Adoctrinamiento y sensacionalismo antiabortista en clase de religión

Esta mañana me he quedado con la boca abierta. A las 8:30 tenía clase de Filosofía en 1º de Bachillerato, en un instituto de un pequeño pueblo de la sierra de Jaén. El programa estaba previsto: entregar exámenes y repasar aciertos y errores. Nada fuera de lo normal. Sin embargo, al entrar en clase, algo me llamó la atención: encima de una de las muchas mesas desocupadas había una misteriosa fotocopia. No obstante, me ceñí a lo que tenía programado y dejé la fotocopia en su sitio.

Enseñados y repasados los exámenes, me dispuse a continuar con el temario. Pero, como suele ocurrir, mis alumnos tenían examen en la hora siguiente. Unos de Historia y otros de Biología. Me pidieron que les dejara repasar y, viendo que no quedaba mucho tiempo de clase, decidí concedérselo. Como hago habitualmente en estos casos, comencé a dar paseos por el aula, procurando que el tiempo que había concedido fuera adecuadamente aprovechado. Fue entonces cuando, por curiosidad, cogí la fotocopia misteriosa y me puse a leerla.

Mi sorpresa fue mayúscula. Se trataba de una entrevista titulada «Lo que yo presencié en la industria del aborto«. Dicha fotocopia había sido entregada a los alumnos matriculados en Religión por el profesor de la asignatura.

Dado el título, el contenido no era sorprendente. Constituía un alegato antiabortista con el que se pretendía adoctrinar a un pequeño grupo de adolescentes con escasos recursos para defenderse de dicha doctrina. Tenía entendido que en clase de Religión no se hace nada o que solo se ven películas. Sin embargo, la situación es mucho más espeluznante: en clase de Religión se adoctrina al alumnado utilizando un sensacionalismo rastrero, que ignora el cerebro de los alumnos y se dirige a sus entrañas.

La Iglesia Católica tiene una rica mina: nuestras escuelas públicas y, lo que es más valioso para esta institución de moral dudosa, los jóvenes cerebros de nuestro alumnado, todavía inmaduros. Hace unos días, hablaba con una compañera sobre el creciente conservadurismo en nuestra sociedad. Ella se quejaba de que había luchado toda su vida para conseguir un mundo mejor y que ahora todo se venía abajo. Probablemente, aquí tenemos una de las causas de este creciente conservadurismo.

La infame fotocopia está ahora en mi poder. Entiendo que utilizar la escuela pública para adoctrinar a los jóvenes es inmoral y, posiblemente, ilegal. En cualquier caso, esto no puede quedar así, como si nada estuviera ocurriendo en nuestras aulas. La escuela pública no puede ser un centro de adoctrinamiento ni puede haber espacio para los rancios dogmas religiosos.

Esteban Galisteo Gámez

*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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