Amor condenado

El alcalde de Guanajato prohibe el beso en la vía pública

El más bello instante del amor, el único que verdaderamente nos embriaga, es este preludio: el beso.  -Paul Géraldy, Poeta y dramaturgo francés-.

¡Qué bonito es el amor!, ¡qué bonito es demostrarlo!, sobre todo si se le dá de corazón, de forma completa y respetuosa a la persona que amamos con la más tierna manifestación capaz de acariciarle el alma con embelesamiento; me refiero al simple, pero eterno beso, la expresión plena del amor mismo.

En un beso se encierra el universo y con un beso, brota la magia de la vida del mismo. Es por eso que soy un hombre más que feliz; porque en cada beso experimento la pasión divina de ser amado; tal y como lo dijo aquel gran poeta mexicano:

¡Un mundo nace cuando dos se besan!
                                              -Octavio Paz-

¡Ah!, ¿qué sería de ésta vida sin los besos que nos roban el alma en un suspiro entre cortado?, ¿qué sería del amor sin su más sublime caricia?… seguramente sería un amor ideal, un sentimiento llano, con "mucho fondo" tal vez, pero sin ninguna forma lamentablemente. Los amantes se amargarían al dejar de percibir los colores de la belleza de un mundo más que imaginario.

Por fortuna, el anhelo de vivir el amor siempre existirá y los deseos cuando son de corazón. siempre son bien valorados por el cosmos; para ser cumplidos tarde o temprano.

Sin embargo en la actualidad, no todos los besos se darán y/o podrán terminar de manera feliz, no sin que pasen antes por la incertidumbre que genera el castigo inmaduro de un mañoso cualquiera que se envuelve de manera fanática e irascible  con las telas de una falsa moral, con el velo de la hipocresía y que con intención moralista e inquisidora, pretende erradicar con sanciones de diversos tipos; un derecho de libertad personal absoluto del hombre (tal como es el de besarse con un ser amado en las calles de la ciudad donde radica) bajo el pretexto de que será para "motivar" las buenas costumbres.

Que triste es saber que vivimos en un estado que se dice "Libre y Soberano" y que en realidad carece de libertad y soberanía desde el momento que es gobernado con los deseos intestinos del fanatismo y bajo los criterios de las mentes torcidas, obtusas y carentes de forma de los inquisidores modernos.

Ayer, Eduardo Romero Hicks, "Presidente municipal" de la Ciudad de Guanajuato, instauró un nuevo Bando de Policía y Buen Gobierno y en el cual se legaliza violentar las garantías individuales de los habitantes de la capital estatal, prohibiéndoles utilizar su derecho de libre manifestación; me refiero a  poder besarse en todos los lugares abiertos de la ciudad, pisoteando de manera diplomática, pero más que agresiva los derechos humanos de los guanajuatenses.

Este tipo de actitudes nefastas por parte de un seudo funcionario de gobierno  a causa de su abstracción política, solo pueden motivar una consecuencia atroz, que en un futuro ya no muy lejano se nos diga: ¡Oigan, caminen de frente y sin tomarse de la mano!, ¿y después que pasará?, ¿limitarán nuestra forma de vestir y nos pondrán cadenas al caminar?. La verdad, no me extrañaría que a estas alturas de la evolución humana y en pleno siglo XXI, al estado Libre y Soberano de Guanajuato regresara la Santa inquisición,  la Santa estupidez.

¡No dejemos sin castigo, ni recriminación alguna! la simple, pero tirana intención de coartar nuestras manifestaciones afectivas, no creamos en las excusas que a manera de patadas de ahogado da este sujeto (Eduardo Romero Hicks) por la presión de los medios, pues a dado el primer golpe, y si bajamos la guardia con sus disculpas profanas y falsas, seguramente nos acomodará el segundo.

Antes de finalizar mi escrito, deseo evocar un bello poema del maestro Amado Nervo titulado:

               El primer beso
Yo ya me despedía.. y  palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.
Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente. Decente
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí. Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
«Perdóneme, Señor esta alegría.»

La belleza encerrada en estos versos, sumada al sentimiento romántico que alimenta mi ser; me motivan a combatir este tipo de injusticias moralistas. Es por eso que alzo la voz para ejercer y hacer valer mi derecho a manifestar mi amor de manera libre y fortaleciendo así; la esperanza de vivir ese instante eterno que solo se produce en un beso enamorado.

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