Aumentan los funerales civiles en Gipuzkoa, que en 2008 ascendieron a medio centenar

las funerarias comienzan a ofrecer en sus instalaciones esta posibilidad a las familias. Las despedidas laicas en el territorio consisten en leer un poema o recitar unos bertsos a la persona fallecida.

Un sacerdote que concede el último adiós al fallecido. Cánticos religiosos y una misa para recordar al ser querido, cuyo alma, en el caso de las ceremonias católicas, ha abandonado la Tierra para dirigirse al cielo junto a Dios. Así son la mayoría de los entierros y funerales que se celebran tanto en Gipuzkoa como en el resto de Euskadi y que, sin embargo, están sufriendo un cambio en los últimos años. El cura se empieza a sustituir por los amigos y allegados del muerto, que le despiden de forma laica recitándole bertsos o poemas en un acto menos solemne que el que tiene lugar en una iglesia católica.

Donostia, Hernani, Eibar o Zarautz han constatado un aumento de este tipo de celebraciones, que en 2008 ascendieron a más de 50 en Gipuzkoa, según informan diversas funerarias del territorio. Este porcentaje, de momento, es menor que en ciudades más grandes del Estado español, donde en torno al 20% de los funerales son laicos. Mientras, en otros países europeos estos actos son más comunes, ya que aproximadamente un 40% de los entierros son aconfesionales.

Pese a que en Gipuzkoa el porcentaje todavía es mínimo, la idiosincracia de sus ciudadanos ha obligado a muchas funerarias a ofrecer a sus clientes la posibilidad de realizar funerales civiles, sin ningún tipo de connotación católica. Pero estos, todavía, siguen siendo privados y ningún ayuntamiento del territorio ha creado, de momento, un protocolo para resolver esta problemática. Tan sólo Eibar celebra despedidas no religiosas.

A pesar de que los entierros y despedidas ateas suponen sólo una parte residual de este tipo de celebraciones, las funerarias de Gipuzkoa aseguran que este fenómeno está aumentando con los años y prevén que en un futuro próximo se convierta en una situación normalizada. Ante la creciente demanda, estas empresas empiezan a ofrecer en sus propias instalaciones la posibilidad de llevar a cabo una despedida aconfesional, en la que no se incluye ningún tipo de símbolo religioso.

"Ahora se le pregunta a la familia qué tipo de acto quiere hacer. Si es atea, solemos disponerles de una habitación donde dan su último adiós al fallecido con música que, o bien traen ellos, o nos la piden a nosotros", afirman desde la funeraria de Zarautz, donde el año pasado organizaron más de diez actos civiles.

Pese a que este fenómeno está creciendo, las funerarias perciben un desconocimiento generalizado en la sociedad sobre las ceremonias de despedida aconfesionales. "La gente no sabe que existe esta opción y que también es una manera de dar el último adiós a su ser querido y, a su vez, de recibir el pésame de sus allegados", asegura Javier Orbegozo, propietario de otro tanatorio.

jóvenes Manuel Lizarza, de la funeraria Polloe, de Donostia, constata que las familias que solicitan estas ceremonias son o bien ateas o de gran tradición republicana o socialista. "Los actos civiles también tienen lugar cuando el fallecido es joven, ya que este colectivo cada vez cree menos en Dios", afirma. Por ello, esta empresa ofrece a los afectados una ceremonia "a la carta" que, o bien pueden organizarla ellos mismos o, por el contrario, la gestiona Polloe.

"Hace poco un grupo de personas contrataron a unos dantzaris para despedir a su amigo, al que le cantaron y bailaron", señala Lizarza, quien añade que al tratarse de una funeraria municipal, ésta tiene que dar la posibilidad de oficiar actos, según la demanda de los clientes. "La gente hacía un acto cívico a la hora de aventar las cenizas del fallecido, sin embargo, ahora también realiza estas ceremonias no religiosas, aunque se le vaya a enterrar en un panteón familiar", indica.

En Eibar, los funerales civiles son más comunes que en el resto del territorio, dada la gran tradición republicana y socialista del municipio. En este caso, se celebran las ceremonias en el quiosco Txaltxazelaia, frente al ayuntamiento, y muchas de ellas las oficia un concejal o, incluso, el propio alcalde, Miguel De los Toyos (PSE-EE). No obstante, si el fallecido no pertenece a este partido político también tiene derecho a utilizar el emplazamiento con el permiso del Consistorio.

El colectivo inmigrante que reside en Gipuzkoa, en especial, los musulmanes, también pide otro tipo de ceremonias para despedir a sus allegados. En la funeraria Polloe, ya han organizado varios actos fúnebres para esta comunidad que, según explican, los ofician sus propios familiares. Éstos cubren el cadáver o ataúd con una ropa determinada, purifican y lavan su cuerpo y ponen una corona sobre su tumba.

No obstante, el número de musulmanes en el territorio todavía no es muy amplio, por lo que no muchas funerarias se han visto en la tesitura de organizar estos eventos. "Las pocas veces que nos ha tocado hemos repatriado el cuerpo a Marruecos, donde ha sido enterrado", afirma Lizarza.

Pese a que este tipo de celebraciones comienzan ahora a estar en auge, ya cuentan con un largo recorrido histórico. "Siempre han existido ceremonias ancestrales tanto de matrimonio como de defunción. Son actos de cambios de situación, que han llevado a cabo los humanos desde hace siglos", explica el presidente estatal de la Unión de Ateos y Librepensadores, Albert Riba, quien critica que "la Iglesia Católica se ha apropiado de estas ceremonias históricas". "Lo venden como si fueran los inventores de estos eventos, pero no han hecho más que reciclar algo que ya existía desde hace miles de años", matiza.

jóvenes y religión Lo que ocurre es que ahora están empezando a conocerse, porque "los jóvenes cada vez están más desligados del catolicismo", según asegura Riba, quien reclama el derecho de los ciudadanos que no pertenecen a ninguna religión a celebrar una ceremonia civil de despedida.

Por el momento, parece que las funerarias han percibido este cambio en el pensamiento de la sociedad guipuzcoana y sus impulsores pretenden ahora que sean los consistorios los que reconozcan esta nueva realidad. De esta manera, los actos se convertirán en un servicio público y no deberán ser contratados a través de funerarias.

No obstante, estos eventos chocan con las tradiciones de algunos pueblos de Gipuzkoa como Aia o Zegama, por ejemplo, donde todavía se celebran los funerales de cuerpo presente y es la familia la que traslada el cadáver hasta el propio cementerio. Tras la ceremonia, todos los allegados suelen reunirse para comer y conversar sobre el fallecido.

"Lo bonito es que todos, creyentes o no, podamos despedir a la persona que se ha ido de la forma que nos gustaría, sin ningún tipo de imposición", matiza, por último, Riba.

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