Argentina: En la puerta de la catedral, Espinoza asumió por cuarta vez la intendencia de La Matanza

Con una plaza llena de militancia y de cara a la explanada de la Catedral de los Santos Justo y Pastor, en la tarde de este jueves se abrió una sesión especial del Concejo Deliberante de La Matanza para tomarle, una vez más, juramento a Fernando Espinoza como intendente del municipio, un cargo que desempeñó entre 2005 y 2015.

Entre las figuras que participaron de la ceremonia se contaron a Máximo Kirchner, Juan Manzur, Gustavo Bordet, Gildo Insfrán, Alberto Descalzo, Verónica Magario, Jorge Ferraresi, Leonardo Nardini, Hugo y Facundo Moyano, Roberto Fernández, todos de la primera plana kirchnerista junto con Cristina, quien cerró con un discurso sobre la «pesada herencia» del macrismo en un distrito que hace más de tres décadas está presidido por dirigentes peronistas.

Iglesia y Estado, ¿asunto separado?

Como si la marea verde les hubiera pasado literalmente por los costados, la Iglesia hizo notar con fuerza su presencia, ya que tal como en las veces anteriores, el intendente asumió en las puertas de la Catedral de San Justo y contó con el beneplácito del monseñor Eduardo García, que concluyó su alocución con un rezo colectivo del Ave María. En pleno siglo XXI, nada que envidiarle al medioevo, y haciendo carne una vez más la elasticidad del Frente de Todos

Uno de los invitados al evento fue Juan Manzur, actual gobernador de Tucumán y ex ministro de Salud de la Nación, quien será recordado por millones por haber obligado a parir a una nena de 11 años, producto de una violación. Quizás sea por esta presencia, o por el pase de gol que Magario le dio a las iglesias el año pasado al darles la Secretaría de Culto, que Espinoza ignoró olímpicamente una de las últimas promesas de campaña: la inauguración de una Secretaría de Género, en un municipio que no cuenta siquiera con un refugio para mujeres y en donde el mes pasado hubo tres femicidios en 20 días.

Promesas sobre el bidet

Así como Espinoza no hizo mención a esa Secretaría ni a las mujeres en general, tampoco lo hizo Cristina. Por el contrario, se quejaron de la herencia macrista en un distrito donde el peronismo gobierna desde comienzos de la democracia y en donde las áreas postergadas de entonces siguen siendo las mismas de la actualidad. Quizás sea por eso difícil creerle a Espinoza cuando habla de la apertura de un «segundo plan quinquenal» de La Matanza, o de volver a ser «la capital de la producción» y «aggiornarse» con las nuevas tecnologías cuando lo único que hicieron a lo largo de los años fue profundizar los niveles de precarización laboral en miles de pibes cuyo único destino fueron las fábricas y las enfermedades laborales.

La «falta de presupuesto» destinada al municipio durante la gobernación de Vidal también fue la excusa para reforzar el aparato represivo: parte del discurso fue un lamento sobre la poca cantidad de policías y gendarmes para los 325.000 kilómetros de La Matanza que provocaron olas de inseguridad. Es irónico que Espinoza se refiera a la policía como baluarte de la seguridad cuando el caso de Luciano Arruga, quien fue desaparecido y asesinado por negarse a robar para la Bonaerense, ocurrió en una de sus gestiones.

La lista de promesas sigue, aunque Espinoza afirme que «los sueños se van a hacer realidad a pesar del desastre económico». Tanto ayer, en época de bonanza como hoy, cuando el gobierno está definiendo qué hacer con la deuda ilegítima y fraudulenta del FMI, La Matanza y sus barrios fueron postergados y la infraestructura de las escuelas y de las viviendas, igual de precarias que hace décadas atrás con la menor tormenta. Es ahora cuando el gobierno debe elegir si las prioridades están puestas en las familias trabajadoras o, por el contrario, si el acento está colocado en los empresarios y los grandes especuladores de siempre.

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