Acercándonos al Islam (la ablación)

Está siendo habitual, no sabemos si por ignorancia o por islamofobia, que en los países llamados  occidentales se asocie la cruel, bárbara y primitiva mutilación genital femenina (MGF) con el Islam, involucrándose en esta falsa idea incluso  algunos medios de comunicación masivos, por ello, dentro de nuestra sección” preguntas sobre el Islam“, hoy, más obligados que nunca, nos planteamos: ¿La ablación del clítoris, (clitoridectomía, infibulación), está permitida por el Islam?

Antes de contestar definamos, aunque sea someramente, qué es la ablación y la infibulación femenina: consiste en la castración sexual de la mujer, mediante la mutilación de parte de los genitales externos, con el objetivo de evitar el placer sexual, su supuesta promiscuidad y conseguir que puedan llegar vírgenes al matrimonio. Es un rito ancestral de iniciación a la pubertad.

No deja de resultar paradójico que su efecto pueda ser el contrario al perseguido: “La mujer privada de este placer sigue buscándolo, algo que le puede conducir a la desviación, contrariamente a la creencia de que la ablación lleva a la castidad” (Asociación de Imanes y Ulemas Defensores de las Mujeres y de los Niños).           

Son varias las formas de ejecutar la MGF:

  • Amputación de prepucio del clítoris (sunna), puede ir acompañada o no de de la extirpación del clítoris total o parcialmente (clitoridectomía).
  • Mutilación del clítoris y de los labios genitales menores, dejando intactos los mayores.
  • En la más agresiva (infibulación), conocida como “circuncisión faraónica”, se extirpan el clítoris y los labios menores y mayores. Seguidamente se cosen los laterales de la vulva, cerrándola y dejando exclusivamente una pequeña abertura de medio centímetro de diámetro para la excreción de la orina y del flujo menstrual, cuando se produzca. Este tipo de MGF supone el 15 por ciento de las producidas en África y es el más habitual en Somalia y Sudan, donde el 82 por ciento de las mujeres sufren este tipo de mutilaciones.

El colectivo de  mujeres y niñas objeto de estas mutilaciones se estima, por organismos internacionales,  alrededor de 130 millones, repartido por  todo el mundo, fundamentalmente en el África subsahariana  y Egipto (sólo en este país,  3.600 niñas son mutiladas sexualmente diariamente), también en comunidades de Pakistán, Indonesia y Malasia.

El incremento de la inmigración la ha llevado, en casos mucho más  aislados, a Europa (España, Francia, Alemania, Holanda, Gran Bretaña, Italia, Noruega etc.) y a América (Brasil, EEUU, Canadá). No deja de ser significativo que en países africanos, como Mauritania, el 72 por ciento de las mujeres han sufrido la MGF y, en cambio, en un país de estricta observancia religiosa islámica,  Arabia Saudita, no existe ningún caso.

También están libres países musulmanes como Irak, Siria, Irán, Turquía, Túnez, Argelia, etc., lo que nos induce a pensar que esta práctica está condenada tanto por el Islam sunni, como por el Islam shií.

Es curioso constatar, que posiblemente con otros orígenes, aunque igual de inciertos que los citados, se ha descubierto recientemente que esta practica también se produce entre algunas tribus indígenas colombianas (se calcula en 8000 las indígenas embera chamí amputadas de una población total de unos 15.000 habitantes), situación totalmente desconocida hasta hace muy poco. La MGF afecta a mujeres musulmanas, cristianas (Sudán), coptas (Egipto), judías (Etiopía) y  de culto animista.

¿Desde cuándo se práctica la infibulación femenina? Sabemos que es muy anterior al Islam y, por lo tanto, al cristianismo. En Egipto se han descubierto momias de mujeres de hace más de 2.000 años con señales inequívocas de mutilación genital. Así, como mínimo, nos podemos remontar a la época faraónica. ¿Se encontrarán otras evidencias en otro tipo de sociedades de un estadío cultural similar en Europa o en otros continentes?; ¿Qué nexos existen entre las tribus indígenas de la etnia Embera colombianas  que practican la mutilación genital femenina y las sociedades africanas que hoy también lo hacen?  Las respuestas están en manos de los científicos, especialmente de etnólogos, antropólogos y arqueólogos.

Volvamos, ahora, a la pregunta inicial. Podemos contestar rotundamente y taxativamente: ni en el Corán, ni en la tradición del profeta Muhámmed (Sunna), ni en las narraciones (hadices), ni en las escuelas de jurisprudencia islámicas, existe ninguna referencia a la MGF. Aún más, el Corán condena expresamente cualquier tipo de mutilación, tanto masculina, como femenina: dice Satanás “He de extraviarles (a los hombres), inspirarles vanos deseos, ordenándoles que alteren la creación de Dios”. Así, ha sido reconocido, como contrario al Islam, entre otros, por la Corte Suprema Administrativa de Egipto.   

Por otro lado, el musulmán y la musulmana no entienden la renuncia al placer, que lo sienten como una manifestación de Dios. “Alguien que no se alimenta bien, que no duerme bien y que no tiene una vida sexual satisfactoria concebirá una imagen grotesca de su Señor, un Señor que mantiene a sus criaturas en el sufrimiento.” (Abdelmunin Aya).  ¿Qué sentido tendría en este contexto, la ablación?

Las evidencias nos obligan a adherirnos a la conclusión del Instituto Nacional de Estudios Demográficos de Francia (INED): “el principal factor del riesgo de mutilación es la pertenencia étnica y no la religión”, ya que esta práctica tiene que ver con los ritos iniciáticos de entrada en la edad adulta de algunos pueblos”.

Una de las formas necesaria, pero no suficiente de la lucha contra este rito, es declararlo ilegal. Así lo han hecho  26 países africanos firmantes de la Declaración de Abdis Abeba prohibiendo su práctica. Pero pocos han sido los progresos alcanzados. La fuerza de la tradición y la presión social anulan el efecto de la ley. Veamos un ejemplo significativo y desgarrador recogido por WebIslam  de un voluntario español de Médicos Sin Fronteras: “en una misión en Costa de Marfil logramos convencer a una mujer que quería hacer circuncidar a su hija de doce años por un barbero, que la operación no sólo entrañaba riesgos, sino también graves consecuencias posteriores, tales como hemorragias, anemia, retención de orina, infecciones pélvicas y desgarramiento en los partos. La mujer escuchó atentamente y nos hizo caso, pero unos días después llegó al hospital con su hija en brazos desangrándose. La había sorprendido mutilándose ella misma porque sus amigas no le hablaban. Cuando la chica se recuperó, comentó que la experiencia le había resultado terriblemente dolorosa, pero que no tenía alternativas; de lo contrario, no conseguiría marido, ni el reconocimiento de sus pares. Ahora puede sentirse respetada.”

Para erradicar la MGF, además de las medidas legales hay que utilizar  medios formativos y educativos dirigidos especialmente a las mujeres y a las jóvenes de los territorios afectados, hacerlas  partícipes fundamentales en esta lucha y que los líderes religiosos locales con capacidad de influencia se involucren en ella. Con todo, las previsiones más optimistas, no creen que se den resultados claros hasta dentro de tres generaciones. Las ingerencias foráneas y las medidas puramente coercitivas  pueden reforzar su práctica.

En España, donde se han producido algunos casos, la MGF está tipificada como delito en el Código Penal, con penas de prisión entre 6 y 12 años, incluso si se produce fuera de nuestras fronteras por residentes en nuestro país (Ley Orgánica 671985). De esta forma los tribunales podrán actuar ante quienes cometan este delito en el extranjero, aprovechando habitualmente viajes de vacaciones con sus hijas a sus países de origen. No deja de resultar netamente clarificador  que esta medida haya sido apoyada públicamente por numerosos musulmanes españoles, entre ellos por Mansur Escudero, Secretario General, cuando se produjo la propuesta, de la Comisión Islámica de España.

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