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Así quedó impune el caso de mosén Jesús, el pedófilo errante que fue cura en Valderrobres

La Iglesia eludió investigar las denuncias internas que señalaban como presunto abusador de menores al párroco de un pueblo de Teruel que años después, tras colgar la sotana, admitió padecer un trastorno de “parafilia de tipo pedófila” para reducir su condena a prisión por sus tratos lascivos con otros niños.

“El arzobispo me preguntó en cuántos pueblos se sabía. Es un error que la institución actúe así. Lo peor que hay es ocultar la porquería y preocuparte de la imagen“, recuerda N. L. F., sacerdote que hace ya dieciséis años denunció por vía interna las sospechas sobre los presuntos abusos que otro cura destinado en Valderrobres (Teruel), J. M. O. L., habría cometido sobre varios catequistas de la localidad, un asunto cuyo abordaje eludió la Iglesia, que optó por trasladar al cura y dejarlo correr.

Esta historia no figura ni entre las que contabiliza la Iglesia católica en Aragón ni entre las que se encuentran abiertas en las fiscalías y juzgados de la comunidad, ya que las pesquisas fueron archivadas por prescripción hace cinco años y todo apunta a que en el primero de esos estamentos no llegaron a ser abiertas.Esta historia no figura ni entre las que contabiliza la Iglesia católica en Aragón ni entre las que se encuentran abiertas en las fiscalías y juzgados de la comunidad

Nunca hubo una verdad eclesiástica oficial sobre este asunto, más allá de las evasivas con las que doce años después despacharía el asunto la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores: “no está dentro de nuestra posibilidades y prerrogativas tratar casos particulares“, dejó escrito su secretario, el obispo Robert Oliver, quien, “entendiendo la gravedad de estas informaciones”, dejó claro que “la naturaleza de la misión” del organismo se limitaba a “proponer iniciativas para promover la protección contra la violencia sexual y ayudar a las iglesias locales a implementar las mejores políticas de prevención”.

“Toda la documentación que nos ha sido transmitida ha sido enviada a la Congregación para la Doctrina de la Fe”, añadía, al tiempo que ofrecía su colaboración, aunque con claros límites, “para lo que esté dentro de mis posibilidades”.

Era 2018. Un año antes, cuando la guerra de las sotanas que estalló en la etapa de Manuel Ureña como arzobispo de Zaragoza seguía estremeciendo las estructuras eclesiásticas de la comunidad, la Rota, el máximo tribunal del catolicismo, se había interesado de nuevo por el tema, aunque con el mismo resultado.

Roma locuta, causa finita, reza la máxima del derecho canónico, paradójicamente compatible, en este caso, con el atronador silencio por el que Roma optó en este asunto. Tanto primero Ureña, uno de los pocos arzobispos cesados por el Vaticano en la modernidad, como después su sucesor, Vicente Jiménez, también dejaron correr el tema, según explican fuentes de la curia.

Las crudas verdades judiciales de mosén Jesús

Sí hubo, en cambio, varias verdades judiciales y policiales sobre lo ocurrido en Valderrobres: un sobreseimiento por prescripción en el Juzgado de Alcañiz (la causa se abrió a los ocho meses de caducar el presunto delito), otro anterior en la Fiscalía de Zaragoza por la supuesta falta de contundencia de las pruebas y un atestado policial en el que varios testigos dan a la Policía Judicial de la Guardia Civil su versión de unos hechos de cuyas conclusiones la Iglesia nunca dio razón a los denunciantes.

También hubo, entre la primera denuncia interna y esas decisiones de las curias, alguna verdad judicial más, en este caso en Pamplona, donde, según informó Noticias de Navarra, Jesús M. L. O., que antes que cura en Zaragoza había sido jesuita en Tudela, admitió en 2013 padecer una “parafilia de tipo pedófila” y confesó haber abusado de varios niños del equipo de fútbol que entrenaba en esa localidad, a los que efectuó tocamientos en los genitales.Jesús M. L. O. admitió en 2013 padecer una “parafilia de tipo pedófila” y confesó haber abusado de varios niños del equipo de fútbol que entrenaba en esa localidad, a los que efectuó tocamientos en los genitales.

Esas confesiones permitieron a su defensa cerrar un acuerdo con la Fiscalía y aceptar una condena de dos años y medio de prisión que rebajaba notablemente los más de diez que inicialmente reclamaba el ministerio público para él. Antes, el juzgado de instrucción le había prohibido, como medida preventiva para evitar nuevos episodios de abusos, acercarse a menos de 200 metros de parques, ludotecas, colegios, bibliotecas y lugares en los que pudiera haber niños.

Jesús M. O. L, que había dejado de ser mosén al colgar los hábitos para comenzar a ejercer como entrenador de equipos de fútbol base, había vuelto a ser noticia mientras le investigaba el juzgado de Tudela. Ocurrió cuando, en su eterno errar, se asentó en Carral (A Coruña), donde, tras ser alertado por la Xunta, un colegio llegó a advertir de su presencia a los padres mediante una circular, tal y como recogió La Opinión.

Los presuntos abusos de Valderrobres

“Era un tema muy escabroso”, explica Agustín García, abogado madrileño que intervino en el comienzo de las investigaciones del episodio de Valderrobres en Zaragoza y Alcañiz. “Estaban todos al tanto, pero nadie hizo nada“, señala en referencia a la actuación de las autoridades eclesiásticas.

“Hablaron conmigo unas madres preocupadas, y se lo comenté al vicario, que me dijo que antes de hacer nada tenía que investigar si eso era así“, recuerda N. L. F., que entre agosto y octubre de 2006 coincidió con mosén Jesús durante el breve, y a la vez conflictivo, paso de este por la atención de las doce parroquias adscritas a Valderrobres.

Tras contactar con alguno de los muchachos a los que frecuentaba su compañero “ví claro que era un tema de abusos”, narra, y “hablé con Jesús. Él no me lo ocultó. Me dijo que sí y que el [arz]obispo lo sabía”. Sin embargo, añade, después de comentarlo con el vicario de la zona y con el propio Ureña, al final “la Iglesia trasladó el problema, pero no lo resolvió”.

“Un cura puede tener problemas con los niños, pero eso deben saberlo sus compañeros y tiene que recibir un tratamiento y estar alejado de los muchachos“, apunta el sacerdote, mientras recuerda que, tras una baja, “llegué en agosto [de 2016] y en octubre ya lo echaron. Debió ser algo muy notable”.

“Me sorprendió la seguridad con la que hablaban”

Nueve años más tarde, cuando en 2015 la guerra de las sotanas saltó a los medios de comunicación, “me decidí a denunciar porque ví por dónde iban los derroteros del arzobispado”.Las investigaciones abiertas a raíz de la denuncia acabaron sobreseídas al haber pasado más de una década

Sin embargo, las investigaciones abiertas a raíz de su denuncia y las de algunos familiares de los catequistas acabaron sobreseídas al haber pasado más de una década entre los hechos bajo pesquisa y la eventual imputación del denunciado, lo que supone que había prescrito cualquier posible infracción penal.

La denuncia del cura narra cómo tras “acoger en la diócesis como sacerdote” Ureña a Jesús M. O. L. una vez dejó los Jesuitas de Tudela y destinarlo a Valderrobres y su comarca, le extrañó e incomodó “que se trajera a los chicos de catequesis y del pueblo a estar con él en la sala de nuestra casa a jugar con el ordenador y videojuegos y para ver la televisión en lugar de hacerlo en el salón parroquial”.

Dos madres le hablaron poco después de sus sospechas acerca de los tocamientos que presuntamente mosén Jesús habría hecho a sus hijos. “Me sorprendió la seguridad con la que hablaban y el sufrimiento y la preocupación que mostraban al decírmelo”, reseña.

“¿Contárselo a nuestros padres? ¡No nos creerían!”

Les ponía películas pornográficas y que el cura se encerraba con algunos de ellos en su cuarto para verlas

Unos meses después, cuando Mosén Jesús fue trasladado, varios chicos le comentaron la marcha entre risas. “Pero si mientras jugábamos al fútbol siempre estaba empalmado. Todos lo veíamos”, recuerda que le dijeron, antes de responder, cuando les preguntó por qué no lo habían denunciado, que “¿a quién se lo íbamos a contar? ¿a nuestros padres? ¡No nos creerían!”. También le explicaron que les ponía películas pornográficas y que el cura se encerraba con algunos de ellos en su cuarto para verlas.

Uno de los chicos declararía diez años después ante la Guardia Civil que mosén Jesús le había sometido en varias ocasiones a tocamientos en los genitales tras llamarlo a un aparte cuando estaba jugando con otros niños y sentarlo sobre sus rodillas mientras veían algo en un ordenador.

Esos testimonios no tienen, por sí solos, carga incriminatoria suficiente para condenar a alguien, pero sí para llevar al banquillo al denunciado y enjuiciar su conducta en un marco penal. Sin embargo, las normas procesales impidieron que eso llegara a ocurrir a pesar de que el atestado de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Alcañiz incluye otras versiones de carácter incriminatorio para el cura.”Nos aseguraron que no hacía falta denunciar porque lo sacarían de cura”, señaló una de las madres

“Le pedimos al vicario que no tomaran como solución el que movieran a este sacerdote a otro lugar porque si no era así, nosotras estábamos dispuestas a ponerle una denuncia, y ellos nos aseguraron que no hacía falta denunciar porque lo sacarían de cura y le ayudarían, para solucionar las cosas amistosamente. Pero no fue así por la situación que luego hemos visto”, señaló una de las madres.

Otra de ellas denunció ante la Guardia Civil cómo, al ver en televisión una noticia sobre abusos sexuales, su hijo “de forma espontánea dijo que a él le estaban ocurriendo cosas iguales” y se “incomodó mucho” cuando le preguntó “si era el nuevo cura el que le estaba tocando”. No obstante, continúa, el muchacho, entonces de once años, le contó “que a él también le estaba tocando el nuevo cura” cuando le comentó las sospechas de otra vecina sobre lo que podía estar ocurriéndole a su hijo.

“El obispo Manuel Ureña fue posteriormente en una ocasión a Valderrobres para inaugurar las reformas de la iglesia pero no se interesó por los hechos denunciados ni por las víctimas“, añadió la mujer en su comparecencia ante la Policía Judicial.

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