Bioética, nueva estrategia de la Iglesia

Los especialistas en políticas religiosas advierten que esa institución ya no se expone de manera directa, sino que forma cuadros para que intervengan en las discusiones. Su intervención en los comités de hospitales públicos

Desde hace un tiempo que en los debates sobre cuestiones de vida y muerte ya no hay tantas intervenciones públicas de hombres con sotana. Por estos días, especialistas en medicina o derecho “pro vida”, protagonizan discusiones televisivas y exposiciones en el Parlamento con discursos que, sólo unos años atrás, encabezaban directamente representantes de la Iglesia Católica o Evangélica. ¿En qué consiste este cambio? ¿Quiénes son estos médicos, abogados, especialistas en bioética?
Investigadores de las estrategias políticas de los sectores religiosos como la socióloga Gabriela Irrazábal del Grupo de Fortunato Malimacci, explican este fenómeno desde el “secularismo estratégico”: una forma progresiva de apelar a explicaciones científicas y jurídicas, antes que a la creencia, para ganar legitimidad en auditorios más plurales. La bioética, especialmente la corriente personalista, es uno de los principales recursos mediante la cual, no sólo se forman especialistas, sino además se participa en las decisiones sobre la salud pública, se interviene judicialmente y se aseguran aliados claves en el Parlamento. 
En Argentina, la bioética personalista –en tanto disciplina que se ocupa de los temas éticos vinculados a la salud, desde una óptica con un pronunciado signo religioso–, tuvo como pionera a la Universidad Católica Argentina (UCA). En diciembre de 1994, por orden del papa Juan Pablo II, la UCA creó su propio centro especializado donde actualmente se dicta una maestría en la disciplina. Su coordinador no es científico, ni laico. Se trata del presbítero Rubén Revello, líder de la Comisión de Seguimiento Legislativo de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).
Desde ese espacio confesional se capacitan profesionales de la salud y abogados para que intervengan en esferas de discusión, entre ellos, los comités de bioética de hospitales públicos. Y así, se ha vuelto usual encontrar a los integrantes del cuerpo docente del posgrado dirigiendo estos espacios. Por ejemplo, el  doctor Gerardo Perazzo es coordinador del Comité de Bioética del Hospital Vélez Sarsfield y co-coordinador de la Red de Comités de Bioética de los hospitales dependientes del gobierno porteño y la doctora Patricia Kuyumdjian de Williams es una de las profesionales que encabeza el Comité de Bioética del Hospital Ricardo Gutiérrez.

De la comisión de Seguimiento Legislativo que lidera Revello, también participa el especialista en “bio-derecho”, el doctor Nicolás Lafferriere, fundador del Centro de Bioética Persona y Familia. Este abogado es convocado como expositor en medios de comunicación y en jornadas del Congreso, y es citado como experto en bioética; jamás en tanto miembro de la CEA. Pero las aspiraciones del Centro de Lafferriere son explícitas. Según figura en su sitio web se busca “tener una permanente presencia en el ámbito de los legisladores, facilitándoles material científico, acompañándolos y apoyándolos en su tarea y nucleando a aquellos dispuestos a promover la vida, el matrimonio y la familia desde la legislación”.
Las Hermanas María de Schoenstatt, propietarias y directoras del Sanatorio Mater Dei, también tienen desde hace 14 años su propio Centro de Bioética “Padre José Kentenich”. A diferencia de los otros dos representantes de la CEA, estas religiosas no apuntan a la esfera política. “Entendemos que hay que sacar a la bioética de la Universidad y llevarla a la gente, porque ellos son los que toman las decisiones”, explicó a Tiempo Argentino, la Hermana Virginia Perera, miembra fundadora.

Ese espacio dicta un curso de posgrado en bioética clínica integral, que avala académicamente  CAECE –una universidad no confesional– y cuenta con el auspicio de la Academia Nacional de Medicina y la Asociación Médica Argentina. Según explicó la Hermana Perera, entre sus docentes, se encuentran el director de asistencia médica del CEMIC, el doctor Oscar Mandó y el doctor Jorge Luis Manrique, jefe de Servicio de Clínica Quirúrgica del Hospital Eva Perón.
Pero además, el centro Kentenich tiene cursos destinados a parejas, niños, jóvenes y docentes. “Damos herramientas para que los profesores puedan usar en el aula, para que le den respuesta a sus alumnos sobre temas como aborto, fertilización, y otras preguntas de la gente. Damos a conocer esta propuesta en colegios públicos y privados”, explicó Perera. A las parejas, en cambio, les enseñan el método sintotérmico de

planificación natural de la familia y recomiendan evitar todos los métodos barrera de anticoncepción porque “son sucios”, “interfieren con la progresión natural de la unión conyugal”, “reducen el placer del acto” y “tienen problemas de efectividad”. Para desincentivar al uso de anticoncepción, las Hermanas no apelan a concepciones religiosas. Las mujeres que los usan y quedan “expuestas al semen del futuro padre”, afirman, tienen “más del doble de probabilidad de desarrollar preeclampsia o toxemia del embarazo”, una de las principales causas de muerte materna.
Además de transitar por pasillos de universidades y hospitales, esta disciplina también recorre tribunales federales y locales. Un mecanismo muy aceitado es la presentación de escritos ante jueces afines para que esas sentencias sean luego fundamento de nuevas normas. El caso más paradigmático fue el del fallo “portal de Belén”, mediante el cual, en 2002, la Corte Suprema revocó la autorización del Ministerio de Salud y Acción Social y prohibió la fabricación, distribución y comercialización de la pastilla del día después.

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