Alminares: ¿qué piensan los musulmanes en Suiza?

Sólo el 15% de los musulmanes en Suiza practican su religión y son miembros de una organización que profesa el credo de Mahoma. La mayoría silenciosa de musulmanes liberales y seculares es en gran parte invisible, porque están integrados en la sociedad suiza.

El cómodo restaurante del Centro Cultural Bosnio en Emmenbrücke está medio vacío. No hay ninguna mujer ni tampoco lugareños bosnios.

“El centro está abierto a todos, pero los suizos vienen raramente”, señala su presidente, Vehbija Efendic. 

Es la hora del almuerzo. El menú se compone hoy de pollo con verduras y arroz, pero también se puede pedir Cevapcici, una especialidad de los Balcanes.

El centro pertenece a la asociación ‘Comunidad islámica de Lucerna’ y está en lo que antes fue un cine. Con un trabajo voluntario de ocho años, los miembros transformaron el local en un centro cultural con restaurante, biblioteca, ambiente para jóvenes, sala de reuniones y mezquita. 

La mezquita es la segunda más grande en Suiza, sin embargo, como enfatiza Efendic, cubre solamente un quinto de la superficie del edificio. 

Efendic es un Imán formado en Bosnia. Cuando llegó a Suiza, hace 30 años, trabajó primero en la construcción de calles, luego en la venta de verduras para la cadena de distribución Coop. Participa activamente y sin retribución en la Comunidad Islámica de Lucerna, mas no como Imán.

El relata precisamente la decepción que le causó la aprobación en Suiza de la iniciativa que prohíbe la construcción de alminares, cuando su asociación no concede importancia a anexar un alminar a su mezquita.

Interrumpimos la comida y la conversación, pues es tiempo para las plegarias.

Dos mujeres se han citado en la galería. Los hombres oran en un gran ambiente en la parte baja de la mezquita.

Una de las mujeres señala que vive en la vecindad y que viene diariamente para la oración y para encontrarse con personas conocidas, pero la mayoría de veces por las noches. “A esas horas hay más mujeres. Al mediodía ellas están en casa y cocinan para sus hijos”, dice la bosnia.

A la pregunta sobre qué hace la asociación en concreto para la integración de sus miembros, Efendic responde: “Nosotros venimos de la antigua Yugoslavia y durante el comunismo hemos sufrido represión religiosa. Por ello, aquí y ahora, nuestra prioridad es transmitir a nuestra gente su religión. Seguramente deberíamos esforzarnos más por la integración, pero no se puede hacer todo al mismo tiempo”.

Los musulmanes en Europa buscan una nueva orientación

La integración es un proceso lento, que no se produce en las mezquitas ni en las asociaciones islámicas, sino en el lugar de trabajo y en el colegio, subraya Bülent Öcal, diseñador de moda en Zúrich.

Öcal es originario de Turquía, nació y creció en Alemania y desde hace 12 años vive en Suiza, es decir, es un típico ‘secondo’ (inmigrante de segunda generación). Hace poco hizo la peregrinación a la Meca como creyente musulmán y por ello hoy puede llamarse Hajji.

“Me me gustaría mucho orar junto a otros creyentes, pero en una verdadera mezquita. Debe ser un entorno digno, pues un templo es más que un lugar de oración. Personalmente no me agrada este patio interior convertido en mezquita. Por ello prefiero hacer mis plegarias solo, en casa”.

Öcal, al igual que la abrumadora mayoría de musulmanes, no es miembro de una asociación islámica por la siguiente razón: “En estas asociaciones, hay personas con pensamientos anacrónicos con los que nunca he comulgado. Hacia afuera muestran una actitud intelectual abierta, pero en el fondo son conservadoras, apartadas de la realidad y poco tolerantes”.

A causa de sus manifestaciones críticas sobre Islam ortodoxo, Öcal ha recibido amenazas de muerte. Desea una reforma y dice: 

“Los musulmanes en Europa necesitamos sobre todo una nueva orientación. ¿Cómo podemos entender hoy la palabra de Alá? A menudo se muestra el Corán como instrumento de ayuda para la vida, sólo que en esta época, 1.430 años de antiguas escrituras plantean nuevas preguntas y suscitan alguno s malentendidos”.

Saida Keller-Messahli, nacida en Túnez, decidió hace cinco años enfrentar el asunto y fundó el Foro para un Islam Progresista, “porque no quería que las organizaciones islámicas en Suiza sigan hablando en mi nombre”.

Según Keller-Messahli, estas organizaciones sirven principalmente para practicar la religión, están estructuradas patriarcalmente y no aceptan las críticas. “Pero la mayoría de musulmanes no se definen por el islamismo, sino como ciudadanos de este país”.

En comunidades musulmanas tradicionales, continúa, el imán no es solamente el recitador, sino también el padre espiritual de su comunidad. “Pero esto no funciona con musulmanes liberales o seculares. Precisamente, las mujeres instruidas tienen dificultades para consultar a un imán, por ejemplo, cuando surgen problemas de pareja”. 

Por ello, el Foro para un Islam Progresista demanda la admisión de mujeres como imanes y una oficina de consejería fuera de las mezquitas para personas con antecedentes islámicos.

Como Vehbija Efendic y Bülent Öcal, Saida Keller-Messahli lamenta la aprobación en las urnas de la iniciativa que prohíbe los alminares “porque atenta contra la libertad de cultos”.

Al mismo tiempo, la fundadora del Foro para un Islam Progresista entiende la opinión mayoritaria en Suiza a favor de la prohibición, que también proviene de los propios musulmanes: “El resultado de la votación puede interpretarse igualmente como señal de desconfianza contra las organizaciones islámicas y sus concepciones estrictas del Islam”.

Susanne Schanda, swissinfo.ch
(Traducción: Rosa Amelia Fierro)

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