Ateos, gracias a Dios

No quiero que con mi dinero se subvencionen obispos, antiabortistas, ni hipócritas amantes de linces

Estoy perdido, condenado y quiero mi excomunión. Yo, como mi admirado ateo Eduardo Arroyo, con el que comulgo en volterianismo y anticlericalismo, tampoco quiero que con mi dinero se subvencionen obispos, Conferencias Episcopales, ni católicos en las calles, ni antiabortistas furibundos, ni seguidores de un Papa que no quiere preservativos, ni hipócritas amantes de linces ni a ninguno de esa tropa. Me parecen herederos de aquella católica sociedad que se llamó "Ángel exterminador". Lo recuerda un querido ateo, el espiritual Gerald Brenan, en su necesario libro El laberinto español. Se fundó en 1821, conoció gran actividad bajo el obispo de Osma y con la finalidad de exterminar a los liberales. Entre otros logros, se mostraron orgullosos de la ejecución del maestro deísta Cayetano Ripoll, un hombre bueno, anticlerical y revolucionario. El arzobispo de Valencia, en su magnanimidad, en vez de quemarle vivo, se encargó de mandarle al patíbulo. Después le entregó al populacho fanatizado, que católicamente descuartizó y quemó al maestro. No quiero confundir a los católicos de hoy con los bárbaros de ayer, pero no me fío.

No quiero volver a los tiempos del impostor padre Claret, ni ver resucitar a otra Monja de las Llagas. No quiero que los ciudadanos razonablemente laicos caigamos en las garras de tropas de fanáticos entregados a la farsantería, en palabra del humanista y ateo Sergio Ramírez. No estoy solo, somos legión. Lo comprobé la noche en que premiaron con el José Manuel Lara al rojo, ateo, comunista -las desgracias nunca vienen solas-, buen padre, pro abortista y excelente escritor que es Isaac Rosa. Ciento cincuenta mil euros para que sus lectores se quiten miedos atávicos de este país de todos los demonios. Redonda mesa atea en la que comulgaban los editores Elena Ramírez y Jordi Herralde. Laica reunión donde el hombre de Anagrama recomendó la lectura del hedonista ético Michel Onfray. Un buen camino para descreídos es su vigoroso Tratado de ateología, querido catecismo de los que huimos de la fe para intentar ser mejores personas.

Laicos ateos que no queremos olvidar que, durante siglos, en nombre de Dios, a golpes de espada en una mano y en la otra una Biblia, exterminaron a creyentes y descreídos, abortaron vidas de pobres e inocentes seres humanos, se aplicaron en la tortura y el tormento, crearon la Inquisición, promovieron las Cruzadas, bendijeron masacres, exterminios, saqueos, violaciones, humillación, genocidios, etnocidios, explotaciones de hombres, comercio de mujeres y de niños. Negra iglesia que hoy llama a la rebelión contra la constitucional ley del aborto. Que ayer mostraba camaradería con los fascismos católicos. Los ateos, muchos gracias a Dios, nos merecemos un Gobierno que no subvencione a los católicos en guerra contra la razón.

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