Aborto

Sí que la Iglesia Católica más jerárquica y menos evangélica parece estar obsesionada con el tema del aborto. Por aquí, el obispo Munilla nos sorprende mezclando churras con merinas. Consciente de mi… «solo sé que no sé nada», pero con un montón de años a la espalda y un mínimo del sentido común de la buena gente, observo cosas que me cuestan entender:

-Cerrar el paso a la vida, optando al celibato voluntario, puede ser considerado hasta una virtud. ¿Y por qué no una muestra de egoísmo, al renunciar a algo tan humanamente creativo y generoso como el disfrute del sexo compartido?

-Cerrar el paso a la vida, utilizando cualquier método anticonceptivo, sin renunciar al disfrute, para algunos es pecaminoso, pero nunca un crimen.

-El aborto involuntario, por enfermedad o accidente, es una desgracia. ¿Voluntad de Dios?

-Y llegamos al aborto voluntario decidido libremente por la mujer, la única persona que conoce todas las circunstancia concretas, las ha padecido y las seguirá padeciendo. En este caso, los defensores de la vida desde el mismo instante de la concepción se atreven a hablar de crimen sin el menor pudor. Para ellos, una bellota es exactamente lo mismo que la frondosa encina de la que ha caído.

¿Crímenes? ¿Y qué son las muertes de millones de niños abandonados a su suerte, sin un bocado que llevarse a la boca una vez de haber nacido? ¿Hacemos los cristianos primermundistas y nuestras opulentas iglesias todo lo posible por salvar estas vidas?. ¿Podemos ser tan hipócritas como para lavarnos las manos diciendo que estas muertes son voluntad de Dios?

Va siendo hora de considerar a las mujeres mayores de edad, de dejarles tranquilas, de apoyarles en lo que se pueda y de no multiplicarles sus problemas. Menos juicios obsesivos ligados al disfrute del sexo y más solidaridad.

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