Bahae Eddine: «El salafismo yihadista es el que mejor aprovecha la vulnerabilidad de inmigrantes de segunda generación»

«A finales de los 90, en mi ciudad, Larache, convertirse en salafista se convirtió en moda. Era como una competición entre jóvenes y yo consumí su discurso»

«Por muy inmoral que parezca, una lucha efectiva contra el terrorismo yihadista no será efectiva sin la clara ilegalización y criminalización del pensamiento salafista», señala el experto en terrorismo

El autor de ‘Descifrando la mente del yihadista’ empezó a luchar contra el terrorismo en 2009, un año después de la muerte de su amigo en Irak «a balazos del ejército de EEUU por presumir de yihadista»

El mismo día de los atentados de Casablanca en 2003 en los que murieron 45 personas, el padre de Bahae Eddine Boumnina aplicó medidas «disciplinarias y correctivas». Boumnina tenía 17 años y era un islamista fundamentalista «a las puertas» del salafismo yihadista. Entonces su padre le obligó a quitarse la barba y la chilaba y le cambió las lecturas salafistas radicales por el código penal. «Desde finales de los 90, en la ciudad donde crecí, Larache (Marruecos), se volvió una moda convertirse en salafista. Era como una competición entre los jóvenes», cuenta Boumnina, ahora convertido en experto y referencia en la lucha antiterrorista.

Decidió utilizar sus conocimientos en radicalización para combatir el terrorismo en 2009, tan solo un año después de recibir la noticia de que el «estúpido» de su amigo había muerto en Irak «a balazos del ejército de EEUU por presumir de yihadista». Desapareció de un día para otro y no supo nada hasta un año más tarde, «cuando vino la policía marroquí para recoger el ADN de sus padres y cotejar el cadáver». Ahora Boumnina, mientras expulsa el humo de su cigarro, recuerda cuando su amigo, medio en broma medio en serio, le dijo: «¿Vamos a Irak o qué?». «Estás flipando», le contestó sin darle demasiada importancia. «Creo que un par de semanas después se fue a Irak a combatir con Al Qaeda».

Boumnina, delegado de Marruecos en CISEG (Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global), ha colaborado con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en materia terrorista y ahora publica su primer libro, ‘Descifrando la mente del yihadista’.

Empecemos por el principio, ¿qué es el salafismo?

El salafismo es una escuela dentro del islam suní que defiende la aplicación literal de los textos sagrados. La vinculación con la violencia no es directa. La violencia llega cuando la persona cree en la yihad como lucha armada para establecer el califato regido por la ley que supuestamente ha impuesto Dios a toda la humanidad. La clave aquí es pasar de la creencia a la acción, pero claro, toda persona que cree en estos conceptos es vulnerable y es imposible predecir cuándo pasará a la acción.

Hay que destacar que, dentro del salafismo, existen diversas corrientes y subescuelas, como la corriente ‘sururia’ o el wahabismo, entre otros. La diferencia entre ellas es puramente doctrinal, teniendo casi todas la misma interpretación de los conceptos más dañinos del salafismo.

Existe entonces una delgada línea entre lo que es la acción violenta, que evidentemente es ilegal, y el tener un pensamiento radical, que no es ilegal.

Por muy inmoral que pueda parecer, una lucha efectiva contra el terrorismo yihadista no será efectiva sin la clara ilegalización y criminalización del pensamiento salafista. Si nos limitamos solo a criminalizar la acción violenta del salafismo yihadista, estaríamos haciendo una labor equiparable a la reparación de daños.

El salafismo es la fábrica doctrinal del yihadismo o, dicho de otra forma, es el yihadismo pasivo. Por ello, no se puede penalizar solo el yihadismo activo como producto e ignorar el proceso de fabricación de ese producto.

El problema es que a día de hoy el bagaje jurídico no permite una lucha en la fase de prevención. Yo creo que sin cambios dentro de la ley y empezando con la Constitución, es imposible. Los terroristas, por ejemplo, se aprovechan de la libertad de confesión. Se aprovechan de que el Estado no puede entrar en las mezquitas a controlar el discurso. Esto quiere decir que no podemos controlar el adoctrinamiento, como pasó por ejemplo en Ripoll.

Cuenta en el libro que uno de los principales problemas en la radicalización en España y en todo el mundo es el tema de las prisiones ¿Qué solución existe?

El Estado no se ha dado cuenta hasta estos últimos dos años de que hay más yihadistas que salen de las cárceles de los que entran. Y esto es propio del desconocimiento de la doctrina salafista porque para el salafista yihadista la cárcel es un paso más. Incluso un objetivo. Cuando se detiene a un salafista yihadista, para él es como recibir la señal divina de Dios de que está en el camino correcto y tiene una misión dentro de la cárcel: radicalizar a más gente.

A Occidente esto le sorprende, pero al conocedor del salafismo yihadista no le sorprende. Es un desarrollo normal y natural que la persona entre pensando en el califato y salga pensando en atentar. Las cárceles españolas no están preparadas para tratar con este tema. De hecho se dan casos muy graves en los que se pone en el mismo módulo por ejemplo a un converso español radicalizado con uno que ha estado en Afganistán y detenido en Guantánamo, que para él es un ídolo. Además, a día de hoy no existe absolutamente ningún programa efectivo para combatir la radicalización dentro de las cárceles.

Esto quiere decir que dentro de unos años van a empezar a salir los salafistas yihadistas más peligrosos que tenemos en las cárceles españolas. Imagínate esta combinación con los retornados desde Siria. Yo repito que se acerca el invierno, como dicen en Juego de Tronos, porque dentro de entre cinco y diez años la cosa va a ser muy complicada.

El propio Abu Musab al Zarqawi, creador del grupo terrorista que posteriormente se convertiría en ISIS, se radicalizó en prisión.

No sólo Zarqawi. El primero que desarrolló la doctrina salafista, Ahmad bin Hanbal (780-855), desarrolló la doctrina dentro de la cárcel. Imam Ghazali (1057-1111), uno de los padres del salafismo clásico, también lo desarrolló dentro de la cárcel para unir a los musulmanes a defenderse del imperio. El imán Sayyid Qutb, de Hermanos Musulmanes, el padre espiritual o e Karl Marx, de los yihadistas actuales, lo hizo dentro de la cárcel. Luego ya tenemos a Zarqawi y a muchos más. Ellos incluso lo llaman la escuela del profeta Yussef. De hecho en el 2008 al Qaeda sacó en una revista un artículo doctrinal muy denso en el cual explica a los salafistas por qué la cárcel es una escuela.

Volviendo al tema de los Hermanos Musulmanes afirma que su islam político puede ser incluso más peligroso que el terrorismo de Daesh ¿Por qué?

Cuando tratamos con Daesh tratamos con un enemigo que sabemos qué busca y cómo lo busca. Cuando tratamos con un islamista de Hermanos Musulmanes de corbata, el cual nos vende que quiere integrarse, no sabemos realmente lo que esconde detrás si no entramos a analizar su doctrina. Desde el día en el que se fundó, la doctrina de La Organización Mundial de los Hermanos Musulmanes parte de una idea muy clara: establecer el califato. Si no se puede con la palabra y la política, se usará la espada y la guerra.

De hecho Al Qaeda nació de Hermanos Musulmanes porque no se conformaron con la visión de esta organización para crear el califato en el mundo. Osama bin Laden y Aymán al Zawahiri consideraron que les iba a llevar siglos y siglos y que tenían que pasar a la lucha armada.

Pero a menudo nos han presentado la idea de los Hermanos Musulmanes como islam moderno moderado.

No. Lo que hacen los Hermanos Musulmanes es islamizar la modernidad, no modernizar el islam. Modernizar el islam significa renunciar a aleyas del Corán que no son admisibles en nuestra sociedad, pero dentro de un contexto histórico que pertenece a los primeros siglos del islam. Ellos no renuncian a estas cosas, lo que hacen es coger algo moderno e islamizarlo.

Un ejemplo de esta tergiversación es el tema de la banca islámica. Yusuf Al Qaradawi, uno de los principales líderes intelectuales de los Hermanos Musulmanes, permitió en una fatwa que las bancas islamistas tratasen con Occidente a pesar de que el islam lo prohíbe. Qaradawi parte de la premisa de que Occidente es infiel, que estamos en guerra eterna con los infieles y que el dinero de los infieles pertenece por natura a los musulmanes. Entonces, cuando se hace una operación comercial de cualquier tipo con un occidental infiel, la ganancia que se obtiene es realmente la recuperación del dinero que pertenece al musulmán. Esta fatwa parte de un argumento extremista.

¿Cuál es la situación del Islam político salafista en España?

La facción más extendida en las mezquitas de España es la corriente salafista. Yo considero que este tipo de organización son trampolines hacia el salafismo yihadista. Tenemos por ejemplo a los Hermanos Musulmanes muy extendidos con decenas de asociaciones que dirigen mezquitas en todas las partes de España. También tenemos a los salafistas creyentes en la lucha armada, que es muy difícil detectarlos si no realizan ningún acto yihadista. Pero son más de lo que podemos pensar. La doctrina más extendida en España es el salafismo y si entras en varias mezquitas lo que vas a escuchar es las doctrina salafista.

En el libro recomienda implantar la asignatura del islam en las escuelas españolas ¿Por qué?

Me sorprende hasta a mí porque hace unos años estaba totalmente en contra. Sin embargo, tras analizarlo con detalle, creo que sería una protección contra la radicalización de los jóvenes. Prefiero que conozcan el islam desde una escuela en la cual se puede controlar el profesor, el programa, etc. a que lo conozcan dentro de una mezquita salafista o a través de Internet. Ellos van a consumirlo sí o sí y se trata de cómo podemos dirigir este consumo. Mejor hacerlo a través de la escuela.

En cuanto al peligro de la segunda generación ¿Por qué hay que poner un foco especial en ese tema?

Es un tema muy complejo, pero a grosso modo es un problema de identidad. No son completamente españoles porque muchos españoles no los consideran como tal, pero tampoco son del país de origen, por ejemplo marroquíes, porque los marroquíes no los consideran como tal. Entonces este dilema de identidad les genera una necesidad de que alguien les adopte y los que mejor saben aprovechar esta vulnerabilidad y necesidad emocional son los salafistas yihadistas. Y por eso muchos de la segunda generación caen en sus redes.

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