Ora pro nobis

Dejó escrito Grahan Green en “El americano impasible” : “Dios solo existe para los editorialistas y yo soy un reportero”. O lo que es lo mismo: en cuestión de creencias entramos en el terreno de la fe, que antes se definía en los catecismos como creer en lo que uno no ve. Los hechos son la materia del periodismo y la creencia de las opiniones. La fe y la razón no casan por no hablar de la disparidad entre la ciencia y la fe. Por mucho que el autodenominado perito Francisco Glicerio Conde Mora diga que existió una mujer a quienes los creyentes llaman la Virgen María, eso es una cuestión de fe y , por lo tanto, respetable en cuanto creencia. Llevarlo al terreno de la historia, que trata sobre hechos comprobados, ya es mucha tela. Es cierto que los católicos veneran a esa figura como la madre del dios en el que creen. Eso es un hecho, el resto es fe. Pero que las creencias particulares se usen como herramienta de convicción en un juzgado y que el mecanismo probatorio sean los evangelios (llenos de lo que llaman milagros, ascensiones a los cielos, resucitados y ficciones por el estilo) en un juicio resulta un poco chocante. Cada cual puede creer en lo que le parezca o en lo que le hayan enseñado , faltaría más. Pero pretender demostrar de manera empírica que existió un personaje llamado Virgen María resulta grotesco. Por ejemplo, el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen lo aprueba la Iglesia Católica en 1854 por especial presión española. Me imagino al juez del caso de la medalla a la Virgen del Rosario cuando llegue al punto de HECHOS PROBADOS: ha quedado acreditado por el Sr. Conde Mora que la Virgen María existió. Pasaría a la historia del derecho y de la ciencia ficción.

El alcalde, anticapitalista para algunas cosas y folklórico para otras, promovió la concesión de una medalla a la citada virgen con el fastuoso argumento de que había cinco mil firmas que lo demandan. Digo yo que si se presentan otras tantas que pidan su dimisión no le quedaría más remedio que irse en justa aplicación de su propia doctrina. No digo nada de sus socios de gobierno de Ganar Cádiz, que no solo rechazaron la concesión de la medalla sino que han promovido el recurso contra la misma a través de Europa Laica en una aguda contradicción. Es lo que se llama esquizofrenia o ponerle una vela a dios y otra al diablo, en sentido estricto. Como la sentencia sea contra la concesión de la medalla no está claro si el abogado defensor del Convento de Santo Domingo, Martín José García, se echará a llorar.

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