África exporta religión

África es un continente inmenso al cual le ha tocado en suerte ser colonizado múltiples veces; el resultado no ha sido de los mejores. Poco de lo que produce África es de importancia para el resto del mundo, y de ese poco, la mayor parte se obtiene en base al sufrimiento y la explotación de sus pobladores. Pienso en el petróleo y los diamantes, pero también en la anunciada presencia de la predicadora cristiana pentecostal y “cazadora de brujas” nigeriana Helen Ukpabio en Estados Unidos.

Educada en colegios privados cristianos (uno católico, uno anglicano y uno metodista, para que no se diga que la fuente de su locura no es ecuménica), Ukpabio es la principal impulsora de una doctrina que se basa sobre todo en la detección de signos de posesión satánica y de brujería en niños. Gracias a su labor, muchos niños han sido sometidos a “exorcismos” a veces letales, que incluyen torturas para lograr confesiones; padres horrorizados han llegado a prender fuego a sus propios hijos. Ukpabio no es un fenómeno marginal ni extremo. Su “franquicia” de iglesias evangélicas, Liberty Gospel Church, se ha propagado a varias naciones de África occidental y ahora Glorious Praise Ministries, de Estados Unidos, la ha invitado a predicar y recaudar fondos para transmitir su santa paranoia a más gente. Como dice PZ Myers en su cobertura del tema, ésta es justo la clase de persona que debería ser detenida apenas pisar un aeropuerto americano y mandada a juicio por crímenes contra la humanidad.

Ukpabio tampoco es, desde luego, la única que aprovecha la creencia en la brujería, tan extendida en África. Es bastante común que esta superstición popular se acople al cristianismo.

Vale la pena recordar que África es, para el papa Benedicto XVI, el “pulmón espiritual del mundo” y una “tierra de esperanza”. Benedicto ha hecho un par de giras por África y ha vuelto feliz por el recibimiento y por la constatación de que la mayor parte de los africanos siguen teniendo fe, es decir, siguen siendo supersticiosos, temerosos de los seres imaginarios y de sus representantes terrenales, ignorantes, y —en parte gracias a su propia prédica— remisos a utilizar los medios necesarios para protegerse del SIDA, por considerarlos opuestos al plan de Dios, consistente en que la raza humana se reproduzca sin control. Lo único que ha advertido de malo es el “fundamentalismo religioso”, que es la forma en que los cristianos llaman al extremismo musulmán cuando los persigue a ellos (y no cuando, como en muchas oportunidades, se alía con ellos en foros internacionales).

El principal temor de Benedicto en África es que se contagie del “materialismo práctico” del mundo occidental y su pensamiento “relativista y nihilista”. El materialismo, que hace que las personas se preocupen más por su situación socioeconómica en la Tierra y menos por la manutención de parásitos como pastores, curas y monjas, supuestos representantes del Cielo, y el pensamiento relativista que posibilita la convivencia de personas de distintas religiones, ideologías, tendencias políticas, géneros y orientaciones sexuales, en vez de enfatizar sus diferencias como esenciales e inamovibles y poner a unos sobre otros, son males que la religión debe combatir para que África siga siendo una “tierra de esperanza”, fértil para el crecimiento de cultos como el de Helen Ukpabio.

Los “niños brujos” y otros son víctimas de la mezcla explosiva entre una vida sometida a los caprichos azarosos del clima, los gobiernos corruptos y las guerras, por un lado, y por el otro lado una cultura donde prevalece la idea de que todo tiene una causa inteligible y una finalidad. En una cultura así, todo suceso imprevisto puede ser achacado a una fuerza del mal, y se requiere encontrar al culpable o inventar uno para poder castigarlo. Una vez puesto en marcha el sistema, ni siquiera hace falta que ocurra algo específico: parte del éxito de la religión es su arte de crear problemas y luego ofrecer una solución exclusiva y obligatoria para éstos, como ocurre con el pecado original y el bautismo.

Benedicto XVI confiesa en voz alta su preocupación cuando el Primer Mundo “exporta” su ideología materialista, tolerante, progresista, a los países subdesarrollados. ¿Tendrá él, o algún otro de los líderes cristianos mundiales y nacionales, algo para decir sobre la exportación de lo peor del cristianismo africano a Estados Unidos?

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