¡Arzobispo:a su misa!

La iglesia católica mantiene una enorme influencia sobre el Estado dominicano. A lo largo de la historia, la jerarquía católica ha actuado como una fuerza intervencionista estableciendo lineamientos supranacionales en el país. En un caso hasta ocupando la presidencia de la República, en otros mediante procesos de acuerdos con militares golpistas ha logrado eliminar gobiernos,así como instalar otros.

La dictadura de Rafael L. Trujillo firmó con el Vaticano un Concordato. Un acuerdo de naturaleza política y económica. El Vaticano es considerado como un estado, pero no hay pueblo, entonces  no hay un estado configurado, ni un concepto de nación, más bien lo que hay estructurado es un conglomerado de jerarcas y burócratas que administran una religión.

Los fines del estado vaticano y del estado dominicano son pues diferentes.  El primero se maneja como una corporación y el segundo tiene un gobierno que responde a un pueblo.

Mediante el Concordato se le brindan a la iglesia múltiples exoneraciones, se le permite decidir el sistema educativo dominicano, se le paga dinero a los obispos, a las diócesis, el estado le entregó todas las edificaciones en que opera la iglesia y le construye otras.

Casi todas las naciones que firmaron concordatos con la iglesia han optado por cambiarlos o suprimirlos.

Traigo esto a colación por el alboroto formado por la designación del nuevo arzobispo de Santo Domingo Francisco Ozoria Acosta. Acontecimientos del pasado sitúan al arzobispo Ozoria como defensor de los haitianos, se le atribuye prohijar y apadrinar acciones y pronunciamientos del padre Hartley, quien constantemente acusaba a los dominicanos de racistas y maltratadores de haitianos; fue tan lejos el padre Harley en sus declaraciones internacionales contra la RD que el propio Ozoria, entonces obispo, lo indujo a abandonar el país.

Para el Vaticano mantener o aumentar su poder, necesita la fe de sus fieles hacia la religión católica, sin esos feligreses se desmoronaría todo su imperio. Pero los fieles que necesita no son solo los dominicanos, que somos una ínfima minoría, sino los fieles del mundo. Mientras más, más poder.

Entre los lineamientos dirigidos a la captación de fieles está dar respuesta a las personas y pueblos de hoy en los nuevos escenarios mundiales. El apoyo a los emigrantes  es uno de ellos y buscan nuevos caminos, modos y actuaciones que lleven a transformar a esas personas y la sociedad hacia sus propósitos, hacia su religión.

En cuanto a la migración haitiana hacia nuestro país no sabemos hasta donde  quiere el Vaticano apoyar a los haitianos, que persigue, que le conviene, ¿La unificación de la isla? No lo sabemos. No actúan con las cartas sobre la mesa.

Los dominicanos no podemos patrocinar, a través del gobierno, una corporación-estado que tiene intereses diferentes a los de nuestro pueblo. No hablamos de asuntos espirituales, pues de eso no se trata, sino del manejo de su influencia nacional e internacional de acuerdo a sus intereses terrenales.

Debemos, como lo han hecho las naciones avanzadas, quitarles protagonismo. El estado es laico entonces… que tanta misa, tanto tedeum, tanta mediación en actos oficiales.

Al firmar el Concordato con el Vaticano le reconocemos el estatus de estado. ¿Puede un estado extranjero intervenir en nuestros asuntos internos, especialmente sobre nuestra nacionalidad? No.

Limitemos el poder de la iglesia católica a sus parroquias.

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