¡Ahora se entera usted, san José!

No he podido evitarlo, pero hoy, al hojear los diarios, me he visto asaltado por un nada caritativo y nada cristiano ataque de hilaridad. Pongo como ejemplo el ABC de Toledo:

El presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, pidió ayer a la Conferencia Episcopal que no le condene «por ser socialista». Razonó que él no era «un asesino» y, sin embargo, «a Pinochet que sí era un asesino desalmado se le dio la comunión de manera vergonzosa».

En la clausura del X Congreso de Escuelas Católicas, Bono reconoció la «tristeza» que le había causado la posición de los obispos al negar la comunión para aquellos diputados católicos que den su voto al proyecto de ampliación del aborto que ha empezado a debatirse en el Congreso, salvo que, además de confesarse, manifiesten públicamente su arrepentimiento.

Pero, señor mío, si cuando era usted presidente de Castilla – La Mancha ya se le conocía por estos lares como “San José Bono”, nos desayunábamos cada día en la prensa con sus arrumacos (político-religiosos) con el señor Cañizares, nos tragábamos en todos los actos institucionales su sacrosanta devoción a la Virgen, y, tras esa larga etapa, quiso llevar al Congreso de Diputados a la mismísima Madre Maravillas…

Es que entonces usted no conocía la posición de Felipe González con respecto a la extradición de Pinochet; probablemente tampoco llegaron a sus oídos los argumentos del actual Benedicto XVI, entonces gran inquisidor Ratzinger, justificando las acciones del genocida porque “salvaron a Chile del ateísmo”. ¡Devota sordera, beata candidez!

¡Y ahora se ve picoteado por los pajarillos tan bien alimentados por usted! ¡Conmovedora, su queja! Tanto, tanto, que deseo con todo mi corazón que le den… la Sagrada Comunión.

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  • BonoCanizares
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