Bautizo civil contra nadie

Madrid ha celebrado el primer bautizo civil. Ocurrió el pasado jueves y el protagonista fue Leo, hijo de la actriz Cayetana Guillén Cuervo. La noticia ha sido recogida ampliamente por los medios, y no ha tardado en suscitar un vivo y hasta agrio debate. Pero, ¿por qué? No acabo de comprender por qué hay un sector de la ciudadanía -muy amplio, sin duda- que está a la que salta y que considera que todo lo que se hace en esta sociedad tiene como única finalidad agredirles a ellos.

Son los mismos a los que les molesta casi todo: la aprobación del matrimonio homosexual, la aprobación de la Ley sobre el aborto, la aprobación de leyes que sirvan para que los familiares de muertos en la Guerra Civil -de uno y otro bando- puedan localizarlos en las cunetas donde permanecen para ser enterrados con toda la dignidad que merecen, etc, etc, etc.

Nada de lo mencionado, como tampoco la celebración del bautizo civil, pretende agredir a nadie. No va contra nadie, no se hace para molestar ni ofender a nadie. Se hace porque se trata de la profundización de derechos compartidos por una parte de la sociedad tan respetable como la que opina justo lo contrario, y porque -y eso es lo bueno- a nadie que no lo comparta compromete ni obliga a nada. ¿Por qué entonces hay tantas personas que se sienten acosadas, perseguidas, agredidas…? Creo que tienen un serio problema, que deberían hacérselo mirar.

El bautizo civil no tiene nada que ver con el Sacramento. No es una celebración religiosa, y no pretende imponerse, ni competir, ni suprimir de un brochazo los bautizos de la Iglesia católica. Se trata de un acto festivo y laico para dar la bienvenida civil a un niño a la ciudadanía y celebrar lo que ello comporta: que es libre e igual a los demás. No tiene ni pretende tener ningún efecto legal.

Es algo mucho más sencillo: ¿Por qué no nos podemos sentir orgullosos e institucionalizar un acto para celebrar que somos ciudadanos, con todo lo que nos ha costado serlo? No es una cosa que a los seres humanos nos haya dado la naturaleza. No, han hecho falta muchos siglos de lucha para conquistar primero el Estado liberal, después el Estado democrático y, poco a poco, la ampliación de los derechos de ciudadanía.

Somos ciudadanos desde hace sólo unos minutos en el gran reloj de la Historia. Hasta hace nada, hemos sido siervos o súbditos, todo lo más. Y basta mirar a nuestro alrededor para ver cómo miles de millones de personas viven bajo regímenes tiránicos en los que llegar a ser ciudadano es sólo una utopía.

Insisto: ¿Qué tiene de malo este bautismo, a quién ofende, por qué a muchos les ha sentado tan mal? En todo caso, quien no lo comparta podrá pensar que se trata de una bobería, de una "bufonada"… Pero la mayoría de las celebraciones y ritos en los que participamos por el hecho de pertener a una sociedad lo son.

Tampoco comprendo que se critique a Pedro Zerolo por haber oficiado el bautismo en calidad de concejal del Ayuntamiento madrileño. ¿Por qué pueden participar los alcaldes y concejales en actos litúrgicos religiosos y no van a poder hacerlo en actos cívicos, sin ninguna trascendencia jurídica, que encima suponen una exaltación de los valores democráticos que debiéramos compartir todos? ¿Por qué muchos se ofenden porque el concejal Zerolo dedique unos minutos de su tiempo a leer los artículos de la Convención Internancional de la Infancia de Unicef, y no dicen nada del tiempo que dedica su colega, la concejal Ana Botella -o quien sea, y del partido que sea, tanto monta- en ir de procesiones detrás de una imagen de la Virgen?

Por cierto, Leo, vete preparando…, que no has venido al mejor mundo de los posibles…

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