Blázquez dice que el Estado «no puede excluir lo religioso» de los ámbitos sociales porque sería «imponer el laicismo»

El presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, afirma que el Estado 'no puede excluir lo religioso' de los ámbitos sociales porque sería 'una forma de imponer el laicismo en la sociedad'. Además, tras manifestar su preocupación por la 'eliminación de símbolos religiosos', anima a defender las distintas manifestaciones que tiene la Navidad en la sociedad y la cultura 'contra los asaltos que padece'.
 

Esta reflexión se recoge en su habitual saludo navideño, titulado este año 'Navidad, fiesta cristina y cuna de humanidad', y que Blázquez inicia destacando que es una 'buena noticia' la llegada de la Navidad, una fiesta 'entrañable'.

'Quizá muchos la han olvidado o nunca la han conocido; quizá algunos han cambiado el contenido de la fiesta; quizá a unos se les ha desvanecido su significación; quizá otros la ven muy distante, perdida en el pasado de su infancia', reflexiona Blazquez añadiendo que 'merece la pena celebrar gozosamente el nacimiento de Jesús'.

En este sentido, Blázquez reconoce que le 'llena de preocupación' el 'goteo constante de noticias' que se dan últimamente sobre la 'eliminación de símbolos religiosos'.

El obispo de Bilbao afirma que la Navidad es una fiesta con 'múltiples' manifestaciones en la sociedad y en la cultura, 'que a nadie podemos imponer, pero debemos defender contra los asaltos que padece'.

Blázquez lamenta la eliminación de símbolos religiosos y se pregunta por qué se 'excluye y rechaza' ese patrimonio 'tan entrañable'. 'La justificación que a veces se aporta para eliminar, por ejemplo, crucifijos o nacimientos es poco convincente: Para que quienes profesan otra religión o son increyentes no se sientan molestos en el Estado aconfesional', añade.

En este sentido, asegura que el Estado, 'también el aconfesional como es nuestro caso', no puede excluir 'lo religioso' de los ámbitos sociales perdiendo referencias y símbolos de la religión, ya que sería 'una forma de imponer el laicismo en la sociedad'.

Blázquez advierte de que una sociedad, 'cuyos cimientos son profundamente cristianos, si renuncia a cultivar sus raíces, 'vivirá desarraigada y perderá vitalidad'. Añade que nuestras sociedades son 'en medida creciente pluriculturales y plurirreligiosas', ya que las migraciones caracterizan a esta época.

Al respecto, afirma que esa pluralidad no es respetada 'sumergiéndola en la invisibilidad, ocultándola en la privacidad y relegándola a la interioridad de cada uno'. En este sentido, defiende la necesidad de reconocer abiertamente 'la diversidad tanto de personas como de grupos, en la intimidad del corazón y en las manifestaciones sociales', y convivir 'respetuosamente unos y otros en el marco del bien común'.

'Sería un recorte indebido pretender conformar la vida social y ética sin los valores específicos de cada pueblo y cultura con el pretexto de que debemos ocultar lo más genuino para que nadie se ofenda. Si despojáramos a nuestros pueblos y ciudades de los testimonios que caracterizan su historia y cultura nos quedaríamos no con una sociedad más convivente sino una sociedad despojada y empobrecida', señala.

REFLEXION

Blázquez considera que a las actuales sociedades les urge reflexionar sobre las bases de la convivencia entre ciudadanos 'creyentes e increyentes, de una religión y otra'. A su juicio, la solución no puede ser 'recortar' el derecho a la libertad religiosa, reduciéndola 'a la conciencia personal, a la sacristía o a la privacidad', sino reconocer la pluralidad 'como una oportunidad y ayudar a que se armonice el derecho a la libertad religiosa con los demás derechos fundamentales del hombre que forman una especie de cosmos variado y libre'.

El presidente de la Conferencia Episcopal asegura que interesa a todos meditar acerca del 'lugar' de la religión en las sociedades democráticas, 'sin eliminar irrespetuosamente manifestaciones religiosas que no se imponen a nadie, sino que recuerdan la historia propia y la profundidad de las tradiciones legítimas de la sociedad donde se vive y convive'.

'¿Sólo podemos ofrecer a los inmigrantes un trabajo para ganar más euros que en su tierra de origen? ¿Dónde quedarían sus valores culturales y religiosos? En estas condiciones sería obviamente impensable un diálogo interreligioso y un enriquecimiento mutuo de las diversas tradiciones católicas', añade.

Por otra parte, Blázquez también destaca que la Navidad es el 'asombro permanente ante el misterio de la vida que nace y el fortalecimiento de la repulsa del aborto que mata silenciosamente miles de vidas humanas en el seno materno'.

'El ser humano no es producto de laboratorio, sino don sagrado. A cada hombre y mujer el mismo Dios nos dice: Recobra el gusto por la vida; no te sumerjas en el hundimiento de la tristeza; el Niño de Belén viene a comunicarte el sentido de la vida que recibimos como don y entregamos como donación generosa', añade.

Asimismo, señala que, si los ojos se purifican con la contemplación de Jesús, se puede mirar al entorno 'compasivamente'. 'Desde la adoración de Jesús nos acordamos de los matrimonios cuya convivencia es difícil, de las familias rotas, de las mujeres maltratadas y humilladas, de los niños que crecen sin amor. Belén es una medicina eficaz para la convivencia', afirma.

El presidente de la Conferencia Episcopal recuerda que en los últimos años se han recibido muchos inmigrantes y afirma alegrarse de que 'los cristianos que viven entre nosotros hallen no sólo el apoyo en sus necesidades económicas y sociales, sino también la acogida pastoral en las comunidades cristianas y parroquias'. Blázquez afirma que todos, 'ellos y nosotros', forman 'la misma familia de la fe'.

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