Albert Rivera defiende el laicismo y define su partido como socialdemócrata y liberal

Albert Rivera volvió a desnudarse ayer otra vez, aunque en esta ocasión en sentido metafórico. El presidente de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía aprovechó su intervención en el Foro Nueva Economía para definir por fin lo que es su formación política y sus planes para el futuro.

La «gran pregunta» para su partido, como él mismo reconoció, es ésta: ¿Ciudadanos es un partido de derechas, de izquierdas, de centro o de otra cosa? Rivera aseguró que está a caballo entre «dos corrientes europeas: la socialdemócrata, en lo social, y la liberal, en lo político». Además, se mostró partidario de que el modelo para España sea el «laicismo», pero aclaró que éste no significa «anticlericalismo, sino la neutralidad por parte del Estado». En realidad, la auténtica vocación de Ciudadanos, según Rivera, es colaborar con los grandes partidos nacionales para que no dependan de los nacionalistas a la hora de gobernar.

Ante un auditorio de unas setenta personas, entre las que estaban Manuel Fraga, Elvira Rodríguez y Gabriel Cisneros, Rivera se pronunció sobre casi todos los asuntos espinosos que ocupan la política nacional y la catalana. Se mostró en contra de la Ley de Paridad y de establecer cuotas por sexos, y a favor de los matrimonios homosexuales y de todo lo que suponga «un avance en los derechos de gays y lesbianas».

En cuanto a la ley que promueve el Gobierno catalán para expropiar los pisos vacíos,aseguró que «si ésa fuera la solución al problema de la vivienda, bienvenida sea», pero matizó que, en su opinión, no lo es: «La expropiación no es la vía; ojalá fuera la solución», insistió. Respecto al «movimiento okupa», recordó que «hay una cosa que se llama propiedad privada, que viene protegida en la Constitución», pero destacó que hay que ver «los espacios culturales que tiene la gente, porque hay carencias».

Rivera es partidario de que se aplique el bilingüismo real en la educación de Cataluña, y también de que en las universidades públicas de toda España pueda aprenderse catalán. Criticó el «tópico» de que todo lo que gestiona la Generalitat es mejor, y puso como ejemplo la seguridad ciudadana. Sobre el proceso de negociación con ETA, consideró una «falta de respeto» al pueblo hablar de «mesa de partidos» y no de «rendición y abandono de armas». También se opuso a la ley de Memoria Histórica: «la tienen que hacer los historiadores», y en concreto al debate «guerracivilista»: «Me cansa mucho».

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