Afganistán como ejemplo

Los 250.000 mulás existentes en una población de poco más de 17 millones dedicados a comunicar los deseos de Alá se vieron obligados a buscarse la vida trabajando, cosa fea y molesta

Hubo que llevar a Guantánamo una muestra de la población para explicarles la democracia de nuevo. Llevan más de 10 años aprendiendo. Sin juicio ni condena

Hace treinta y cinco años, en Afganistán, estalló la revolución de Saur, nombre que hace referencia al segundo mes en el calendario persa. Una medida del nuevo gobierno fue terminar con la usura, heredada de las leyes feudales, que atenazaba a la población campesina de un sistema feudal donde el 5% de los propietarios poseían más del 50% de las tierras fértiles. Se inició una reforma agraria al tiempo que se procedía a la alfabetización de la población (el 97% de las mujeres y el 90% de los hombres no sabían leer ni escribir); en las escuelas, por primera vez, podían entrar mujeres para recibir la educación en su propia lengua nativa.

Se decretó la separación de Estado y religión y la ilegalidad de cultivar opio. El nuevo gobierno estableció un salario mínimo para los campesinos y los trabajadores. Los sindicatos, antes prohibidos, fueron legalizados. No sólo se abolió la compraventa de mujeres, sino que, estas mismas mujeres, podían transitar por los espacios públicos y sin velo si era su deseo, conducir automóviles, trabajar fuera de la casa, adquirir estudios universitarios y participar en la vida política asumiendo cargos públicos. Fue la época de la tiranía atea, marxista y de la ideología de género. Se pasó de los 40 años de esperanza de vida a 73, atrasando, por lo tanto, tres décadas la ansiada entrada en el paraíso. Se redujo la mortalidad infantil desde el 50% antes de los 5 años a poco más del 5%, aumentando, así, las posibilidades de morir en pecado y condenarse para toda la eternidad.

Los 250.000 mulás existentes en una población de poco más de 17 millones dedicados a comunicar los deseos de Alá se vieron obligados a buscarse la vida trabajando, cosa fea y molesta, reduciendo el tiempo dedicado al cuidado espiritual de sus fieles.

Los señores de los clanes feudales, antiguos propietarios de las tierras, los de las escasas industrias y los traficantes de opio a quienes, en forma de heroína exportable, proporcionaba pingües beneficios; auxiliados en lo ideológico por la casta sacerdotal, no eran partidarios de las nuevas reformas, por eso, financiaron una guerrilla armada y santa que, paradójicamente, ganó las simpatías de los guardianes del Occidente cristiano. El anticomunismo religioso y de clase fomenta lo ecuménico y la colaboración entre las religiones y los diferentes propietarios de los medios de producción. Los talibanes, «luchadores de la libertad», fueron recibidos en la Casa Blanca, a ellos y a su lucha dedicó Ronald Reagan el lanzamiento de la nave Columbia y millones de dólares en armas y entrenamiento. Por ello, coincidiendo también en un 28 de abril, los talibanes luchadores de la libertad, los «Freedom Fighters» de Ronnie, acabaron con el régimen socialista de terror rojo en el que había caído Afganistán restaurando el anterior, feudal pero mutado en democrático al combatir a los soviéticos. Acabados los soviéticos, desapareció la patina democrática y hubo que llevar a Guantánamo una muestra de la población para explicarles la democracia de nuevo. Llevan más de 10 años aprendiendo. Sin juicio ni condena.

Manifestación de mulás Afganistán

Los 250.000 mulás existentes en una población de poco más de 17 millones dedicados a comunicar los deseos de Alá se vieron obligados a buscarse la vida trabajando, cosa fea y molesta

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