Adiós al crucifijo

El debate está servido. Un juzgado ha ordenado por primera vez la retirada de crucifijos de un colegio público de Valladolid. El fallo dice que la presencia de símbolos religiosos en el centro educativo puede provocar en los niños el sentimiento de que el Estado está más cercano del catolicismo que de otras confesiones religiosas.

Ojalá esta sentencia sirva de ejemplo a la comunidad educativa para que voluntariamente y sin tribunales de por medio elimine cualquier vestigio religioso de los colegios públicos. No debería hacer falta que un grupo de padres tenga que acudir al amparo de un juez. Esta cuestión se debería plantear en los consejos escolares, y ser promovida por directores de centros, directores provinciales de Educación y consejeros.

Habrá quien piense que no es algo prioritario. Puede ser, pero hay ocasiones en las que hay que impulsar esta pretendida laicidad española y es bueno aprovechar el debate que provoca esta sentencia. Sobre todo cuando esta laicidad choca con lo educativo. Es mucho más mediático y más llamativo que los ministros españoles sigan tomando posesión de su cargo ante la Biblia; pero es más dañino que persista el crucifijo en las escuelas. Porque el niño que crece con el crucifijo sobre la pizarra, lo asumirá con normalidad y le costará mucho más diferenciar Estado y religión; las verdades científicas de las religiosas; la moral, de la moral católica; lo público de lo que debería ser privado.

A España le cuesta ser laica, aunque lo digan los papeles. Tenemos crucifijos en los hospitales (y hasta capillas), mezquitas en las cárceles, funerales de Estado muy religiosos, curas en el Ejército y en los comités de ética de los hospitales, unos acuerdos con la Santa Sede muy cuestionables y casi la placa de una monja en el Congreso de los Diputados. Le dejaremos a otras generaciones la tarea de lograr esa ansiada laicidad. Por eso, los niños de hoy –religiosos o no– deberían empezar a entender la religión como parte del ámbito privado. Y para ello nada mejor como empezar sacando el crucifijo de la escuela.

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