Argentina 8M: Con una misa en Luján, con escasa concurrencia, la cúpula de la iglesia relanza su cruzada contra las mujeres

Con una misa en la Basílica de Luján, la jerarquía de la Iglesia Católica, que encabeza la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), se lanza este domingo en su cruzada contra las mujeres.

El día y el contexto elegido no es casual. Con un claro pronunciamiento contra el derecho de las personas gestantes a decidir sobre su cuerpo, justo cuando la marea verde vuelve a poner en debate, producto de una larga lucha, la legalización del aborto, la cúpula aliada al papa Bergoglio llama a congregarse en su santuario principal, nada menos que en el Día Internacional de las Mujeres.

Con el lema «Si a las mujeres, si a la vida», tras las movilizaciones convocadas por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto el pasado 19F y el discurso del presidente Alberto Fernández en la apertura de sesiones legislativas, anunciando el envío de un proyecto alternativo, los obispos congregan en Luján, en una misa que será encabezada por el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea. Según anuncian desde la institución, la misa tendrá su réplica en catedrales y templos de todo el país.

Si bien la Conferencia Episcopal Argentina había lanzado la convocatoria el 5 de febrero (más de un mes antes) y los grandes medios de comunicación le dieron bastante publicidad al evento, se podría decir que la concurrencia de hombres y mujeres con pañuelos celestes y banderas argentinas este domingo a Luján fue exigua.

Teniendo en cuenta los recursos y el “aparato” que tiene la Iglesia, las dos mil personas aproximadas que participaron de la misa (algunas provenientes de diversos lugares del país) hablan de un limitado poder de convocatoria, al menos en esta oportunidad. Así quedó registrado incluso por las cámaras y los drones de medios que se llevan muy bien con el Episcopado.

La presencia de personalidades políticas no fue masiva e incluso hubo quienes prefirieron no mostrarse mucho. Entre los más ubicables estuvieron el senador de PRO-Cambiemos Esteban Bullrich, la diputada de la Coalición Cívica-Cambiemos Marcela Campagnoli, el dirigente del gremio de Judiciales y secretario de Derechos Humanos de la CGT Julio Piumato, el diputado ultraconservador cambiemita Alberto Asseff (padre político de Alberto Fernández en los años 80), la exsenadora del Partido Renovador de Salta Cristina Fiore y el excandidato presidencial Juan José Gómez Centurión. Además, hubo banderas de grupos denominados “peronistas por la vida”.

Pasadas las 11 una presentadora hizo el anuncio del arribo de la estatua de la Virgen María al altar, con lo que se daría comienzo a la ceremonia. La figura de la virgen fue la única referencia a “la mujer” en esa llegada al altar, ya que las decenas de personas que ingresaron por el pasillo central fueron todos varones, todos curas, quienes portaban banderitas argentinas con el lema “sí a las mujeres, sí a la vida”.

La misa estuvo encabezada por el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Oscar Ojea, quien tenía muy cerca suyo al arzobispo de Buenos Aires Mario Poli y a otros altos jerarcas eclesiásticos. Luego de la presentación de la misa por parte de Ojea, se invitó a mujeres (algunas con bebés en brazos) a leer parte de salmos bíblicos.

La homilía de Ojea estuvo barnizada de un léxico casi progresista, aunque debajo de ese maquillaje quedaron expresadas las directrices del posicionamiento institucional ante el debate por el aborto.

Primero arrancó diciendo: “vivimos una situación extremadamente delicada. Hoy nuestro país tiene altos niveles de pobreza e indigencia”. Luego dio datos económico-sociales que avalan esa definición para luego plantear que “es necesario discernir prioridades y no elegir temas que enfrenten a los ciudadanos de a pie de modo tal que atente contra la fraternidad y contra la posibilidad de tener un horizonte común como pueblo”. Y hasta citó al Martín Fierro para decir “los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera”. En una reacción atípica (y hasta mal vista) para una misa, algunos cientos de fieles aplaudieron varias veces a presidente de la CEA.

Luego “agradeció” la vida de “tantas mujeres”, por su “presencia insustituible en las familias” y celebró “el lugar cada vez más amplio que tienen en la sociedad”. “Venimos a pedir por todas, para que se respete su vida, su integridad y sus derechos, superando todo tipo de exclusión”.

Después Ojea fue al grano. “Millones de argentinos y argentinas, creyentes y no creyentes, como enseña la ciencia médica, tienen la profunda convicción de que hay vida desde la concepción y que una persona distinta de su madre va desarrollándose en su seno. Es injusto y doloroso llamarlos antiderechos o hipócritas”, sentenció. “En realidad valoramos los derechos de toda vida”, agregó.

Acto seguido, en un alarde de hipocresía, Ojea dijo “condenamos el abuso en todas sus formas, sexual, psicológico y de poder, cualquiera sea el ámbito en el que se produzca, en la familia, en el trabajo, en la escuela, en la calle y, dolorosamente lo decimos, también en la Iglesia”. Huelga decir que no es precisamente lo que hace internamente la institución que él conduce con los curas y obispos violadores, más allá de los discursos prefabricados y organizados desde el Vaticano.

Tomando prestado (con poca convicción) algo del léxico feminista, y sin ningún tipo de autocrítica sobre los dispositivos que el propio Vaticano y sus sucursales mantienen para perpetuarla, Ojea “condenó” la violencia machista y la “larga trama de autoritarismos de parte de los varones, de sometimiento y de diversas formas de esclavitud y abusos” hacia las mujeres.

Enseguida el obispo maniobró hábilmente y enlazó la condena a la violencia machista y los femicidios con la condena a la legalización del aborto. “La vida es el primer derecho y sin él no puede darse ninguno más. Lo reclamamos para todos, en cualquier edad o situación en que se encuentre esa vida. Y de un modo especial para quien se haya débil, desprotegido e indefenso”, dijo y volvieron a aplaudirlo.

Paradójicamente, Ojea dijo que “gracias a Dios los jóvenes están creciendo con una sensibilidad nueva”. Eso sí, con respecto a la “crisis socioambiental”. Pero es entre las nuevas generaciones donde impera de forma mayoritaria la convicción de luchar por el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Curiosamente, esa características de “las pibas” a Ojea le parece inexistente.

Apelando a la amalgama de conceptos y de calificaciones, que igualan el derecho elemental de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos con los brutales crímenes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas (que se reproducen día a día), el presidente de la CEA dijo que “el diálogo debe ser el camino de los debates sociales”, que la complejidad de las situaciones se pueda analizar “desde el respeto, el discernimiento y la razón y no desde la dialéctica emocional de quien se impone y silencia al que piensa y siente distinto”. Justamente lo que la Iglesia católica, a lo largo de su milenaria historia de crímenes y castigos, nunca ha hecho.

Por último, dijo que la Iglesia apoya “la implementación de una educación sexual verdaderamente integral, que fomente y capacite la decisión libre de concebir una vida humana, respetando los idearios de las instituciones educativas”, en clara referencia a las escuelas católicas, especialistas en la no aplicación de la ESI.

Luego de cuestionar a Alberto Fernández por su definición de “hipócritas” a quienes están contra el derecho al aborto, Ojea le tiró un centro al Gobierno. “Acompañaremos todas las políticas sociales que favorezcan la atención a la mujer embarazada, especialmente en situaciones de extrema vulnerabilidad. Ya lo estamos haciendo en muchas de nuestras comunidades a través de los Hogares del Abrazo Maternal”, dijo el obispo, dando un guiño al Plan de los 1.000 Días anunciado el domingo anterior por Fernández en el Congreso.

Vale recordar que el presidente fundamentó el lanzamiento de ese plan en la necesidad de “evitar que se recurra al aborto por pobreza”, dando un guiño a los argumentos eclesiásticos que aseguran que “las mujeres pobres no abortan” o, si lo hacen, es por una “necesidad material” y no por una elección personal.

La misa terminó con los pañuelos celestes y las banderas argentinas agitándose al son del cancionero litúrgico, tras lo cual el par de mil de fieles presentes comenzaron a desconcentrarse. A esa misma hora, frente a la Catedral de Buenos Aires y como parte de un enorme abanico de actividades planificadas por el movimiento de mujeres para estos 8 y 9 de Marzo, un gran pañuelazo por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito se desplegaba al grito de «¡Iglesia y Estado, asunto separado!».

Al lanzamiento de la cruzada contra las mujeres, que apunta a “mejorar” la campaña que realizaron desde el Vaticano en aquel año, cuando la enorme marea verde irrumpió en las calles para reclamar su derecho, se sumará luego el de las jerarquías de las iglesias y templos evangélicos, que llaman a manifestarse en todo el país, el próximo 22 de marzo, con una convocatoria lanzada desde la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (ACIERA), donde se congrega la mayoría de las comunidades protestantes.

«El domingo 22 de marzo convocamos a los creyentes, en cada parroquia y templo, junto a todos los que aman la vida inocente no nacida, a unirnos en oración y en un único sentimiento en toda la Argentina», señalaron en un comunicado difundido esta semana.

Ya con posiciones conquistadas dentro del propio Estado (como puede advertirse en la Secretaría de Culto de La Matanza, que creó especialmente para ellos la vicegobernadora Verónica Magario), desde ACIERA anuncian también que su objetivo será volver a coordinar estrategias de lobby parlamentario con la cúpula católica.

Reeditando también sus movilizaciones de 2018, los grupos antiderechos vinculados a las iglesias -las llamadas “ONGs provida”-, convocan a una marcha desde Plaza Italia hasta la facultad de Derecho de la UBA el próximo sábado 28, donde se proponen conmemorar “el Día del Niño por Nacer”, que un decreto de Carlos Menem estableció en 1995.

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