A vueltas con la religión

Los alcaldes de los partidos emergentes no van a las celebraciones eclesiásticas cuando están ‘de servicio’ ni presiden procesiones, llevan el laicismo por bandera y propugnan cambios drásticos para poner en práctica, de manera literal, la aconfesionalidad del Estado que dicta la Constitución. Y esto pasa por grandes reformas, en la educación, en las relaciones con la Iglesia en todo lo que afecte a las instituciones públicas, y por pequeños gestos que levantan enormes polvaredas, como puede ser la retirada de crucifijos de los colegios. El movimiento ciudadano ACPT acaba de destapar la caja de los truenos: ¿no habría que retirar también las subvenciones a las fiestas religiosas? Es solo el último ejemplo de una corriente que parece no tener freno y que en Cantabria va dejando un goteo de episodios.

Esta onda laica, que se instaló en España tras las elecciones del 24 de mayo, ya tenía algún precedente en Cantabria, como cuando la exregidora de Torrelavega Lidia Ruiz Salmón (PSOE) ‘osó’ ausentarse de la misa en honor de la Virgen Grande un año antes, calificándose su gesto de «escandaloso».

Podría ser la ‘precursora’ en esta región de una tendencia que va a más en el país y que aquí va dejando alguna píldora en una comunidad de contrastes, que por un lado reduce las horas de Religión y, por otro, acude en masa a la Bien Aparecida a pedir a la Virgen salud para todos o que el Racing vuelva a subir a Primera.

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