Avances de los conservadurismos religiosos, desde una perspectiva jurídica y sociológica

En el marco del seminario “Laicidad y Neoconservadurismos religiosos”, que se realizará esta tarde en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT, desde La Nota conversamos con Juan Marco Vaggione, uno de los disertantes, acerca del conservadurismo en la actualidad y los desafíos para las organizaciones de derechos humanos y feministas.

Esta tarde se realizará el seminario “Laicidad y Neoconservadurismos religiosos” en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT, a partir de las 17 hs.

17hs: “Laicidad, actores conservadores y discurso de la vida”, con Juan Marco Vaggione, Angélica Peñas Defago, y José Manuel Morán Faúdes.

19.30: “Procesos legales y neoconservadurismos religiosos”, con Mariela Puga, María Eugenia Monte y Soledad Deza.

Juan Marco Vaggione, doctor en Derecho y Ciencias Sociales y profesor de Derecho en la UNC, será uno de los disertantes durante la jornada. Desde La Nota conversamos con Vaggione acerca del conservadurismo en la actualidad y los desafíos para los grupos militantes por los derechos de las mujeres y diversidades sexuales.

Foto La Voz

¿Qué características adquiere el neoconservadurismo en el contexto actual de luchas feministas?

Ponemos el título de “neo” para poder caracterizar todas las articulaciones políticas que se dan desde el conservadurismo en relación a los movimientos feministas y de diversidad sexual. Es claro que reaccionan constantemente a los avances y a las políticas de estos movimientos. Esas reacciones yo las llamo “politización reactiva de lo religioso” y quieren captar-copiar algunas de las estrategias de los movimientos feministas. Entonces, así como los movimientos de mujeres fueron exitosos en poder incorporar el derecho de salud sexual y reproductiva dentro de los derechos humanos, los sectores conservadores están apropiándose de una construcción de derechos humanos que niega la posibilidad de esos planteos como derechos.

Un fenómeno del neoconservadurismo en nuestro país, que lo empezamos a presenciar en el momento del debate por la ley del aborto, es el que plantea la existencia de la “ideología de género”. Una forma de reducir todas las demandas de los movimientos feministas y de diversidad sexual a este rótulo, a este invento, para generar pánicos morales. Se trata de construcciones estereotípicas para contrarrestar la influencia cultural y política de estos movimientos.

¿Cómo interpreta el conservadurismo de Tucumán, teniendo en cuenta que es una provincia que se proclamó “a favor de la vida” y este año obstaculizó el acceso a una interrupción legal del embarazo a una niña de 11 años?

Yo creo que lo que realmente les preocupa es que el derecho exista. Porque en realidad las interrupciones de los embarazos se han hecho históricamente. No estamos ante un fenómeno nuevo. Lo que a estos sectores les preocupa es que eso se haga amparado por el derecho. Entonces más que la práctica en sí, da la sensación de que lo que les preocupa es que estemos cambiando el orden simbólico. Mientras sea secreto, mientras sea con culpa, nuestra sociedad está acostumbrada a tolerar ciertas prácticas.

¿Qué estrategias piensa que podrían llevar a cabo grupos y organismos en casos en los que la iglesia y grupos conservadores atentan contra los derechos humanos en general?

Yo creo que hay varios niveles. Hay uno que tiene que ver con la cuestión de la laicidad, es decir que nuestras democracias precisan profundizar la separación entre la iglesia y el estado. Es una asignatura pendiente de los países de la región y también de nuestro país donde la iglesia católica tiene un impacto muy directo sobre los gobiernos y los políticos.

Pero también hay otros lugares de impacto y de incidencia. Se trata de mostrar el pluralismo existente al interior del campo religioso, porque no es una lucha entre sectores feministas y de la diversidad sexual contra sectores religiosos. Al interior del campo religioso, hombres y mujeres católicas, evangélicas, también están de acuerdo con las legislaciones que amplían los márgenes de legitimidad para interrumpir un embarazo. Entonces ahí me parece muy interesante esa estrategia que se viene realizando por una organización como “Católicas por el Derecho a Decidir” que viene poniendo esto en la esfera pública hace mucho. Entonces el problema es de ciertos sectores religiosos dogmáticos y conservadores que quieren imponer su construcción de la moral sexual sobre la ciudadanía general.

Las mujeres católicas también interrumpen sus embarazos, son conscientes de ello y lo hacen de una manera voluntaria. Son decisiones pensadas, razonadas incluso desde sus propios sistemas de creencias religiosas. Y eso preocupa mucho a las jerarquías religiosas. La idea de que sus propios creyentes son los que de alguna manera están haciendo un cambio cultural y político muy fuerte en relación a estas temáticas.

¿Considera que las altas jerarquías religiosas van a ceder ante estas nuevas representaciones o que van a plantear estrategias aún más dogmáticas?

Idealmente lo que podría pasar, es que las jerarquías religiosas entiendan que la defensa de su moral debe hacerse al interior de sus comunidades religiosas y que sea allí donde se discuta sobre qué tipo de moral sexual van a defender. Pero las leyes son otra cosa, el derecho lo que busca es que convivamos en sociedades plurales. El derecho, lo que quiere de alguna manera, es alcanzar y cobijar la mayor cantidad de posturas polares y éticas existentes. Si bien cada una/uno tiene derecho a pensar lo que quiera sobre estas temáticas, cuando discutimos cómo queremos regular este tipo de situaciones, qué tipo de derechos queremos tener, ahí creo que es importante entender que las sociedades democráticas tienen que pensarse como sociedades plurales. Ahora lo que van a seguir haciendo, me temo, es influir sobre el sistema legal como un propósito central de su lucha.

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