Anticlericalismo burgués y anticlericalismo socialista, según García Cortés (1909)

En el otoño de 1909, en plena efervescencia política con la creación de la Conjunción Republicano-Socialista en la crisis provocada por la Semana Trágica y la política emprendida por Maura, los jóvenes socialistas madrileños organizaron unas “conferencias anticlericales” en la Casa del Pueblo. Entre ellas destacaría la pronunciada el día 21 de noviembre con el título de “Anticlericalismo burgués y anticlericalismo socialista”, por parte de Mariano García Cortés, abogado, periodista y fundamental socialista, miembro del Comité Nacional, director de El Socialista, presidente de la Federación de Juventudes Socialistas, aunque terminaría saliéndose del PSOE en 1921, siendo uno de los fundadores del PCE, para terminar dando un giro radical en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera hacia la derecha. Que el Partido Socialista emprendiese un claro acercamiento hacia los republicanos no significaba que se disipasen todas las diferencias entre ambos universos políticos, y en este del anticlericalismo, aunque se compartía una fuerte crítica hacia la Iglesia, había aspectos distintos, además de denunciarse las que se consideraban contradicciones del anticlericalismo de signo burgués y/ republicano.

En otros trabajos nos hemos acercado a las concepciones anticlericales del Partido Socialista. En este nuevo glosaremos la conferencia referida para enriquecer nuestro conocimiento sobre este tema, que ya cuenta con una interesante bibliografía, por otra parte. La tesis socialista no era contraria al freno del poder de la Iglesia Católica en España, a la separación con el Estado, ni a la enseñanza laica; y muchos ejemplos en este sentido se dieron en la historia del socialismo español, pero el eje de la crítica siempre tenía un componente económico. Atacar solamente a la Iglesia podía considerarse una desviación de la lucha social, económica y política que debía emprender el socialismo contra el sistema. En este sentido, es muy significativo lo que García Cortes explicaría en su conferencia sobre los sindicatos católicos, permitidos y hasta alentados por quienes, por otro lado, luchaban contra el poder político del clero, o sobre lo que consideraba una contradicción en el ámbito escolar, como también tendremos oportunidad de comentar.

La conferencia de García Cortés comenzaría con un breve análisis histórico sobre la Iglesia Católica defendiendo la tesis de su adaptabilidad a distintos regímenes. En este sentido crítico consideraba que, al igual que había proclamado el origen divino de los reyes, había aceptado repúblicas donde se le habían consignado partidas presupuestarias.

Inmediatamente pasó a analizar el denominado anticlericalismo burgués. La burguesía anticlerical pretendía la disolución de comunidades religiosas, es decir, el clero regular, pero manteniendo el secular, y dependiendo del Estado, seguramente en alusión implícita a lo realizado por el Estado liberal en España con la supresión de regulares. García Cortés quería, además, desmontar una supuesta leyenda dorada en relación con los curas párrocos de aldea porque consideraba que eran instrumentos del caciquismo, además de afirmar que eran “ignorantes”.

El anticlericalismo burgués se basaba, siempre según nuestro protagonista, en que la Iglesia pretendía la primacía sobre el poder civil, mientras que permitían la existencia de sindicatos católicos, dedicados a combatir a las sociedades de resistencia, es decir, al sindicalismo de clase en nuestro vocabulario actual.

García Cortés veía otra contradicción en el anticlericalismo burgués en la cuestión de los votos del clero, es decir, obediencia, pobreza y castidad, cuando, en cambio se dejaba tranquilo al ejército donde imperaba la obediencia ciega, además de permitir y contribuir a la expansión de la miseria, seguramente aludiendo a su defensa del sistema capitalista y, por fin, manteniendo prejuicios sobre la castidad femenina, que impedían el libre desarrollo de la mujer.

Siguiendo planteamientos ya conocidos de distintos socialistas, García Cortés consideraba que el anticlericalismo no era una cuestión fundamental para el socialismo, y cuando se defendía había que hacerlo con precaución o prudencia. En todo caso, había que pedir a las órdenes religiosas que se sujetasen a lo dispuesto en la Ley de Asociaciones, y que el presupuesto de clero y culto debía ser suprimido. Con esta última medida se vería quiénes eran realmente católicos porque tendrían que sostener directamente a la Iglesia.

Los socialistas no deberían pedir solamente que se suprimiese la religión en las escuelas (“enseñanza del catecismo”). De nada serviría si en los centros educativos se seguía enseñando la importancia del derecho de propiedad, la inevitabilidad de la miseria, que los pueblos eran enemigos entre sí y que, por lo tanto, los ejércitos eran necesarios.

Hemos consultado el número 1237 de El Socialista.

No olvidemos la consulta de las siguientes obras: V. Arbeloa, Socialismo y anticlericalismo, Madrid (1973); L. Gómez Llorente, Aproximación a la historia del socialismo español hasta 1921, Madrid (1976); y Mate y V. Arbeloa, “La crítica de la religión en el socialismo español”, Sistema, 31 (1979).

Eduardo Montagut. Historiador

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