Asamblea Mundial de Religiones por la Paz: El futuro pinta mal para las Iglesias de la antigua ‘Europa cristiana’

En Alemania, solo una de cada diez personas opina que la religión es muy importante. En Francia, es el once por ciento. En Zambia, no obstante, la situación es diferente: más del 95 por ciento de las personas dicen ser cristianos, y cada vez hay más. Iglesia, familia y Estado, muy vinculados en Zambia

Sobre el escenario, los representantes de diferentes religiones se dan la mano. El público está vestido con ropa colorida, kimonos y también trajes negros. La décima asamblea mundial de «Religiones por la Paz» en Lindau, en el lago de Constanza, con participantes de 125 países es un pequeño cosmos.

Uno de los asistentes con traje es el obispo católico David Masupa. Este hombre de 59 años es el presidente de las «Iglesias Independientes de Zambia», una organización ecuménica con más de 1.500 iglesias y alrededor de los 200.000 fieles.

Cada año son más, asegura:

«En Zambia, tenemos una clara difusión de la fe cristiana. Cada mes recibo solicitudes de al menos diez iglesias que quieren unirse a nosotros».

En la misma sala y a pocos metros de distancia, está sentado el sacerdote católico Franz Brendle. Este dirigió una comunidad católica cerca de Ludwigsburg y hoy es el presidente del departamento alemán de «Religiones por la paz».

También está entusiasmado con el evento de cinco días de duración, pero no puede hablar con el mismo entusiasmo de la Iglesia en Alemania:

«A menudo, los domingos soy el sustituto en las iglesias y, a veces, soy casi el más joven con mis 78 años. Es un poco deprimente y vergonzoso para mí».

Franz Brendle

Franz Brendle

«En Europa occidental, el vínculo con la iglesia está disminuyendo»

Franz Brendle no es el único. En Europa occidental, el número de personas que pertenece a la confesión cristiana, continúa disminuyendo cada año. Según el renombrado Centro de Investigación PEW, Solo Grecia, con un 56 por ciento, eleva el promedio europeo.

«En toda Europa occidental vemos que el sentimiento de apego a la Iglesia está disminuyendo», dice el sociólogo especializado en religión Detlef Pollack, quien cree que la gente en Europa hoy puede decidir mucho más sobre su vida que antiguamente: «Esto se puede aplicar a todas las áreas de la vida, desde la elección de una pareja sentimental hasta la elección de una carrera y también a la esfera religiosa».

Estas nuevas libertades son incompatibles con la Iglesia, que a menudo se percibe como una institución autoritaria.

El sacerdote Brendle comparte esta opinión:

«Estas estructuras jerárquicas, especialmente en la Iglesia católica, ya no son aceptadas por los jóvenes de hoy».

David Masupa

David Masupa

Iglesia, familia y Estado, muy vinculados en Zambia

En Zambia es totalmente diferente. Especialmente los jóvenes parecen estar agradecidos con su Iglesia, porque ayuda a muchos de ellos a encontrar una formación profesional o un trabajo.

La institución está bien conectada en el país, explica el obispo Masupa. Él mismo es el presidente de algunas instituciones públicas y privadas. Esta ayuda tiene mucho valor en su país y aunque la tasa de desempleo es oficialmente solo del ocho por ciento, Masupa se queja de serios problemas sociales y económicos: la gente bebe más, y la violencia sexual ha aumentado.

«Las iglesias juegan un papel muy importante en la absorción de las quejas de la sociedad».

Pero además de la Iglesia, las familias también juegan un papel importante en la difusión de la fe cristiana en muchos países africanos, explica Pollack, porque a diferencia de Europa, en Zambia no hay Estado de bienestar. Son los familiares los que se preocupan por ellos mismos.

«Las familias tienen una posición fuerte y, por supuesto, a través de ella se transmite la religión. Son estructuras de las que no se puede salir fácilmente», aclara.

Una dependencia social y financiera que contrasta con la libertad individual de los europeos.

Este contraste revela mucho de lo que realemente ocupa a la Iglesia mundial católica y de lo que se puede percibir en las conversaciones en Lindau.

Precisamente esa libertad es la que deberían tomar en serio las iglesias en Alemania, según el sacerdote Brendle, para poder entusiasmar de nuevo a la gente y que esta se acerque a la Iglesia. Pide, además, más voces en las iglesias y más acercamiento a los miembros.

Es decir, la Iglesia debe hablar el idioma de las personas y no aferrarse a las liturgias tradicionales, sino adaptarse a los tiempos que corren: permitir que las mujeres se conviertan en sacerdotisa y los hombres casados en sacerdotes.

El obispo Masupa no tiene que lidiar con estos problemas, porque ser moderno, dice, significa ser cristiano en su propio país. Para ello hay un mensaje claro: «La fe cristiana da esperanza a la gente de Zambia, espera que Dios los cuide y que enfrente los problemas actuales».

Está seguro de que esta creencia continuará acompañando a las personas durante muchas décadas.

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