Alcaldía de Tunja (Colombia): entre el fanatismo religioso y el Estado laico

El argumento es que Alejandro Fúneme y su familia no pueden convertir el despacho de la alcaldía en escenario de ritos religiosos que solo incumben a sus convicciones, dado que él como alcalde representa la diversidad y pluralidad de quienes lo eligieron. Además, se pasaron de creyentes, porque esta ceremonia la repitieron en las 16 oficinas de las Secretarías.

El pasado 27 de diciembre de 2019, sobre las 5:00 p.m., en la Plaza de Bolívar de la capital boyacense, tuvo lugar el acto público de posesión como Alcalde de Tunja para el periodo 2020 – 2023 del Dr. Luis Alejandro Fúneme González, hombre al que respeto como persona digna de toda consideración.

Sin embargo, haciendo uso de mí calidad de ciudadano he podido observar algunas actuaciones públicas del Alcalde durante los primeros días de su gobierno que causan sorpresa dentro de un Estado laico.

Si bien es cierto que la Constitución Política de Colombia, consagra: en su Artículo 19. Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.  También la Corte Constitucional y el Consejo de Estado han desarrollado criterios jurisprudenciales en relación a los  Principios de Laicidad y Neutralidad del Estado en materia religiosa.

De modo que, en concordancia con la Sentencia C-152 de 2003, podemos entender, en términos generales, la laicidad como: la separación entre la iglesia y el Estado y la neutralidad estatal en materia religiosa como la prohibición de patrocinio, promoción o difusión estatal de alguna religión; la celebración de actos públicos de adhesión, manifestación o evidencia de preferencia o favorecimiento por una religión en particular.

Por lo tanto, no se comprende, en el mencionado acto oficial de posesión: el discurso del Arzobispo de la Arquidiócesis de Tunja Luis Augusto Castro Quiroga, la entrega de una ofrenda floral y la encomienda espiritual de la ciudad que hizo el mandatario a la Virgen del Milagro.

Tampoco se explica que el señor Alcalde Alejandro Fúneme, al nombrar a la nueva Secretaria de Cultura y Turismo Paola Vargas Vaca, expresara: Dra. Paola, tenemos grandes retos desde la Secretaría de Cultura como hacer una Semana Santa de talla mundial y que nuestra historia sea una fortaleza para generar desarrollo. Función que evidentemente, corresponde a la Curia Arzobispal y a la Sociedad de Nazarenos de Tunja, como gestores y garantes del rescate de la tradición cultural y religiosa de la Semana Santa de la ciudad y no a dicha dependencia de la administración pública.

En ese sentido, sobre un caso similar, la Corte Constitucional profirió la Sentencia C-033/19 en la que resuelve: Declarar EXEQUIBLE, por el cargo de vulneración al principio constitucional de laicidad, el artículo 5o. de la Ley 1645 de 2013 “Por la cual se declara patrimonio cultural inmaterial de la Nación la Semana Santa de Pamplona, departamento de Norte de Santander, y se dictan otras disposiciones”, en el entendido de que en desarrollo de la labor atribuida al Municipio de Pamplona como gestor y promotor de las procesiones de Semana Santa en dicha ciudad, la administración municipal debe preservar la neutralidad del Estado en materia religiosa y, por lo tanto, debe evitar promover directa o indirectamente la religión católica, afectar la igualdad entre las distintas confesiones religiosas o realizar actos de adhesión a dicha religión.

Así mismo, el Alcalde ha dirigido algunos mensajes a la ciudadanía desde el despacho administrativo, a través de la página oficial de la Alcaldía de Tunja en Facebook, donde se observan de fondo, imágenes que declaran formal y explícitamente su identificación religiosa. De ahí que, como exservidor público, considero que un funcionario de alto nivel, elegido mediante el voto popular, adquiere, con mayor razón, una responsabilidad especial con la ciudadanía, ya sean electores suyos o no y debe velar por la equidad y la justicia en todas sus actuaciones conforme a la Constitución y la ley.

El pasado 07 de enero, en la página de la Alcaldía de Tunja en Facebook fueron publicadas 16 fotografías de la realización de servicios religiosos en cada una de las dependencias o secretarías, de lo que puede deducirse la adhesión simbólica de la administración municipal a la religión católica; más aún, dicha publicación fue acompañada del siguiente mensaje: De la mano de Dios y de nuestra patrona, la Virgen del Milagro arrancamos esta segunda semana del 2020. Hoy todas las dependencias de la Alcaldía reciben la bendición para recargar energías y trabajar por el bien de nuestra ciudad.

Por otra parte, la misma Corte Constitucional en la Sentencia T-524/17, advierte y establece en concordancia con la educación religiosa en los colegios y demás espacios oficiales, que la libertad religiosa y de cultos no es absoluta, tiene límites y determina el alcance de la protección de la libertad de conciencia.  Respecto a la facultad que le asiste a las instituciones educativas oficiales en materia religiosa, estas últimas sólo podrán facilitar la realización de actos religiosos, sin que ello implique la institucionalización de los mismos, limitándose a ofrecer los espacios y tiempos para su realización, si así voluntariamente lo solicita la comunidad educativa. En consecuencia, no pueden promocionar, patrocinar, impulsar, o favorecer actividades religiosas de cualquier confesión, en tanto que, los llamados a realizar estas acciones, son las confesiones religiosas y los miembros de la comunidad educativa que, voluntariamente, las apoyen.

Se esperaría que las clases de religión, aborden contenidos como el origen, desarrollo y declive de las diversas creencias religiosas en las diferentes culturas de la humanidad, a través del tiempo, sin favorecer una religión en especial.

Finalmente, estas prácticas del mandatario de los tunjanos, se suman a las de otros alcaldes como el polémico exalcalde de Yopal (Casanare), John Jairo Torres más conocido como “John Calzones” que en 2017, decidió entregar las llaves de esa ciudad llanera al Señor Jesucristo; y, más recientemente, a las del alcalde de San Vicente del Caguán (Caquetá), Julián Alfredo Perdomo Losada que entregó las llaves del municipio, al único y suficiente Dios Jesucristo. Claro que estos últimos han sido más extremos.

Jhonathan Leonel Sánchez Becerra / Historiador

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