Argentina avanza en el debate para retirar íconos religiosos de espacios públicos

En el Parlamento de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, los legisladores tratan el proyecto de ley para retirar los íconos religiosos de espacios públicos en la comisión de Asuntos Constitucionales, informaron a AIM. En ese marco, Fernando Lozada, integrante del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos y de la Coalición Argentina por un Estado Laico,  explicó que “se habla mucho de libertad religiosa, pero no de igualdad, hace falta igualdad”.

En la comisión que se analiza el proyecto de ley de la diputada María José Lubertino relacionado con el retiro de símbolos religiosos del espacios públicos, Lozada indicó que se  reivindica “mucho la libertad religiosa”, pero no se habla de igualdad; “nos falta la igualdad”, según informaron a esta Agencia.

En ese marco, dijo que el espacio público “es el lugar de uso colectivo en donde ocurren las más diversas actividades, y que le pertenece a todo el pueblo y por eso el Estado debe legislar en beneficio de toda la sociedad y evitar que un sector o varios sectores se lo apropien poniendo su marca indeleble”.

Los símbolos “son elementos que transmiten, que tienen un leguaje. Estamos hablando de símbolos gráficos, de imágenes. La historia de la humanidad esta contada por símbolos: no hubo una revolución, un movimiento humano que no tuviera un símbolo que lo represente, desde banderas hasta la nobleza que tuvo sus símbolos, desde las clases bajas y altas, desde movimientos religiosos o movimientos de no creyentes, todos tuvieron símbolos. El símbolo es algo fuerte, algo pregnante, algo que transmite. ¿Por qué? Porque permite exteriorizar varias cosas: autoridad, pertenencias, cualidades, creencias, conceptos, valores, emociones, objetivos, metas, historias. Para algunos hasta es un fetiche. ¿Qué quiere decir esto? Que también le atribuyen propiedades mágicas”.

“Entonces, como vemos, por todos estos motivos el símbolo es pregnante, porque influencia y hasta en determinados lugares, por quién lo está exponiendo y a dónde lo está exponiendo, adoctrina. De lo contrario, no existiría el patrocinio; las grandes empresas no gastarían fortunas en colocar sus símbolos en espacios públicos. ¿Por qué gasta una empresa una fortuna para que su marca se imponga? Porque esto influye en la sociedad. Si no fuera así, no habría, por ejemplo, veda electoral. Al momento de decidir un voto, en la cercanía del lugar en donde se lleva a cabo el sufragio, se impide que hayan íconos o símbolos de un partido político, ya que eso influencia”, apuntó.

El símbolo no es algo inocente ni inocuo: “cuando el Estado entroniza símbolos, está dando un mensaje, está transmitiendo algo; no es algo indiferente, es un mensaje ideológico. Y el símbolo religioso se transforma en un ícono político”, indicó.

Con respecto a colocar los símbolos en el espacio público dijo, el ateo militante dijo que “no haría a un Estado más plural el hecho de que estén colocados todos los símbolos en el espacio público”.

La abundancia de íconos no haría al Estado más plural “sino a un Estado politeísta”, y agregó: “Creo que nos iríamos hacia ese lado. Los ateos, los agnósticos, los indiferentes y los que tienen sus religiones particulares, que no dependen de instituciones corporativizadas, ¿dónde quedarían representados en el espacio público? En ningún lado. Además, plantearía un problema de espacios, porque hay 3.500 cultos o más registrados, y todos tendrían derecho a colocar sus símbolos. En ese caso, tendríamos que alquilar un edificio especial para que todos pudieran colocarlos”.

Sobre tradición que tiene al catolicismo como religión oficial, recordó que la Revolución de Mayo “fue condenada por dos bulas papales: una de ellas trata a los que hoy consideramos héroes como langostas devastadoras –lo dice textualmente– y, la otra, a los nuevos gobiernos como salidos de las más inmundas entinas de las sectas más heréticas. Las dos bulas papales dicen textualmente eso. Nosotros nacimos al independizarnos de la Santa Alianza; es decir, nuestro origen, independencia y emancipación tienen que ver con el hecho de habernos independizado de Fernando VII y de la Santa Sede”.

“Con esto quiero decir que la tradición no es un impedimento para legislar en sentido contrario. Simplemente, es una apelación a la autoridad; es decir, una falacia”, aseguró.

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