Ataques a la fe

El ataque a un grupo de judíos ortodoxos en el barrio porteño de Flores se sumó a una serie de agresiones a símbolos religiosos ocurridos en las últimas semanas en distintos puntos del país. ¿Son hechos aislados? ¿Por qué se pro

COMENTARIO: Compartimos la crítica a la agresión violenta a una persona judía atacada por sus creencias, pero el resto del artículo es una defensa corporativa de las religiones a defender su derecho a no ser atacadas. El laicismo defiende la libertad de conciencia de las personas, sean creencias religiosa o no, pero no que las doctrinas no puedan ser objeto de crítica. Además se da el caso de que estas confesiones religiosas ocupan el espacio público, que es de todos, creyentes o no, de toda la ciudadanía y critican a quienes atacan sus símbolos colocados en el espacio públicos, sin darse cuenta de que han sido ellos los primeros que han vulnerado y atacado ese espacio común al violentarlo con la colocación de su simbología particular, muy respetable peero en su espacio particular (mezquita, sinagoga, iglesia,…


El respeto a los credos que capea en la Argentina -junto con una convivencia entre las religiones ejemplar- se empañó en las últimas semanas luego de una serie de ataques a símbolos cristianos en distintos puntos del país y de la violenta agresión a un judío ortodoxo que iba a una sinagoga en Buenos Aires. Algunos de esos episodios tuvieron una amplia difusión. Otros pasaron casi desapercibidos. Todos parecen haberse perdido en el fárrago noticioso cotidiano. Pero en los medios religiosos, a la par que encendieron luces amarillas, los casos suscitaron un incipiente análisis sobre la raíz de conductas tan deplorables y la coincidencia en la urgencia de que toda la sociedad -no sólo las comunidades atacadas- y los gobernantes tomen conciencia de su gravedad y se esfuercen para prevenirlos.

La saga de los ataques se inició el 23 de julio en Paraná cuando un monumento a la Biblia en una plaza apareció manchado con pintura negra y con la inscripción "Basta de símbolos religiosos en espacios públicos". Fue 48 horas después de su inauguración por parte de líderes católicos, evangélicos y ortodoxos. Siguió el 30 de ese mes en Rosario de la Frontera, Salta, con la rotura de la imagen de la Virgen de la Montaña -muy venerada en la zona-, arrancada con cables y ganchos de su gruta cuyo interior fue incendiado. Siete días después se sacó del estadio de Colón de Santa Fe una imagen de la Virgen de Guadalupe porque "le traía mala suerte" a su plantel de fútbol y todo indica que fue destruida. Finalmente, el 24 de setiembre un joven insultó y golpeó a un judío observante en el barrio porteño de Flores.

Para el presidente del Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (Calir) -una entidad compuesta por personalidades de las principales religiones-, el abogado Juan Navarro Floria, "una agresión intencional, premeditada y destructiva contra un símbolo religioso o un creyente es preocupante, aunque sea un hecho aislado. Y lo es más si se hace por odio o desprecio hacia una religión o a quien la practica (además de que ofende a todos, no sólo al agredido)". Considera que "son expresiones del deterioro de la convivencia entre los argentinos, de la creciente falta de respeto a la ley y a los demás, de la impunidad con que puede hacerse cualquier cosa en el país y de una generalizada degradación de los valores". Observa incluso que "la religión y el cristianismo en particular están bajo asedio". En este sentido, a su juicio, "hay una campaña de denigración por parte de sectores ideológicos".

La filósofa Celina Lértora Mendoza, del Instituto Superior de Estudios Religiosos (ISER), expone tres hipótesis sobre las causas de las agresiones: "El fanatismo religioso (de otra fe) o el antirreligioso, que se maneja con actitudes violentas o destructivas, reiteradas a lo largo de la historia; el miedo supersticioso, que cree en el poder maléfico de algunos signos o imágenes, y el abuso del principio de libertad y de tolerancia en un contexto social en que muchos, sobre todo los jóvenes, consideran que 'todo vale'". Y opina que "si bien las tres son deplorables e inaceptables, la tercera es la peor porque produce efectos muy disolventes en el tejido social y comunitario, evidencia un total desinterés por el lugar y el derecho del 'otro' y muestra una perversión más amplia que la esfera religiosa en la que se perpetra".

El pastor Tomás Mackey, de la Asociación Bautista Argentina, considera que aun cuando estas agresiones fuesen puntuales, "no suceden en el vacío. No es necesario recordar -señala- que hechos violentos de todo tipo con diferentes personas e instituciones ocurren a diario, y los ataques a los símbolos religiosos o personas religiosas no son una excepción". Y agrega: "Es claro que para algunas personas los símbolos religiosos, incluso las religiones mismas y sus propios fieles, incomodan y no generan el debido respeto". Cree, en fin, que estos casos deben ser motivo de gran interés porque "si queremos conformar sociedades donde se respete la libertad, todo ataque a los símbolos religiosos y a los creyentes y, en general, toda muestra de intolerancia religiosa viola derechos elementales".

La socióloga María Cecilia Galera, de la UCA, fue más allá al evaluar las agresiones. Galera -que encara una investigación sobre "Prácticas religiosas extrainstitucionales en el espacio público porteño"- cree que los ataques "no constituyen hechos aislados". Opina que "el hecho de que ahora tengan difusión no debe tomarse como novedad, sino que anteriormente acontecieron ultrajes sobre imágenes y grupos religiosos en espacios públicos". Para Galera, el embate contra el monumento a la Biblia "pone en debate la presencia de símbolos religiosos en espacios públicos y es contemporáneo con un proyecto para prohibirlos presentado en la Legislatura porteña". Y las agresiones en general "ponen de manifiesto la intolerancia religiosa que alberga nuestra sociedad, sobre todo hacia grupos minoritarios".

El presidente de la comisión de Relaciones Interconfesionales de la DAIA, Alberto Zimerman, cree que estos casos transcienden el menosprecio a lo religioso. A su criterio, "forman parte del poco respeto hacia el otro, hacia el diferente". Señala que el informe del Instituo Gino Germani que se conoció días pasados sobre las actitudes hacia los judíos en el país demuestra que ello "no sólo se da con los judíos porque, mientras el 30 % dijo que no viviría en un barrio que hubiera muchos judíos, el 40 % lo dijo en relación con los bolivianos". Por eso, para Zimerman, es clave que "toda la sociedad encare una campaña para que se respete a cada uno con su diferente forma de pensar".

Sin perjuicio de ello, Navarro Floria considera que ante estos episodios "todas las religiones deben hacerse oír porque es el valor de la religión misma y el sentimiento religioso el que fue atacado". Además, cree que "los gobiernos deberían actuar condenando estos hechos, afirmando el valor de la religión para la vida social y castigando eficazmente estos actos de intolerancia". También Lértora Mendoza cree que todas las confesiones, sobre todo las diferentes a la que fue víctima, deben condenarlos públicamente. "Pero es importante -opina- estudiar seria y profundamente este fenómeno social que tiene cada día más proyecciones".

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