Absuelto por el Supremo el director salesiano acusado de abusos, pero debe indemnizar a doce niños por daños morales

El Tribunal Supremo ha confirmado la absolución del exdirector del Colegio Salesianos de Cádiz y Badajoz que fue juzgado por dos delitos continuados de abusos sexuales, delitos contra la integridad moral y malos tratos de un grupo de estudiantes del centro gaditano.

En una sentencia hecha pública ayer, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo confirma la sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz que absolvió al sacerdote al estimar que los juegos que hacía con este grupo de estudiantes en su despacho se desarrollaban en «un contexto lúdico» sin connotaciones sexuales.

La sentencia, que mantiene la condena del sacerdote a indemnizar en concepto de daños morales a doce niños en la cantidad de 500 euros a cada uno, desestima los recursos de casación interpuestos por el fiscal y la Junta de Andalucía contra la absolución Francisco Javier López Luna acordada por la Audiencia Provincial de Cádiz.

El Supremo, en una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado Carlos Granados, recuerda su jurisprudencia sobre el delito de abuso sexual.

«El elemento esencial, común a los delitos cuya aplicación solicita el Ministerio Fiscal, está ausente en el relato fáctico en el que expresamente se dice que los actos realizados por el acusado con sus alumnos se llevaron siempre en un contexto lúdico ajeno a todo móvil sexual«, indica la sentencia.

Ahonda en que «no ha quedado probado» que los juegos del entonces director de los Salesianos de Cádiz tuvieran «un componente erótico ni que el acusado lo llevara a cabo con móvil sexual alguno».

El sacerdote, para quien el fiscal llegó a pedir 38 años de cárcel, fue absuelto en julio del año pasado en una sentencia que contó con el voto en contra de una magistrada que consideró que si había connotaciones sexuales en los juegos del acusado con sus alumnos.

López Luna fue director del colegio Los Salesianos de Cádiz desde 2011 hasta 2013, cuando fue denunciado, detenido y encarcelado.

Durante ese tiempo implantó en el centro un sistema por el que justificaba ausencias a las clases de sus alumnos para que éstos fueran a su despacho, donde poco a poco se empezaron a desarrollar juegos cada vez más violentos y peculiares como los conocidos como «goldfish» o «el abrazo del oso».

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