Algo pasa con el episcopado colombiano

Noviembre del 2012. S.E.R Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá, hoy cardenal y recientemente elegido como presidente del CELAM, concedió una entrevista a El Tiempo, en la que respondió de la siguiente manera a una pregunta sobre el aborto:

Pero es claro que el aborto está permitido en Colombia por tres causales concretas…

Hago una distinción clara. La Corte Constitucional inicialmente despenalizó el aborto. Pero luego tomó el camino de convertir el aborto en un derecho. Una cosa es no aplicar la pena a algo que se considera indebido, y otra, que lo categorice como derecho. Cuando el aborto se despenalizó en esos tres casos concretos, yo dije: está bien. Pero el aborto no puede ser un derecho que hay que enseñar en las escuelas.

Y así habló sobre la eutanasia:

– ¿Y si decide la propia persona?

Ahí nosotros podríamos entrar a mirar las cosas con mayor amplitud. Lo que me parece terrible del proyecto de ley es que tiene resquicios por donde se puede meter la eutanasia determinada por el médico..

Días después el prelado se vio obligado a emitir un comunicado para aclarar lo dicho:

«algunas de mis afirmaciones pudieron suscitar serias inquietudes. Por eso juzgo necesario hacer las siguientes aclaraciones y precisiones para corregir cualquier ambigüedad a las que hayan dado lugar».

Enero del 2015. El presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEB) y Arzobispo de Tunja, Mons. Luis Augusto Castro, declara en una emisora de radio estar a favor de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, siempre que el menor sea hijo biológico de uno los miembros de la pareja:

«Lo que no me parece bien es la adopción de niños ajenos totalmente a la pareja, es decir, yo creo que no hay que dejarse llevar por eso de que el pez grande se come al chico, y que por favorecer a los grandes, pues podamos perjudicar a los más pequeños»

«Creo que está muy bien que una persona pueda ser adoptada por su pareja, y educar a su hijo y quererlo».

Al día siguiente, emite un comunicado rectificando:

«No hay lugar a interpretaciones equívocas: ni siquiera en el caso en el que el menor sea hijo biológico de uno de los miembros de la pareja, puede considerarse la adopción como la vía idónea para garantizar sus derechos».

Octubre del 2014. Mons. Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali concedió una entrevista al diario El Tiempo, en la que aseveró lo siguiente:

– ¿Es posible una apertura de la Iglesia frente al tema de las parejas del mismo sexo?

No entiendo como una apertura las equiparaciones de esas parejas con la pareja humana, que es la de varón y mujer. Sin embargo, esas parejas expresan algo constructivo y positivo del humano, que es el afecto. Una sociedad no puede ser violenta con personas que expresen afectos distintos a los institucionales que tiene la sociedad para organizar la vida de hombres y mujeres.

En ese sentido, la Iglesia puede ayudar a entender esas manifestaciones como válidas, es decir que se dan, y ayudar a las personas a construir sus vidas. No debemos crear conflicto con esas relaciones, porque ya bastantes conflictos tiene la humanidad como para convertir en problemático algo que debería ser aceptado.

Hasta donde yo sé, no ha rectificado.

Mayo del 2015. El obispo de Fontibón y presidente de la comisión episcopal de Promoción y Defensa de la Vida de la CEB, Mons. Juan Vicente Córdoba Villota, sj, intervino en un foro sobre el «matrimonio» y la adopción homosexual celebrado en la Universidad de los Andes, y, entre otras cosas, dijo esto:

«No sabemos si alguno de los discípulos de nuestro Señor era mariconcito, no sabemos si Maria Magadalena era lesbiana, no sabemos. Parece que no, porque bastantes pasaron por sus piernas».

«¿Cuando dijo Jesus… Oye Juan, estás muy así o muy asá, oye Juan estas caminando raro?, Jesus nunca les dijo ¡¡brutas que impresión!!, ni tampoco ¡¡machitos los quiero a todos!!».

«No importa si es homosexual o transexual u obispo, no importa, lo que importa es la dignidad humana».

«Hermanos homosexuales y hermanas lesbianas, cuando se casen tengan hogares bonitos, tengan lo que nosotros llamamos fidelidad».

«Respetamos las uniones homosexuales, no las consideramos pecado, pero para la iglesia no son matrimonio ni pueden llamarse familia».

Nuevamente, al día siguiente se produce una rectificación y petición de disculpas, aunque curiosamente, en el punto 5 de su declaración, el obispo dice sentirse muy contento de su encuentro con el lobby gay:

5. A pesar de la polémica suscitada, algo importante hay que resaltar en este acontecimiento. Este primer encuentro oficial y público de un Obispo colombiano con la comunidad LGBTI, demuestra que si es posible acercarse a quien piensa distinto para establecer un diálogo sincero y franco que nos lleve a derribar los muros y a descubrirnos mutuamente como hermanos. En ese sentido, como Obispo y como sacerdote, me siento satisfecho de haber cumplido este importante paso de acercamiento que, espero, abra el camino para otros encuentros futuros.

Y en el punto 6, dice que algunos han sabido interpretar la finalidad pastoral de las afirmaciones arriba señaladas

6. Quiero agradecer, por último, la comprensión y la oración de mis fieles, de mis sacerdotes y de mis hermanos Obispos, que han sabido interpretar la finalidad pastoral de mis afirmaciones y han valorado mi esfuerzo por llevar a los hijos de Dios, en ocasiones alejados de la Iglesia, el rostro de la misericordia y del amor divinos.

En otras palabras, se trata de una rectificación ciertamente sui generis.

Como ustedes pueden ver, no se trata de un hecho aislado. Y no se trata de obispos de alguna diócesis pequeña perdida en el mapa. Hablamos del cardenal y arzobispo de la capital colombiana, del arzobispo de Cali, del presidente de la CEB y del presidente de la comisión episcopal para la promoción de la vida de la conferencia episcopal del país sudamericano.

Hablamos de la misma Iglesia de la que salieron el cardenal Castrillón Hoyos y el cardenal López Trujillo. El primero fue Prefecto de la Congregación para el Clero. Y el segundo, que en gloria esté, fue presidente del Pontificio Consejo para la Familia. No hace falta que les explique lo que habría dicho ante lo que acaban ustedes de leer.

Lo quieran o no los obispos colombianos mencionados, da toda la impresión de que ellos creen algo contrario al magisterio de la Iglesia. Y cuando les ponen un micrófono delante, les sale para fuera lo que dentro creen. Entonces se monta un escándalo mundial, y aparecen con comunicados escritos en los que “donde dije digo, digo Diego”. Eso, si es que rectifican, que en el caso del arzobispo de Cali, no está claro que lo haya hecho.

Conviene recordar ahora lo que advirtió el cardenal australiano George Pell en pleno sínodo extraordinario de octubre del año pasado:

«La comunión para los divorciados vueltos a casar es para algunos padres sinodales -muy pocos, ciertamente no la mayoría- solo la punta del iceberg, el caballo de Troya. Ellos quieren cambios más amplios, el reconocimiento de las uniones civiles, el reconocimiento de las uniones homosexuales».

Ya puestos, no está de más que recordemos lo que el papa Francisco dijo sobre el «matrimonio homosexual» siendo arzobispo y cardenal de Buenos Aires:

«Les escribo estas líneas a cada una de ustedes que están en los cuatro monasterios de Buenos Aires. El pueblo argentino deberá afrontar, en las próximas semanas, una situación cuyo resultado puede herir gravemente a la familia. Se trata del proyecto de ley sobre matrimonio de personas del mismo sexo».

«… está en juego la identidad, y la supervivencia de la familia: papá, mamá e hijos. Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones».

«No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”, aseguró el cardenal.

«…hoy la Patria, ante esta situación, necesita de la asistencia especial del Espíritu Santo que ponga la luz de la Verdad en medio de las tinieblas del error; necesita de este Abogado que nos defienda del encantamiento de tantos sofismas con que se busca justificar este proyecto de ley, y que confunden y engañan a personas de buena voluntad».

Ya como Papa, apoyó expresamente al referendum profamilia de Eslovaquia. Es más, en la entrevista de la que salió la famosa frase “¿Quién soy yo para juzgarle?”, el Santo Padre no pretendía legitimar las relaciones homosexuales, sino advertir que el mayor problema viene dado por la existencia del lobby gay. Cito:

Luego usted hablaba del lobby gay. Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby. De esta tendencia o lobby de los avaros, de los políticos, de los masones… Tantos lobbys. Este el problema más grande. Le agradezco tanto que me haya hecho esta pregunta. Gracias a todos.

Ya que el Papa apela al Catecismo, veamos lo que dice el mismo sobre la homosexualidad y los homosexuales:

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

Cuando el Papa dijo que si una persona homosexual busca al Señor y tiene buena voluntad, y sabiendo que hace referencia al Catecismo, ¿qué nos hace pensar que está hablando de un homosexual que no ejerce por gracia la castidad, el dominio de sí mismo y que no quiere unir al sacrificio de la Cruz los problemas derivados de su condición? Es decir: ¡Ya está bien de manipular el sentido de las palabras del Papa en un sentido que favorece precisamente al lobby gay que él quiso condenar! ¡Y ya está bien de que esa manipulación venga dada precisamente por muchos que se dan golpes en el pecho como católicos fieles al cien por cien al magisterio!

Bien harían los obispos colombianos que han causado y causan escándalo en repasar cuidadosamente el magisterio de la Iglesia. Por ejemplo, pueden leerse este documento magisterial de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre el reconocimiento civil de las uniones homosexuales. Que acaba así:

La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.

Ese texto no es del medievo. No es de la era patrística. Es del año 2003, estimados amigos.

Bien harían los mencionados obispos colombianos en no dar la impresión de que quieren unirse a los cardenales y obispos que, como es el caso del holandés Bonny o de los alemanes como el cardenal Marx, amenazan con provocar una fractura gravísima en la comunión eclesial. Bien harían en no ser lo que está debajo de la punta del iceberg de la que hablaba el cardenal Pell. Que sepan todos que la Iglesia no es un Titanic que pueda ser hundido por icebergs de herejías, lobbies y logias masónicas. Que sepan que Cristo, aunque parezca que duerme, no permitirá que la barca de Pedro se hunda. Que sepan que si hace falta, el Señor mismo expulsará de su barca a quienes quieren hundirla. Ya lo ha hecho otras veces. Y como enseña la Escritura:

Hijitos, es la última hora. Habéis oído que tiene que venir el Anticristo: pues bien, ya han aparecido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.

1 Jn 2,18-19

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