Alianza de machismos

De Trump a Bolsonaro, pasando por Ben Salman o Abascal, existe una alianza a favor de la discriminación de la mujer y contra el feminismo

Quienes nos hablaron del choque de civilizaciones nos pintaban un mundo maniqueo, los buenos a un lado y los malos en el otro, los avanzados y los atrasados, los civilizados y los salvajes. Qué cómodo resulta moverse entre el blanco y el negro. Son teoría inventadas para no tener que pensar, que cansa y da pereza, sobre todo cuando uno vive en el lado correcto de la historia. Hacía falta legitimar intervenciones militares salvajes que no han solucionado nada, hacía falta volver a identificar un malo de película reconocible a simple vista.

El musulmán pasó a sustituir al ruso en la lista de sospechosos habituales y en algún momento pareció que las mujeres oprimidas por ‘el machismo del moro’ importaban. Conquistar la paz, la justicia y la democracia con armas, ¡qué oxímoron tan bonito! Se utilizaba la situación de la mujer afgana bajo el régimen talibán para justificar la invasión. Y la opinión pública podía ver claramente lo que era el machismo en la prisión andante del burka. Les podríamos haber creído, que potencias imperialistas, falocéntricas y lideradas por la razón de la testosterona estaban en realidad liberando a las mujeres musulmanas. Pero no. Usar la discriminación no es lo mismo que ser feminista. Instrumentalizar la situación de injusticia de la mitad de la población de un país misógino no es lo mismo que defender los derechos y libertades de las mujeres por el simple hecho de ser seres humanos. Se ha hecho toda la vida: se ha utilizado el dolor de las mujeres para justificar barbaridades de todo tipo sin que las afectadas tuvieran noticia alguna sobre el asunto. En tiempos de colonialismo nosotras no éramos más que una parte del botín, no importábamos a ninguno de los hombres que competían para demostrar quién la tenía más larga, en este caso la supuesta sensibilidad por la situación femenina.

Trampa doblemente mortal

No, no nos engañaron nunca. Desde siempre supimos que si algo nos podía servir de asidero desde la otra orilla del Mediterráneo y desde los barrios segregados y periféricos era la mano tendida de feministas que querían hacer extensivas al resto de mujeres del mundo sus conquistas de igualdad. Pero ahora el ambiente está tan enrarecido, hay tanta confusión, que mujeres de izquierdas defensoras de la igualdades llegan al punto de presentarse frente a la extrema derecha con la cabeza tapada para luchar contra el racismo. Así se demuestra que la discriminación por razón de origen acaba convirtiéndose en una trampa doblemente mortal para ellas. Si Wassyla Tamzali denunciaba que mujeres como ella (feministas laicas nacidas en familias musulmanas) habían sido borradas de la esfera política porque resultaban molestas en la gran fiesta de la reconciliación entre culturas y civilizaciones, parece ser que también cuando asistimos a una guerra entre supuestos bloques, somos nosotras las que tenemos que ofrecernos para ser sacrificadas. Se confrontan la extrema derecha y la izquierda y resulta que se acaba decidiendo que está bien que las mujeres asuman una norma discriminatoria como si nada.

Este escenario no es ninguna novedad. En caso de duda, que se bajen las feministas. Hay días en los que parece que estemos en la novela de Houellebecq y que el cinismo se imponga cuando lo que está en juego son ingentes cantidades de dinero. Son hombres los que han decidido jugar la supercopa en Arabia Saudí aun sabiendo que allí se han declarado ilegales el feminismo, el ateísmo y la homosexualidad. ¿Quiénes somos nosotros para decirle a un Estado soberano lo que tiene que hacer con las libertades fundamentales? Pues nadie, sobre todo cuando se nos ofrecen 120 millones de euros. ¿Pero qué se puede esperar de un sector como el fútbol, que paga a los hombres un sueldo mínimo de seis cifras en primera división mientras que ellas apenas llegan a las tres?

Silencio revelador

También resulta revelador el silencio de la mayoría de la clase política frente a casos como el de Hajar Raissouni, periodista detenida a principios de septiembre en Marruecos acusada de abortar y tener relaciones fuera del matrimonio. Igual me equivoco, pero creo que no ha habido ni un triste tuit denunciando su situación, ni siquiera desde las formaciones que ponen pañuelos en todas partes para protestar contra el racismo. Ni la extrema derecha ha dicho nada dado que no pueden instrumentalizarla. Si lo hicieran se verían en la tesitura de defender el aborto y eso, claro está, no entra dentro de su supuesto feminismo.

No sé si hace falta dar muchos más ejemplos para demostrar la actual situación internacional: lo que tenemos, más que nunca, es un acuerdo mundial del machismo. De Trump a Bolsonaro, pasando por Ben Salman o Abascal, lo que hay es una alianza a favor de la discriminación de la mujer y contra el feminismo. Así que habrá que recordar que, en este caso, los enemigos de tus enemigos no son necesariamente tus amigos.

Najat El Hachmi

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