Niña y Adolescente, que prohíbe usar a niños como objeto de presión en conflictos sociales. La Defensoría actuó y después de hacer una evaluación sicológica y sociológica a los niños, se contactó con los padres y finalmente, remitió el legajo a los jueces públicos de Niñez y Adolescencia. Entre las sanciones, está la prestación de servicios a la comunidad y una multa de hasta 100 salarios mínimos, o un arresto de hasta 24 horas. El abogado de Roxana Sandoval, Juan Carlos Salame, asegura que hubo una infracción, no un delito, y que en su momento se lo reconocerá.

Juan Martín Pérez es ejecutivo de la Red Latinoamericana y Caribeña por los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, con sede en México. Establece la Convención de los derechos del niño que ellos deben tener acceso a información cierta y objetiva, que pueden expresarse y organizarse, pero que el video, según Pérez, muestra un adoctrinamiento “realmente cómico, que viola ese tratado internacional. Eso exige que la autoridad tome cartas en el asunto”.

Pérez dice que debe separarse la discusión política sobre el no y el si de este hecho concreto que fue filmado en la plaza. Lo reprobable es “que ambos bandos den un trato despectivo a los niños y niñas como incapaces de tener una opinión propia. Hay un claro uso político en este video. Que este triste ejemplo recuerde que los niños son ciudadanos, son inteligentes, tienen una opinión propia y que es oportuno que opinen en libertad, con información, y que su opinión sea respetada”

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