Apuesta anacrónica por la reevangelización

Entre los días 12 y 22 de agosto cientos de miles de jóvenes y menos jóvenes, de curas y monjas, de clérigos de alto rango, con el beneplácito de las instituciones del Estado, han intentado una reevangelización de la ciudadanía española, en provincias y en Madrid, con el apoyo económico e institucional del Estado y con el respaldo logístico de diversas grupos de seglares católicos fundamentalistas, especialmente los ligados al “camino neocatecumenal”, han exhibido una enorme espectacularidad, ostentación y lujo.

Han ocupado, durante una semana, decenas de hectáreas de espacio público, sin costo alguno, para sus desfiles, concentraciones, ocio, cánticos y ceremonias religiosas y han disfrutado de la gratuidad o han tenido enormes rebajas en transportes, museos, alojamientos, comida, ocio, etc. y todo ello a costa de los fondos públicos, mientras, grandes empresas y multinacionales obtendrán enormes beneficios económicos y fiscales.

Pero, sobre todo, les ha servido para exhibir su exclusiva y excluyente catolicidad. Pero, también, para rezar, rosario en mano, por los “pobres y mundanos pecadores”: millones de ciudadanas y ciudadanos creyentes y no creyentes que no participan, libremente, de sus dogmas.

La jerarquía católica: los Rouco, Camino, etc. y, sobre todo, el infalible Benedicto XVI han ido mucho más lejos en sus obsesiones calculadas y en un blanco y negro, que ha muchos nos recordado al NO-DO, han proclamado, una vez más, el NO: al placer, a la planificación familiar, al sexo fuera del matrimonio, al divorcio, a la homosexualidad y al matrimonio de personas del mismo sexo, a la igualdad de género, a la buena muerte… Pero sobre todo han “atizado” un peligroso fundamentalismo católico, mientras se perdonaban pecados en masa y se escuchaba el himno: “El novio de la muerte”.

Unos meses antes del evento organizaciones laicistas, de ateos, de cristianos de base, partidos, sindicatos, diversas organizaciones sociales, plataformas y foros nos poníamos de acuerdo en un “manifiesto unitario” y en desarrollar una manifestación, con estos dos mensajes: “DE MIS IMPUESTOS AL PAPA, CERO Y POR UN ESTADO LAICO.

La manifestación se fijaba para el día 17 de agosto (un día antes de la llegada de Ratzinger a Madrid), con el fin de evitar confrontación con los actos religiosos.

Todas las informaciones que llegaban eran sobre el costo y que el Gobierno e instituciones del Estado, una vez más, tenían previsto la organización de diversos actos protocolarios al más alto nivel, ante un acontecimiento que era de carácter totalmente privado y, en todo caso, exclusivamente dirigido a una determinada organización religiosa, chocando con el principio constitucional de a-confesionalidad del Estado, de ahí el que cada vez se sumaban más entidades y plataformas, hasta 150.

La manifestación laicista (laica) fue autorizada por la Delegación del Gobierno, después de una difícil y compleja negociación, a cambio de que no terminara en la Puerta del Sol, que, como sabemos, es la última obsesión, tanto del PSOE, como del PP.

A partir de media tarde del día 17, la plaza de Tirso de Molina se iba llenando de ciudadanas y ciudadanos libres, pacíficos, con aire festivo: Leo Bassi con su artilugio nuevo para la ocasión, otro grupo con un “papamóvil”, batucadas, carteles y pancartas diversas, niños, jóvenes y mayores, en lo que debería de haber sido una fiesta por la libertad de conciencia, por la democracia…

Sin embargo Esperanza Aguirre y Gallardón habían exigido que no se autorizada, la habían denominado torticeramente: “marcha anti-papa”, algunos jerarcas católicos y algunos políticos habían calificado despectivamente a los organizadores de: parásitos, paletos, intolerantes, violentos y otras muchas lindezas. Chicos de la JMJ se habían dado cita masivamente por sms y las redes sociales para “ocupar” la Puerta del Sol la tarde del 17, el Ayuntamiento de Madrid amontonó obstáculos en el recorrido, la Delegación del Gobierno no envío suficientes fuerzas de orden público para ayudar a que la manifestación discurriera sin problemas externos, de forma deliberada, o no. Hechos que habrá que aclarar políticamente en el Parlamento.

Más de veinte mil personas se dieron cita para gritar pacíficamente a los poderes públicos y a la jerarquía de la iglesia católica: “ASÍ, NO” y muchos se encontraran en una “ratonera”.

La derecha política y mediática más rancia, junto a algunos policías han tratado de “ponerse las botas”, denigrando una manifestación legal y democrática, con la intención de favorecer una confesionalidad católica obsoleta.

Para la historia de la manifestación del 17A, en primer lugar ha quedado: la enorme movilización de personas y medios que abogan por la laicidad de las instituciones y por otra iglesia más humilde. Pero, también, y por desgracia: los “porrazos” de la policía y como “bandera” de lo que no debería de haber sucedido nunca: las imágenes que se han visto en todo el mundo de la chica de 17 años agredida de forma brutal. Joven que está recibiendo un gran apoyo, pero que a su vez fundamentalistas católicos le envían, según su versión, mensajes como éste: “Te vamos a rajar con la cruz en la frente”, ello se une al caso del ultra católico mejicano, voluntario de la JMJ, que presuntamente pensaba gasear a los manifestantes. Esperamos la actuación del poder judicial y de la fiscalía.

Tras esta semana de exaltación política y mediática de “valores católicos” integristas, la presión social para construir el Estado laico, que no excluya, ni privilegie, será más fuerte y alargada que nunca, por el bien de la democracia y del Estado de derecho.

____

*Francisco Delgado. Presidente de Europa Laica

Para ver el texto del artículo en la revista abrir el PDF adjunto

Archivos relacionados

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...