Bélgica se dispone a ampliar la eutanasia a los menores de edad

El consentimiento paterno será un requisito clave El 74% de la población apoya la medida El Senado deja para más adelante los casos de alzhéimer

Bélgica se dispone a abrir un capítulo inédito en la regulación de la eutanasia. Tras casi dos años de debate, el proyecto para extender esa posibilidad a los menores con enfermedades incurables ha entrado en su fase final. La iniciativa belga resulta pionera porque renuncia a establecer un requisito de edad para los menores que se acojan a esta solución extrema. El Senado debate también la aplicación de la eutanasia a enfermos de alzhéimer, aunque esta opción está mucho menos madura.

Bélgica es uno de los pocos países europeos —junto a Holanda, Luxemburgo y Suiza— que tiene regulada la ayuda a quienes eligen morir porque padecen una enfermedad incurable. La ley se aplica desde 2002 para adultos que han expresado la voluntad de morir al experimentar un sufrimiento físico o psíquico que no se puede aliviar. Entonces quedaron fuera los menores, pero las reiteradas demandas de los médicos para regular este vacío legal han devuelto la cuestión a las Cortes.

El interés belga por la eutanasia y el alto grado de aprobación que suscita en todo el país han permitido abordar abiertamente un asunto tan espinoso como el fin planificado de la vida de un menor. El senador socialista Philippe Mahoux, uno de los principales impulsores de los cambios y cirujano de formación, defiende la necesidad de hablar de ello sin prejuicios: “Lo que es violento no es hablar de practicar la eutanasia, sino de que haya niños con enfermedades incurables, que sufren un dolor irremediable”.

La mayor parte de la población respalda esta visión. Un 74% de los belgas son favorables a esa extensión a los menores, según un reciente sondeo publicado por el diario La Libre Belgique. El porcentaje subía al 79% para el caso de los enfermos de alzhéimer. La expectación suscitada ante este asunto llevó a televisar las numerosas comparecencias de expertos que ha habido en el Senado, el órgano con iniciativa legislativa en Bélgica.

Uno de los elementos que más debate ha suscitado es el relativo a la edad del menor. Frente al modelo holandés, que deja la decisión en manos del menor entre 16 y 18 años y exige el consentimiento paterno para casos entre los 12 y los 16, el legislador belga ha preferido no fijar límites. La condición será que tengan “capacidad de discernimiento”, un criterio que, además del médico que se enfrente a un caso de ese tipo, deberá evaluar un psiquiatra infantil. En la actualidad, los menores emancipados (a partir de 15 años) ya pueden someterse a una eutanasia sin permiso paterno.

“Soy totalmente favorable a esta opción con las garantías que se han establecido y siempre que exista consentimiento paterno”, explica Bernard de Vos, delegado general de los derechos del niño en la región francófona del país. Jacqueline Herremans, presidenta de la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente, abunda en lo acertado de no fijar una edad, pues “hay niños que tienen una madurez terriblemente impresionante tras vivir esas experiencias”.

El apoyo de casi todos los expertos que han intervenido en el debate público invita a pensar que el Senado votará este dossier antes del fin de la legislatura, para las elecciones generales de mayo. De momento, solo dos formaciones se oponen: la extrema derecha (el Vlaams Belang) y los democristianos de la CdH. Los senadores de ambos grupos representan el 11% de la Cámara.

Francis Delpérée, líder de los democristianos, explica con precisión sus reticencias a esa idea. Lejos de criterios ideológicos —Delpérée aclara que está de acuerdo con la ley de la eutanasia—, su objeción alude a que incluir en estos supuestos a los menores implica transgredir un elemento fundamental de la norma, que se basa en la voluntad de una sola persona, el enfermo. “Al concurrir personas suplementarias, los padres del menor en este caso, cambia completamente la filosofía”, razona. Este político considera suficientes las alternativas que ya existen: aplicar cuidados paliativos o sedaciones aceleradas, entre otros.

La importancia que Bélgica otorga a este asunto no deriva tanto del número de casos registrados como de su crudeza y de la necesidad que sienten los médicos de contar con un respaldo a una práctica que en muchas ocasiones se practica bordeando los límites de la ley. Cada año se registran algo más de 1.000 eutanasias, el 1% del total de muertes, según datos oficiales, que muestran un importante aumento en los últimos años. Aunque no existen cifras relativas a menores, uno de los estudios presentados ante el Senado revela que, en un 40% de las muertes de menores por una enfermedad incurable, los médicos tomaron alguna decisión de interrupción del tratamiento que mantenía al menor con vida.

Si la eutanasia infantil tiene muchas probabilidades de salir adelante en los próximos meses, trasladar esa posibilidad a quienes sufren de alzhéimer parece más lejano. Hasta ahora, el enfermo debe estar consciente al tomar la decisión o haber firmado un consentimiento previo que tiene una duración de cinco años. El senador Mahoux admite que el marco legal es insuficiente, pero no cree que aún exista el acuerdo necesario para cambiarlo.

Una práctica de escasa regulación

• Holanda. Los Países Bajos aprobaron la ley de eutanasia en 2001. Su regulación pone las bases para los pocos países que la han sucedido. El paciente debe sufrir una enfermedad incurable y haber manifestado cuando estaba lúcido su voluntad de que un médico le quite la vida con una combinación de medicamentos. Incluye a enfermos psiquiátricos y a menores a partir de los 16 años, involucrando a los padres en la decisión. Entre los 12 y los 16 los menores pueden solicitarla, pero es necesario el consentimiento paterno. En el caso de bebés, existe un protocolo que obliga a confirmar que el recién nacido está sentenciado a morir y con grandes dolores.

• Bélgica. Aprobó su ley en 2002, en paralelo a una promoción de los cuidados paliativos. Los requisitos son muy similares a los holandeses, pero incluye el suicidio asistido por un médico. No se aplica a menores.

• Luxemburgo. Tiene ley desde 2008.

• Suiza. La legislación helvética no permite la eutanasia, pero no prohíbe el suicidio asistido. La diferencia es que el médico solo puede facilitar los fármacos, pero no suministrarlos. Es el propio paciente el que debe tomarlos por sus medios, lo que excluye a incapacitados o personas inconscientes y en coma.

• España. Ni la eutanasia ni el suicidio asistido son legales. Sí se permite la sedación terminal: dar medicación para calmar dolores insufribles aun a costa de que acorten la vida.

• Colombia. El Constitucional sentenció en 1998 que la eutanasia es un derecho fundamental, pero las leyes no lo recogen.

eutanasia a menores

El debate para extender la eutanasia a los menores en Bélgica dura ya dos años. / sebastian rose (getty)

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