Bendición «Urbi et Orbi» de Rajoy

La ética y la ejemplaridad exigidas por el Rey en su mensaje navideño, con el grano producido por el duque de Palma, representan dos cosas imprescindibles en la vida social, política o económica. Dos herramientas poco utilizadas, e incluso nada, por aquellos que deberían emplearlas firmemente y en provecho de la sociedad a la que se debe servir.

Menos mal que el Papa salió al ruedo con su sermón de Navidad y pide a Dios que nos socorra ante tantos conflictos. El Señor habrá tomado buena nota del ruego papal y seguramente estará pensando la forma de conceder la paz y la estabilidad al globo. Nada de violencia ni derramamientos de sangre en ningún sitio, sea en Siria o en otros lugares del mapa.

Así que no desfallezca el diálogo entre israelíes y palestinos y que exista reconciliación plena en Irak y Afganistán. Benedicto XVI implora por el bien común en los países del norte africano y de Oriente Medio. Que el hambre y la carestía en el Cuerno de África se palien con la ayuda de la comunidad internacional…

El Sumo Pontífice solicita al Altísimo que dé consuelo a las poblaciones que sufren catástrofes naturales, o que ganen el buen rollo y la protección de los derechos de la ciudadanía en todo el planeta. Naturalmente, Dios estará remangándose y entrará en acción para que las exhortaciones del Papa no caigan en saco roto.

De momento no hay noticias de que las cosas hayan cambiado ni perspectivas de que vayan a cambiar próximamente. “¡Sálvese quien pueda!” es la gran regla de oro, o de hojalata más bien, mientras no se demuestre lo contrario. Aquí no nos salvan ni Cristo, ni Dios Padre, ni Su Santidad pese a los esfuerzos ante miles de peregrinos alrededor del pesebre que se ubica en el Vaticano, lugar de residencia de Ratzinger.

Sí, Beatísimo Padre, uno de los grandes problemas es el orgullo de quienes se adueñan de la vida de los demás y toman las riendas de nuestro destino. La humanidad está enferma, sí, pero por culpa, en amplia medida, de los que nos meten en el laberinto, en el pozo, en el fango o en el túnel que ellos quieren. Y con nuestra venia.

La vía de la reconciliación y la colaboración está muy bien, Santidad, siempre y cuando la tendencia de los pueblos apunte hacia la equidad y la solidaridad. No puede haber una verdadera cohesión de otro modo. Los mayores pecadores se burlan de las arenas movedizas en las que cae la gente de a pie con el patrocinio de las altas finanzas, de los organismos que nos manejan y de los dirigentes mundiales o nacionales.

Ellos pisan fuerte en terreno sólido, rezan como buenos cristianos y llevan el aliento de Jesús en sus corazones. Recibida la bendición “Urbi et Orbi” podemos estar tranquilos. Nos ponemos en manos de nuestros salvadores para que ellos decidan lo que mejor nos conviene.

En eso están con los codos en la mesa. El primer parto del nuevo Gobierno se producirá el próximo día 30, instante en el que Mariano Rajoy, ayudado por la comadrona Sáenz de Santamaría, vicepresidenta, portavoz y ministra de Presidencia, dará a luz una treintena de medidas económicas urgentes.

La actualización de las pensiones, congeladas en 2011, es un granito de arena en medio de la borrasca que nos invade. Cínicamente pretenden ofrecer la imagen viva de la fraternidad y cepillarse a renglón seguido todo lo que lleve el aroma de una política social. Reducir el déficit público es la norma generalizada a cualquier precio. Los intereses de una poderosa minoría pisotean a la inmensa mayoría. Y no pasa nada.

Todos parecen felices y los indignados se han diluido por arte de magia. Exigían que la democracia fuese algo más que simple retórica. Pero han dejado de existir al parecer. Esto significa que el sistema democrático está mejor que nunca, que el personal participa en las decisiones y que la soberanía popular no sufre ninguna erosión.

Es decir, el buen gobierno y la transparencia no van a faltar con Rajoy al frente. El que tanto atacó los recortes de Zapatero y el que ahora está disponible para superarle con unas tijeras mucho mayores, dirigidas contra la resignada población, para salir de la crisis hundiéndonos más en ella a todos menos a los que tienen la sagrada misión de controlar a los ciudadanos.

Por otra parte, el manifiesto crítico de la ex ministra de Defensa, Carme Chacón, habla de un nuevo modelo que apueste por la igualdad y la solidaridad. Una plataforma en la que se unen voces que trasladan la idea de la movilización ciudadana y del compromiso político. El desarrollo global sostenible, la defensa del Estado de Bienestar, la lucha contra el cambio climático, el impulso de las energías renovables…

O un sistema financiero como instrumento, no como el objetivo último de la acción política. Una internacionalización del socialismo para contrarrestar las injusticias, erradicar la pobreza y el hambre en el mundo. Y que la diversidad cultural favorezca el entendimiento. Ya ven. Según la iniciativa, queda “Mucho PSOE por hacer”.

En fin. Las inocentadas no son sólo para el día de los Santos Inocentes. Nos aguardan muchas con el PP en La Moncloa y en las comunidades autónomas. El azúcar es sal, los caramelos están picantes, los polvos pica-pica no dejan de fastidiarnos y he ahí el inconfundible perfume de las bombas fétidas que amorosamente lanzan unos y otros. Nos cuelgan monigotes por detrás, nos hacen pedorretas cada día… ¡Ah! Y tomen en Nochevieja más de doce uvas de la suerte para que en el nuevo año no haya un próspero paro nuevo.

Marc Llorente es periodista y crítico de espectáculos

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